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Desde Moncloa

Hace dos meses era impensable que Zapatero reconociese las tesis nacionalistas sobre la mayor fragilidad de Canarias en el contexto de la crisis; entre otras cosas porque, López Aguilar no lo reconoce, y ha hecho todo lo posible para que Madrid entendiese que los canarios son sólo pedigüeños. Hace dos meses era impensable que Zapatero aceptase una mesa técnica para estudiar la reforma del REF, una propuesta de los socialistas canarios, en concreto de Blas Trujillo, al que, por cierto, le costó el puesto después de proponerlo al Gobierno de Canarias y que éste aceptara. Una propuesta que el nuevo equipo de Aguilar echó por tierra con el argumento de que se trataba de un proceso «engorroso y largo». Ahora, Zapatero crea una mesa para iniciar el estudio de su reforma.
Hace dos meses era impensable un gesto del calibre del arrancado por Rivero a Zapatero para que aterrice en Canarias con varios ministros y celebre una cumbre Canarias-Estado. Pero lo más sorprendente es que el propio presidente del Gobierno del Estado, pone directamente la cara en esa cumbre, lo que significa que algo sustancioso tendrá que traer bajo el brazo para evitar quedar como insolidario ante los canarios. El cálculo de la operación se salda con otro error político: cualquier aportación irá a parar a las arcas de la Consejería de Hacienda para ajustar las cuentas que maneja el vicepresidente José Manuel Soria y adecentar los agujeros que va dejando la crisis económica.
En este nuevo escenario influye el despiste de López Aguilar con su campaña a las Europeas. Influye el buen trabajo de Ana Oramas en Madrid y su buena relación con el portavoz socialista en el Congreso. Influye la pericia política de Paulino Rivero que, con todas seguridad, ha sabido amarrar un compromiso concreto frente a 21 evasivas de Zapatero, tantas como puntos planteó en la reunión el presidente del Ejecutivo canario. Pero lo realmente determinante es la debilidad socialista después del abandono del PNV y CiU y la repercusión negativa que la crisis económica tiene en la buena imagen de Zapatero. La política es así. Un juego de poder, astucia y negociación en el que se gana o se pierde en función de la fuerza que otorgan las urnas y la coyuntura.
El primer damnificado de este nuevo escenario es el Partido Socialista Canario, cuya estrategia de demolición choca de bruces, una y otra vez, con los intereses de su partido en Madrid. La cúpula socialista sabe que esto es así. Santiago Pérez sabe que lo que dijo el viernes sobre el papel de Rivero ante Zapatero es, sencillamente, de dudosa credibilidad. Por eso el PSC ya ha comenzado una lenta operación de giro, que inicia con mucha resistencia y tratando de dejar algún que otro cadáver en el camino. Por lo pronto han renunciado a la 'tesis Aguilar' para ganar las elecciones con 31 diputados y gobernar en solitario. Negocian con pequeños partidos como el PIL o con socios prioritarios como Nueva Canarias. Ahora ponen en marcha una operación pública para sembrar la duda entre los socios de CC, procurar su división interna e impulsar posibles fugas, usando como elemento de discordia al socio de gobierno, o la reforma del sistema electoral canario. En esa estrategia pública, los socialistas canarios procuran 'salvar' a Paulino Rivero de la quema, dirigiendo sus criticas únicamente a la gestión que hace de la crisis económica. Paralelamente promueven una ácida campaña contra José Manuel Soria.
Es más que evidente que la reprobación de Soria es parte de esa estrategia de desgaste del líder del PP puesta al servicio del objetivo subterráneo de dividir a CC. Apoyan esta reprobación en la gestión sobre los cabildos, aunque en realidad quieren reprobar al vicerpesidente por un proceso judicial cuyo alcance está por determinar y que no depende de los socialistas, sino de jueces independientes. El PSC está utilizando el nuevo escenario diseñado por Zapatero para meter miedo en el cuerpo a José Manuel Soria con una nueva expulsión del Gobierno, como la que operó Adán Martín tras una reunión similar a la que se celebró esta semana en Moncloa. Quieren crear la sensación de que en CC hay varias facciones que no están de acuerdo con el pacto, cosa que es cierta, pero de ahí a una posible disensión para romper el acuerdo de gobierno, hay mucho trecho.
Lo sorprendente es que los populares parecen haber picado y han dado la sensación de nerviosismo, a pesar de las garantías que Paulino Rivero ha dado a Soria y al hecho de que un pacto de Rivero con el actual PSC, es prácticamente imposible.

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