los blogs de Canarias7

Archivos Junio 2009

El Parlamento vasco fue ayer, por primera vez en la etapa democrática, la casa de todos los vascos. Se acabó el silencio social e institucional a los asesinatos de ETA. La nueva etapa política iniciada por Paxit López con el PP está poniendo las bases de la convivencia pacífica entre los vasos en gestos sin precedentes. La Televisión vasca retransmitió por primera vez el entierro del asesinado y los actos institucionales de apoyo y rechazo al atentado. Por primera vez la policía vasca, la Policía Nacional y la Guardia Civil, de uniforme, estuviesen presentes en todos los actos. Ayer también en el Parlamento Vasco fueron invitados, y acudieron, el delegado del Gobierno en el País Vasco, el director general de la Policía y de la Guardia Civil, todos los representantes políticos y empresariales y las víctimas del terrorismo, hasta ahora apartadas de la vida pública vasca. Una foto de la vida democrática, la que se ha hurtado durante más de 25 años. Muchos de los más de 250.000 vascos dispersos por el mundo por la presión etarra, han visto, por primera vez en su exilio, la posibilidad de volver y tener una vida normal, expresar sus ideas con libertad y participar de la vida social, que ya es de todos los vascos.

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Es indiscutible la existencia de un espacio nacionalista y una conciencia de canariedad que ha ido cuajando en la sociedad de las islas. Como es evidente que por separado ninguno de los partidos que ahora mismo tienen espacio electoral nacionalista han logrado sus objetivos políticos. La últimas elecciones autonómica, generales y las europeas ponen de manifiesto que en Gran Canaria, Nueva Canarias y Coalición Canaria mantienen intacto su electorado, pero por separado no alcanzaron el número de votos suficientes para llegar a las instituciones. La necesidad será, quizás, el único elemento que obligue al nacionalismo canario a replantearse su división interna, porque las discrepancias ideológicas profundas son pocas y las posturas a este nivel son renunciables. No es inalcanzable un programa de mínimos que permita la articulación de un espacio único desde el que configurar una alternativa sensata y respetuosa de los distintos procesos que alberga el propio nacionalismo, y que, al mismo tiempo, no sea estridente para el conjunto de los canarios.
Pero no es Nueva Canaria el único problema de la unidad nacionalista, es imposible olvidar que en el proceso de desintegración de Coalición Canaria son varios los partidos y las personas que han quedado en el camino, entre ellos el PIL, IF , el PNC, el CCN, ICN, el PIL o la propia Agrupación Herreña Independiente, que junto con el PNC volvieron al seno de la Coalición.
Existe ya un trabajo previo de acuerdos mínimos, expresado en el Manifiesto Nuevo Siglo, firmado por el PNC y por CC en el acuerdo electoral de 2007, que muy bien podría servir de base programática, como propone el líder del PNC, Juan Manuel García Ramos, en su reciente libro 'Intrahistoria del nacionalismo canario'. Pero mucho me temo que el problema no está en los programas, sino en las personas. En ese proceso de descomposición del nacionalismo desde el poder, son muchos los agravios y los reproches pendiente. La reconciliación por la vía generacional no será posible sin renuncias sonoras y costosas. Y eso sólo es posible desde la abdicación de los que tienen el poder, si creen en un proyecto para dejar de depender de los partidos nacionales.

