los blogs de Canarias7

Archivos Septiembre 2009

Maria Teresa Fernández de La Vega dijo el pasado sábado que el Gobierno llamaría al PP el lunes, y el miércoles presentaría en el Congreso los Presupuestos. El gesto de llamar al PP en el último minuto pone en evidencia que el Gobierno no piensa en unos Presupuestos consensuados con la oposición para salir de la crisis. Piensa en la refriega política, que es el estado en el que ha decidido Zapatero sobrevivir hasta el final de la legislatura a pesar de la gravedad de la situación. Para esta estrategia se elaboran unos Presupuestos que será aprobados a base de precio, uno político y otro económico. Un precio que pondrán algunos partidos nacionalistas, entre ellos Coalición Canaria y que pagaremos todos.

A Coalición Canaria le costará explicar su voto a favor de estos Presupuestos de Zapatero, los más agresivos e impopulares de la historia de la democracia. Le costará explicar por qué votará a favor de la subida de impuestos. Le costará explicar por qué vota a unas cuentas de doctrina radicalmente opuesta a la aplicada en el Gobierno de Canarias para afrontar la crisis económica. En Canarias se restringe el gasto público y no se suben los impuestos, fórmula que predica la derecha para salir de la crisis, mientras que las cuentas de Zapatero suben los impuestos y no contiene el gasto; todo lo contrario, lo eleva.

La única razón que puede esgrimir es que a los canarios no les afecta el IVA, lo que no es una contradicción, pero de difícil explicación. Rivero apuesta, una vez más por el pragmatismo político, aunque genere contradicciones gordas como las descritas en el seno de su Gobierno y en el pacto con el PP. No en vano ayer su vicepresidente compareció para poner a parir lo que CC defenderá en Madrid.

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Ana Oramas se mostraba escéptica días atrás sobre el contenido que para Canarias puedan recoger los Presupuestos Generales del Estado ysobre lo que pueda traer el Consejo de Ministros que Zapatero preside el próximo día 9 en Las Palmas de Gran Canaria. Ambas cuestiones serán objeto de amplio debate, y las cifras se ordenarán según el color político de quien haga las cuestas, pero la percepción de quién ha estado al pie del cañón negociando, es importante.

Tampoco tiene muchas esperanzas el Gobierno de Canarias con el contenido bruto de lo que el Consejo de Ministros deje en las Islas. Hay mucho recelo político, y es el natural. Paulino Rivero sabe que por unos días pierde la iniciativa política a favor de Zapatero, pero aún así no ha dudado en colaborar activamente en la elaboración de los contenidos para ese Consejo. Ha tenido varias reuniones, unas públicas y otras secretas, con diversos ministros para alcanzar acuerdos precisos y aportar ideas al Plan Canarias.
Las consultas del vicepresidente Chaves a empresarios y sindicatos, la reunión de la Comisión Mixta mañana en Tenerife y la reunión con Rivero en Gran Canaria son buenos signos para que algo salga de esa reunión de máximo nivel. Ha venido funcionando sin crispación el trabajo común de equipos de ambos gobiernos. La delegada del Gobierno, Carolina Darias, ha mostrado sensatez y cernía en el proceso y la comisión interministerial ha trabajado a destajo. Son detalles del buen quehacer y la buena sintonía institucional en la que se vienetrabajando para este Consejo. Una sintonía que, curiosamente, no se ha dado con la cúpula socialista en las Islas, apartada, por inanición, de los trabajos previos. López Aguilar no ha sido capaz de lideraruna iniciativa, hasta ahora conocida, y plantar algunas medidas en Moncloa que sirvan a los canarios para percibir que está presente en su realidad y en sus problemas.
Coalición Canaria ha hecho lo propio, en Madrid, y aún en contra de sus propios criterios y acuerdos, ha votado en varias ocasiones con elPSOE y ha colaborado para salvar al Gobierno de derrotas seguras. Aún así, Ana Oramas no se fía ni un pelo de lo que puedan hacer los socialistas. Las peticiones de CC han sido escuchadas, comprendidas y asumidas, pero no llevadas al Boletín Oficial del Estado. CC y Rivero han desplegado todas sus armas para aprovechar la debilidad de Zapatero, les han salvado de la soledad, pero dos votos no le resuelven la papeleta al Gobierno en el Congreso. La debilidad de los nacionalistas canarios en Madrid se hace sentir claramente cuando los socialistas escuchan, pero hacen, finalmente, poco o nada para salir de las palabras y de las buenas intenciones.

