La progresia española paladeó ayer la foto de Obama y Zapatero en la Casa Blanca. Eso son. Esa es la imagen de la nueva era, el nuevo mundo, la esperanza, la ilusión predeterminada, la utopía hecha realidad. Yo me pregunto desde mi escepticismo, ya radical: ¿Dónde está la diferencia entre esta foto y las de Bush y Aznar? ¿Dónde está la está la diferencia, de fondo, en las relaciones que mantenemos con el imperio más poderoso del universo? Igual que en la era de Aznar, lo único que se hizo visible a través de las imágenes son las buenas relaciones con el 'Imperio'. Los negocios siguen siendo los mismos, si cabe más novedosos y poderosos. Aznar pedía a los americanos que invirtieran en España y Zapatero también lo hizo. Obama pidió más implicación en las guerras de occidente contra oriente y Zapatero cedió con más guardias civiles para Afganistán.
Zapatero se entrevistó con el hombre más poderoso del capitalismo mundial, al que no le temblará el pulso para firmar otra declaración de guerra si los intereses de Estados Unidos se ven comprometidos en alguna parte del mundo. El hombre que renunciará al multilateralismo si el riesgo es mayor que las ideas que sustentan su esperanza. Obama es el hombre que usará el derecho a veto en la ONU si es necesario otorgar legalidad a alguna que otra guerra contra cualquier país del mundo que atente contra el Imperio. ¿O es que pensamos que renunciara a ese derecho en la ONU por sus ideas?
Zapatero se entrevistó con el jefe del ejército más poderoso de la tierra, contra el que, hoy por hoy, ningún otro país de la tierra se enfrentaría abiertamente.
¿Cuál es la diferencia? La única y real diferencia es quién sirve en cada momento al sistema. El sistema no ha cambiado, sólo sus protagonistas, sus títeres, sus líderes y administradores. Zapatero es al sistema tanto como Aznar. Obama es al mismo sistema tanto, o más, que Bush. Obama representa todo eso que es el Imperio, aunque con otro rostro más amable, más pulcro y mejor vestido que el rancio Bush. Pero él es el Imperio al que hoy la progresia se entrega con gusto, con muchas ganas, como nunca antes lo habían hecho. Y no se lo reprocho, porque, hoy, cuanto mejor le va a Obama mejor nos irá a nosotros.

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