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Me preguntan algunos amigos socialistas por qué no quiero a Juan Fernando López Aguilar, y qué me ha hecho para que ejerza una dura critica contra él. Me dicen que se pregunta él mismo por qué en algunos círculos periodísticos no se le aprecia. Evidentemente no se trata de querencias, ni de afectos, sino de evaluación de proyectos políticos y de debate de ideas lo que mueve mi análisis sobre este personaje de la vida política canaria. Aún así, también es verdad que los afectos son poderosos motivos en la valoración personal de los políticos y en las relaciones que se establecen con ellos. Tanto que la telegenia y el marketing, mandan más que las ideas. Para tranquilidad de estos amigos socialistas, preocupados por mis querencias, sepan que para mi ese es un terreno vedado. Aguilar no me mueve la querencia ni la ira, pero si el respecto político y personal, aunque también el miedo social, por llamarlo de alguna manera. Me explico.
Cuando fue nombrado ministro de Justicia, era un absoluto desconocido en Canarias. Muchos vimos, en su emergente figura, al canario sin excesivas cargas para acometer la regeneración de la vida pública, cansada de sucesivos pactos y gobiernos de múltiples colores y composiciones. Parecía aportar un discurso fresco, capaz de mover conciencias y provocar cambios profundos en la sociedad canaria. La mayoría de los mitos, incluidos los políticos, lo son gracias a ese hálito de misterio que los rodea y que Aguilar cultivó esmeradamente el tiempo que estuvo en Madrid. Era un desconocido con mucho poder. Algo insólito en Canarias, donde todos sabemos cómo y con quién se ejercita el poder. Pero como todos los mitos, cuando el misterio se desvela, se desvanece. Algunos, cuando conocimos a Aguilar dimos un paso atrás, y otros muchos más a medida que ha ido haciéndose presente en la vida pública canaria.
En el terreno personal tengo que reconocer a esos amigos socialistas, que me he sentido violentado por Aguilar cuando lo he mirado a los ojos, adivino lo que piensa. Te recrimina, te señala y te acusa con el dedo, casi imperativamente, con excesiva y provocadora cercanía física. Sus argumentos y sus gestos, me provocan incomodidad, miedo; y para respirar tranquilo deseo abdicar de lo que pienso de él y de los efectos de sus políticas en Canarias. Pero no renuncio. No lo hago porque creo que su estrategia ha abierto un abismo en la relación de los canarios, heridas que tardarán mucho tiempo en cicatrizar. Aguilar ha generado un pozo de incomodidad en la convivencia, ha desatado una especie de guerra civil fría. Es imposible convivir con quien te amenaza, con quien te acusa, con quien te etiqueta y te mide por las ideas hasta en lo personal, con quien te insulta. Como ocurre en los matrimonios, es imposible convivir con la sospecha. No es posible entenderse con el que te concibe como un enemigo a combatir, y no como un ciudadano con el que confrontar ideas y relacionarse. Dejo de ser yo y mis miedos. Es miedo social a esa percepción totalitaria de la sociedad, a esa división entre buenos y malos, a ese patrón pseudoreligioso de telepredicador que condena con el fuego eterno a los desviados. No me gusta ese modelo de sociedad que transmite Aguilar con eslóganes permanentes, que incitan al odio, más que al diálogo democrático. Me provoca pavor saber que su discurso esconde a personajes de mal vivir capaces de hacer la vida imposible a sus competidores con el único fin de arrebatarle sus negocios. Me preocupa que su discurso esconda otra ralea mucho peor que la que quiere combatir.
A esa forma de entender la sociedad y las relaciones con el contrario, hay que añadir la constante decepción y el engaño a los electores. López Aguilar es el candidato eterno, el aspirante a todo, el hombre en constante expectativa de destino. Fue ministro, candidato a la presidencia del Gobierno de Canarias, candidato por Las Palmas al Congreso de los Diputados, candidato a las europeas y ahora, sus fieles lo convierten, de nuevo, en candidato a la presidencia del Gobierno de Canarias. Por Canarias pasó deseando marcharse. En Madrid tuvo el honor de ser el diputado con más faltas y el que menos trabajó, y en Europa, estará a medias porque quiere seguir en Canarias. Aguilar no ha demostrado nada en política, sólo que sabía ganar elecciones, y hasta ese valor lo ha perdido.

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La reunión que los socialistas canarios tienen hoy para evaluar los resultados electorales en Canarias el 7-J no pasará de una foto, porque el contenido lo ha determinado su secretario general a lo largo de la semana. Ha dejado claro que perder las elecciones en Canarias es sólo un «contratiempo». Le tocó ser candidato en el peor momento posible. Los resultados no son tan malos porque han mejorado en Gran Canaria. Ha dejado sentado que, por lo pronto, no deja la secretaria general porque es perfectamente compatible estar en Europa toda la semana y de viernes a domingo en Canarias dirigiendo el partido. Y para que no quede ninguna duda entre los que no hacen su mismo análisis, sus hombres han anunciado otro fraude electoral, ahora a seis millones de españoles. Aguilar dejará su sillón recién estrenado en Estrasburgo para ser de nuevo el candidato a la presidencia del Gobierno de Canarias en 2011.
La línea política que le llevó a perder las elecciones será la misma. Insiste en que en Canarias la política es «indigna», una «charca en la que chapotean los políticos». Es posible que esté pensando en el pacto que suscribió en Lanzarote con el PIL; o en las mociones de censura que interpuso en La Gomera con tránsfugas; o en el pacto en Fuerteventura con González Arroyo. También es posible que esté pensado en el desastre de gestión en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria o en el silente Cabildo Insular de Gran Canaria.
Y para rematar el análisis que en estos días el PSC ha hecho de la debacle electoral en Canarias, López Aguilar sitúa su derrota en los medios de comunicación, que, a su juicio, comunican mucho mejor las ideas de la derecha, además de ser mediocres y envidiosos de los canarios que triunfan como él. La solución de futuro para Aguilar pasa porque el partido comunique mucho mejor a los ciudadanos sus ideas. No hay que cambiar las ideas ni las estrategias que abocaron al desastre. Son las ideas que mejor representan a los canarios y hay que insistir en ellas: Todos somos sospechosos.