En todo caso el compromiso de Zapatero con Canarias tiene un inmenso valor en esta coyuntura. Sólo los gestos del presidente tienen valor político para los canarios. En ese nivel Zapatero ha cumplido con las Islas de forma sobrada. La celebración del Consejo de Ministros, por mucho que moleste a algunos sectores nacionalistas, es un gesto institucional importante, no sólo por el peso de las medidas que puedan tomar para Canarias, que algunas serán, sino por la reafirmación de la vinculación al Estado del Archipiélago.

Después están el dinero. Hay que ser conscientes de que una gran parte de ese Consejo de Ministros serán declaraciones de buenas intenciones, como el Plan Canarias, que recogerá en su análisis mucho de lo que ya sabemos y las medidas que se plasmaron en las resoluciones del Congreso de los Diputados sobre la crisis en las Islas. Habrá compromisos políticos de gran alcance, pero baratos, como el estudio y tramitación de un nuevo modelo para el REF, sobre el que nadie aventura nada concreto. Dinero constante y sonante habrá, no en la cuantía que CC ha requerido, pero no vendrá Zapatero y todos sus ministros a discursear exclusivamente.

En estos días podremos conocer algunas de las partidas que irán para Canarias en los Presupuestos Generales del Estado.

Otras estarán sujetas a las negociaciones posteriores en el Congreso, por lo que podremos hacernos una idea de lo que el Consejo de Ministros podrá aprobar, porque nada de lo que no esté en esa ley podrá concretarse en las Islas por muchos ministros que vengan.

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1253868915_extras_ladillos_1_0.jpgLa foto de Zapatero con sus hijas y los Obama es uno de los documentos gráficos más analizados por la sociedad española en estos días. A la curiosidad por saber cómo crecen las hijas del presidente se une la sorpresa de que las adolescentes son admiradoras de la subcultura gótica, una corriente juvenil underground, cuya estética proviene de la literatura y el cine de terror.

La foto ha despertado un infinito interés, aunque muy disfrazado de sesudos análisis sobre el derecho de Zapatero a la intimidad sus hijas, el viaje presidencial, la ocultación deliberada de la foto, la libertad de expresión o los derechos de la prensa a publicar una instantánea cuando se expone en actos públicos a las adolescentes.

Un interesante debate si no fuese porque lo que realmente ha llamado la atención es el estilismo de las hijas del presidente. Todos imaginamos siempre, por como Zapatero narra la evolución de sus hijas en los medios, que eran adolescentes como la inmensa mayoría de las de su clase, pero nunca pudimos imaginar que podían ser admiradoras de una tribu urbana cuya mayor significación es la extravagante forma de vestir.

Y si somos sinceros, la verdad es que al contemplar esta foto nos hemos preguntado por muchas cuestiones sobre la familia presidencial, entre ellas si el verdadero motivo de la ocultación y el celo de Zapatero era evitar una imagen que la inmensa mayoría de los españoles verían con extrañeza por los extravagantes y diferenciados gustos de sus hijas.

Siempre he creído en la privacidad. Es un valor. Pero en este caso estamos hablando de una imagen institucional. Ahí Zapatero también se ha equivocado. Si sus hijas no forman parte de la imagen institucional de la Presidencia del Gobierno, como él ha querido que sea, nunca las debió dejar posar en una foto con el presidente de los Estados Unidos, como si de una estrella del rock se tratase.