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Los resultados obtenidos por Juan Fernando López Aguilar en Canarias no pueden dejar indiferentes a sus compañeros de partido ni a la sociedad canaria. Aguilar ha cortocircuitado las posibilidades de crecimiento de los socialistas, ha comprometido las mayorías en las instituciones en las que gobiernan, Cabildo y Ayuntamiento de Las Palma de Gran Canaria y ha puesto al borde del abismo a la sociedad canaria.
Sin entrar a valorar la conciencia que mueve a Aguilar, que merece un análisis profundo, es su estrategia la que erra. Montar una operación política para ganar las lecciones en torno a la corrupción y a los tribunales ha sido uno de los errores más graves que ha cometido el PSC en su existencia. Los votantes han interpretado que esa no es la forma de hacer política. Desde que Aguilar desembarcó en Canarias, lo hizo convencido de que con la ayuda de policías, fiscales, jueces y algunos medios de comunicación podría destruir a su enemigo político, al que considera corrupto por naturaleza. Su discurso y sus actuaciones le dio resultado mientras pudo controlar el proceso que puso en marcha, pero desde el momento que quedó en manos de los jueces se vino abajo. Tras no lograr encontrar nada en las investigaciones para llegar a José Manuel Soria, 'in extremis' reabre 'el salmón' y el 'chalé', y después de ser archivados insisten en la misma fórmula, sin valorar los efectos de la palabra de los Tribunales de Justicia. Desgraciadamente para los socialistas, y para los canarios, con esta actitud entraron en el terreno de la marginalidad política.
Alguien tendrá que valorar los daños que esta forma de hacer política ha hecho a Canarias. Las instituciones utilizadas para su desarrollo ha entrado en crisis y su credibilidad ha quedado seriamente tocada. En medio de una fuerte crisis económica, Aguilar insiste en mantener la sospecha generalizada sobre los empresarios canarios, a los que ahuyenta de las inversiones y de la administración pública. Paraliza la vida administrativa y pone freno a los compromisos económicos en las islas.
Su partido ha sufrido los embates de esa mentalidad justiciera que practica Aguilar con sus enemigos políticos. En el PSC muchos militantes y gran parte de sus líderes han sido apartados y humillados. Si la estrategia ha fallado, lo lógico es cambiar de estrategia, pero mucho me temo que esa no es la tesitura de Aguilar. Su visión de la política y de la sociedad canaria, lo inhabilita para dar un giro en el socialismo canario. El PSC sólo podrá reconducir su política en las islas sin Aguilar, prescindiendo de su liderazgo, como hizo Zapatero, cuando en la noche electoral no asumió la derrota, no dio la cara, y lo tiró a su candidato como una colilla.

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Estas son algunas de mis conclusiones sobre el resultado de las elecciones celebradas ayer, y especialmente lo que ha ocurrido en Canarias. Creo que la estartegia de Juan Fernando López Aguilar para las islas ha sufrido un duro revés sobre el que los socialistas deben reflexionar.

1.- El PP gana con claridad, y Zapatero tiene un problema.
Rajoy hizo de la contienda electoral celebrada ayer un test a la política económica de Zapatero y la ciudadanía ha suspendido al Gobierno. La crisis económica y su mala gestión pasan factura al presidente Zapatero, que ve como se reducen sus apoyos electorales. No se puede decir que Zapatero esté derrotado, pero si con un problema. Los resultados de ayer abren un escenario muy duro para el Gobierno en los proximos meses. Hay que tener en cuenta que el PSOE está solo en el Parlamento y que las dos fuerzas nacionalistas mayoritarias, PNV y CiU, darán una dura batalla contra el Gobierno. A la moral de victoria del PP hay que sumar el posible entendimiento progresivo con los nacionalismos vascos y catalanes, a los que les viene bien una política conjunta para estrangular en el Parlamento a los socialistas. El PSOE afronta su futuro desde la debilidad y desde la doble soledad, la parlamentaria en Madrid y en Europa, donde ha ganado ampliamente la derecha.

2.- Rajoy sale muy reforzado.
Nadie puede cuestionar ya la capacidad de Rajoy para ganar elecciones. Rajoy sale muy reforzado después de ganar las gallegas y ahora las europeas. El PP evita la crisis de liderazgo y se convierte en una fuerza cohesionada e imparable si saben adminsitrar la victoria.

3.- Piede Aguilar y gana José Manuel Soria.
En el ámbito canario, los resultados tiene mucho más significado. Juan Fernando López Aguilar pierde frente a José Manuel Soria. El líder de los populares, al que el PSOE daba por muerto hace sólo quince días con un feroz acoso, sale muy reforzado. Es inaudito, pero el candidato nacional del PSOE pierde en Canarias por cinco puntos de diferencia, por siete en Gran Canaria y por cinco en Las Palmas de Gran Canaria.

3.- La estrategia judicial de Aguilar fracasa definitivamente.
El acoso al líder del PP en las islas y su estrategia de demolición permanente es un fracaso. Ayer algunos jueces han respirado tranquilos sabiendo que el PSOE renucnia a seguir utilizándolos como palancas políticas contar sus adversarios. Los ciudadnos se han sentido engañados después de una de las más duras campañas contra un partido político en los tribunales de Justicia. En esta estrategia los socialistas han empeñado hasta la credibilidad de las instituciones en las que gobiernan y los ciudadanos han entendido que así no se hace política. Aguilar, al perder en Canarias, se enfrenta a su primera derrota seria y a un partido muy dividido, con mucha gente descontenta con la gestión política que ha impuesto en estos dos años. No se puede admitir aquí el argumento de la extrema izquierda socialista según el cual los votantes del PP perdonan la corrupción. Los votantes son mucho más maduros que lo que cree la izquierda y capta los mensajes. De otro modo no tiene explicación la resurección de Soria cuando los socialistas lo daban por muerto.

4.- Tranquilidad para Paulino Rivero.
El archivo del 'salmón' desactivó todos los miedos de Paulino Rivero respecto de su socios de Gobierno. Ahora el triunfo de José Manuel Soria amarra esa confianza y sostiene el pacto, posiublemente hasta el final de la elgislatura.
El triunfo de José Manuel Soria refuerza los vínculos del pacto de gobierno con CC. Paulino Rivero y su partido podrán maniobrar libremente en Madrid con la debilidad de Zapatero en el Congreso, dejando para sus socios del PNV y CiU la tarea de apalear al Gobierno con el PP, mienstras hacen lo que quieren en Canarias. Paulino Rivero debe ocuparse ahora de su partido, que no cosecha los mejores resultados.

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El Tribunal Superior de Justicia de Canarias debería poner orden en la comunicación que sobre la 'operación Unión' vienen haciendo el propio juzgado, la Guardia Civil, la Fiscalía y los filtradores profesionales. No es de recibo, y atenta gravemente contra los investigados, contra su derecho a la imagen y contra su presunción de inocencia, la confusión terminológica con la que se traslada a la opinión pública la investigación.

Los periodistas y los ciudadanos, nos preguntamos en qué situación jurídica están algunos de los investigados cuando la propia Guardia Civil utiliza la 'imputación' como si el cuerpo policial pudiese aplicar esta figura que la Ley de Enjuiciamiento Criminal reserva exclusivamente al juez. Nos preguntamos en calidad de qué y cómo, algunos de los supuestamente investigados, han declarado ante la Guardia Civil. Es el caso de Enrique Pérez Parrilla, hasta ahora 'investigado', o el del propio Carlos Morales 'imputado', sin que haya pasado a disposición judicial. Los dos han declarado ante la Guardia Civil con abogados, lo que viene a significar que no son testigos. Son 'algo más', y para declarar como 'algo más' han tenido que leerle sus derechos y, oficialmente, detenerlos, al menos sobre el papel.

A esta pretendida confusión terminológica hay que añadir la intencionada ocultación de nombres de personas investigadas, o las indefinidas y generales acusaciones a miembros de la Cámara de Comercio o a cargos del Gobierno del Cabildo Insular. Se añade una nota oficial de la Fiscalía, en la que aprece una lista en la que unos están porque se ha pedido prisión y otros no.

Un desaguisado informativo que a quien más perjudica es a los propios investigados, envueltos en una red criminalizada ante la que la opinión pública es incapaz de distinguir los posibles grados de responsabilidad que, perfectamente, marca el lenguaje jurídico. Todos sabemos el alcance de 'ir a la cárcel' y el de 'estar imputado', y es deseable que alguien unifique los criterios.