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La importancia de lo que revelaba ayer este periódico sobre las escuchas telefónicas al subdelegado del Gobierno en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, José Antonio Batista Medina, está en el hecho de que la Guardia Civil incorpore al sumario una conversación que tiene mucha sustancia para la comidilla política, pero en la que el juez no ha valorado la existencia de delito alguno como para imputar a ninguno de los que la sostuvieron. Esta es otra de las perlas de las instrucciones policiales y judiciales en casos de corrupción, convertidos en causas generales.

Exactamente el mismo criterio se debió aplicar a la conversación que sostuvo el presidente del Gobierno, Paulino Rivero, con el alcalde de Arona, pidiéndole que le echara una mano en las oposiciones de su sobrina, con la salvedad de que el presidente advierte al alcalde de que no cometa ninguna ilegalidad, cosa que no hace el concejal del PSOE, Francisco García Santamaría, al subdelegado del Gobierno. Advertencia que no hubiese sobrado, porque legalizar a un extranjero con antecedentes penales es un favor de alto riesgo. Finalmente, el extranjero en cuestión no fue legalizado porque lo impedían sus antecedentes penales, y el subdelegado actuó correctamente; como el alcalde de Arona, que no movió un dedo para burlar el sistema de oposiciones en la policía local. La conversación del subdelegado y la de Paulino Rivero nunca debieron ser admitidas en un sumario si no tenían relevancia penal, y en caso de tenerla, el juez debió elevar a otras instancias el asunto.

Tanta ligereza judicial daña la investigación y pone en manos del discurso político razones injustificadas para la trifulca y la crispación, razones que, además, nacen del afán de los socialistas por demostrar que sus rivales políticos son unos inmorales.
Ahora sí tiene el PSC motivos para el debate en el Parlamento. Se preguntará qué llamada es más inmoral: ¿La de Paulino? ¿La de concejal del PSOE de Arona al subdelegado? ¿La del consejero del PSOE en el Cabildo de Tenerife a alcalde de Arona para pedirle ayuda en un concurso público?

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Para Zapatero y algunos de sus ministros las discrepancias son enriquecedores debates internos y expresión de libertad de opinión en el Partido Socialista. Un principio en el que no creen, si no, de otro modo, no se entiende que convoquen en Madrid a todo el aparato del partido para que en la plaza pública respalden al líder, suscriban una resolución sobre la política económica del Gobierno y apoyen la subida de impuestos. Esta salida a los rumores de crisis interna viene a confirmar que, efectivamente, Zapatero y su entorno han vivido una rebelión y la han sofocado rápidamente, llamando a filas y cerrando la posibilidad de que en los próximos meses vuelvan a trascender signos de malestar o descontento.
La llamada de Leire Pajín a rebato, sus argumentos sobre la delicada situación por la que atraviesa el Gobierno, son otros de los signos de la debilidiad socialista en este último mes, a la que han contribuido no sólo los errores, sino el cambio de posición del hasta ahora grupo bandera del PSOE.
El cambio de rumbo editorial de El País en torno a la política económica compromete seriamente uno de los pilares básicos de la estrategia del socialismo español, que no es otro que la comunicación. Los socialistas creen más que nadie en la propaganda de masas y la ejercitan, pero nunca tienen en cuenta una de sus condiciones intrínsecas: que intoxica. Por mucho que se edulcore la realidad y por mucha propaganda que se despliegue, Zapatero está seriamente tocado en su gestión por la improvisación con la que se ha movido para solucionar uno de los problemas más graves con los que se ha podido chocar un dirigente en la democracia española.
La carta que su jefe de gabinete, José Enrique Pérez Serrano, dirigió a los ministros pidiéndoles ideas urgentes para el proyecto de ley para la reconversión de la economía española, que Zapatero había vendido a los españoles como algo hecho, es el ejemplo más claro de improvisación y ligereza de un Gobierno ante una crisis económica como la que vivimos. Es el peor signo de la insolvencia de un Gobierno ante los problemas de los españoles. Esta carta, que pasó desapercibida por los efectos de la propaganda, ha calado profundamente en los poderes reales del Estado, que miran con incredulidad a la presidencia del Gobierno en la que se ha encastillado Zapatero.
El PSOE tiene otro problema paralelo al poder y que se ha evidenciado en esta última discrepancia: el de su propio partido y su proyecto. El poder siempre coarta y silencia la libertad, y la nueva generación de socialistas que ha nacido al calor de José Luis Rodríguez Zapatero está incapacitada para responder con la libertad de opinión que dice tener. Sólo posee retazos de ideología, y sólo responde a impulsos juveniles para rechazar las ideas que no encajan con el discurso aprendido y para imponer un modelo de sociedad aún sin definir, aunque se siente más cómoda con dictaduras como la cubana, que con democracias como la americana, la británica o la fracesa, siempre sospechosas.
Ante esta coyuntura, el PP sólo tiene que esperar a que el mal tiempo tumbe a Zapatero. Al Partido Popular la corrupción no le roza ante la opinión pública, para mayor frustración de los socialistas que han hecho de este tema la bandera de la lucha contra la derecha para neutralizar la oposición.
Rajoy ha caído varias veces en la trampa de dejarse atrapar por la acción policial y judicial en los casos de corrupción. Hoy, tras el verano, Rajoy es consciente de que está en la mejor posición y se ha lanzado a la búsqueda de apoyos parlamentarios entre los nacionalistas para, llegado el momento, aislar al presidente. Sólo tiene que dejar hacer a Zapatero para que se siga equivocando, mantener el aliento en su cuello y hacer del Parlamento su patíbulo. Lo demás viene por añadidura, piensan en el PP, que por no terner, no tiene problemas de identidad ideológica, aunque sí de sectores e intereses, ahora mismo contenidos, a la expectativa del poder, pero que arrasarán si Rajoy no llega a La Moncloa.
Muy lejos quedan para el PP y para el PSOE, y para muchos analistas, las llamadas a un gran pacto parta salir de la crisis. Ese ya no es el escenario frente a la crisis. Ahora sólo cabe esperar un mayor grado de crispación política, de incertidumbre y de errores. Sólo cabe, como a Zapatero, la esperanza en el devenir, porque el Gobierno sólo ha decidido resistir y esperar que pase la tormenta.