Visto lo visto, habrá también que estar alerta con otro de los vicios de las investigaciones sobre corrupción: la causa general. La investigación de la Guardia Civil en Lanzarote lleva camino de convertirse en eso, en una causa general derivada del núcleo principal de la investigación. Salen muchos temas colaterales que se siguen investigando en la misma pieza, dando la sensación de que todo es lo mismo. Una vez más, es posible que se esté anteponiendo la eficacia policial a las garantías jurídicas, y alguien debe vigilar. Las formas son tan importantes como el fondo. Hay que recordarlo a los que les atrae el cine de acción y la imputación por la imputación como ocurrió en otros momentos de triste recuerdo.

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No recuerdo una campaña electoral de tanta enjundia política y tan aburrida. Cuando las estrategias de campaña son tan simples como las que se han manejado en ésta, el proceso deja de tener interés hasta para los que seguimos el día a día de la política. Hemos sabido en cada momento lo que dirá Juan Fernando López Aguilar y Mayor Oreja. Los socialistas, calculando una baja abstención, movilizan a la izquierda; la que siempre vota izquierda. Han rescatando el miedo al doberman y lo han hecho en un lenguaje tan poco creíble que recuerda al usado en los 80 en las asambleas universitarias antifranquistas. El PP ha convertido la crisis económica en su refugio electoral. Tanto que hasta los maquillados datos del paro del mes de mayo le han resultado indigestos. Han jugado a la tensión interna y a convertir estas elecciones en un test contra Zapatero y su política económica y a han vuelto al pasado glorioso del gobierno de Aznar y sus éxitos en la gestión de caja.
Hasta aquí los eslóganes oficiales de la campaña; de fondo los dos grandes partidos se juegan mucho más que mensajes. Se juega Zapatero la credibilidad y la estabilidad de su Gobierno hasta el 2011, fecha de oro en su agenda política para llegar a presidir la Unión Europea. Más en clave local, se juega López Aguilar su futuro político. Hasta ahora sólo ha sido un candidato a todo, una expectativa política, pero ahora juega en primera división y perder tiene mucho más significado. En Canarias le esperan sus enemigos políticos; y no hablo sólo de Soria. Su propio partido se convertirá en su verdugo y le pasará factura por los años perdidos jugando a juez inquisidor.
El Partido Popular se lo juega todo. Tiene mucho más que perder que el PSOE. Si pierde esta contienda entra en barrena. Se esfuma la posibilidad de llegar gobernar en algún momento. Con la derrota se abre para los populares otra sonada crisis en torno al liderazgo de Mariano Rajoy. Perder es penetrar en la oscura caverna de la desmoralización y en el caos. Los que más fuerte han apostado, el propio Rajoy, Camps en Valencia y Soria en Canarias pagarán también su parte de la factura.

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La periodista británica Heather Brooke pidió en 2004 los datos de gastos de los parlamentarios del Estado de Washington para un reportaje. Le ofrecieron la información, facturas incluidas, de forma inmediata. Quiso hacer lo mismo en el Parlamento británico y han tenido que pasar cinco años para que sean los tribunales de Justicia y después de una sonada dimisión y un escándalo político sin precedentes, quién obligue al sistema democrático más antiguo del mundo a transparentar los datos de los gastos de sus señorías. Hace muy pocos meses el Parlamento Europeo realizaba un informe sobre la corrupción en el seno de sus organismos y evitó a toda costa que se conocieran los resultados. Los diputados de la eurocámara aparecen como los más ambiciosos y corruptos. Pueden ganar más que los presidentes de los gobiernos de los países a los que pertenecen, pero nadie los obliga a transparentar sus actividades.

En España y Canarias el régimen de transparencia democrática está muy deteriorado. Los organismo de control de los ejecutivos están a expensas de los partidos políticos que nombran a sus miembros y los reglamentos de las cámaras han impedido que se conozcan, hasta ahora, las actividades privadas de los diputados. Los gobiernos tampoco disponen de canales suficientes para que los ciudadanos puedan acceder a datos. Ahora es el Parlamento de Canarias el que anuncia la modificación de su reglamento con la intención de endurecer las condiciones sobre las declaraciones de sus miembros, pero, para sorpresa de todos, los partidos canarios también aprecian más el secreto que la transparencia. Serán más estrictos, pero se juramentan para guardarse sus secretos.

Las sociedades abiertas y transparentes son más democráticas. Las actividades privadas de los representantes públicos, la especulación urbanística, la financiación de los partidos políticos, la transparencia y el control ciudadano de las contrataciones públicas, son asuntos que merecen la mayor transparencia para que la democracia adquiera calidad.

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