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Zapatero se aleja cada día un poco más de los ciudadanos. Decía en estos días que los españoles son solidarios y aceptan, mayoritariamente, una subida de impuestos para paliar los efectos de la crisis. Yo no sé si los españoles son más solidarios, pero lo que sí están es mucho mejor informados. Creo que a los españoles les resulta injusta una subida de impuestos después de seis años de despilfarros y dos años de contorsionismo gubernamental para no acertar en las medidas que puedan paliar los efectos de la crisis. Los españoles saben que el agujero en las cuentas pública es de tal calibre que no lo llenará la solidaridad y que la anunciada subida no es otra cosa que un atraco al esfuerzo y al trabajo de los españoles para que Zapatero siga haciendo política. Porque eso es lo triste, que a esta situación hemos llegado, entre otras cosas, porque los criterios que usa el presidente del Gobierno para tomar decisiones son electorales.
Las dos grandes ejes de la política de Zapatero son evitar ponerse en contra a los sindicatos y mantener alianzas parlamentarias con los nacionalistas. El objetivo es mantenerse en el poder pagando lo que haga falta, lo que de antemano excluye la posibilidad de afrontar la crisis económica como la inmensa mayoría de los expertos opinan y cómo lo están haciendo los países de la zona euro, para los que la recesión ha terminado. Zapatero no tiene previsto ningún cambio en la estructura económica del país, como la flexibilización del mercado de trabajo, la eliminación de trabas para las empresas, la rebaja en las cotizaciones de la seguridad social o un cambio profundo en el modelo educativo y productivo. Por el contrario, Zapatero opta por un mayor endeudamiento público para seguir subvencionando el sistema. De otra manera no se entiende que en vez de congelar los sueldos de los funcionarios les prometa un aumento del 0.3% ( que será un 1% que piden los sindicatos) mientras que los sueldos del resto de los españoles están congelados con un IPC negativo y se verán gravemente mermados por la subida de impuestos.

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