A los males internos Saavedra debe añadir la presión del Partido Socialista Canario (PSC-PSOE). Y es que López Aguilar se juega mucho en Las Palmas de Gran Canaria
Jerónima Saavedra está atrapado entre la ineficacia de su equipo de Gobierno y la presión que sobre él ejerce su partido para que arregle la crisis municipal antes de las Elecciones Europeas. El alcalde ni tan siquiera tiene la opción de irse de vacaciones o ponerse enfermo, y mucho menos de dimitir. Detrás de él no hay nada. No hay nadie con la suficiente capacidad y respaldo político para sustituirle. Y si alguno de sus concejales tiene el arrope del partido para coger las riendas del Ayuntamiento, tendrá a catorce enemigos en su mismo grupo que le harán la vida imposible. Saavedra no puede sacar de donde no hay. Por lo pronto, hasta la remodelación de salvación que le pide su partido está gafada por la ineficacia. Es imposible ejecutarla de inmediato, entre otras cosas porque comienza por el concejal de Hacienda, Rodolfo Espino. Cuatro meses después de lo previsto ha sido incapaz de imponerse y coordinar a sus compañeros para sacar las cuentas. Ahora no debe, ni puede, dejar a medias el presupuesto municipal sin correr el riesgo de colocar a la corporación en septiembre sin la existencia de las cuentas. El resto de concejales afectados por esa remodelación es accesorio para el alcalde, salvo algunas excepciones, como la coordinación general, urbanismo, seguridad y asuntos sociales. El resto, incluida la pléyade de asesores, pinta poco, más bien molestan, lloran como plañideras de ocasión la desgracia de la incomprensión que dicen sufrir y que no es otra cosa que incompetencia.
A los males internos Saavedra debe añadir la presión del Partido Socialista Canario (PSC-PSOE). Y es que López Aguilar se juega mucho en Las Palmas de Gran Canaria en las Elecciones Europeas a en las que es candidato. Se juega un test político sin precedentes a nivel nacional, pero en Canarias se juega gran parte de su prestigio político y de su empeño personal. Puede perder en la ciudad en la que ganó a Soria, con Saavedra como gran esperanza, y eso es mucho perder. Aguilar se juega perder ante su principal rival político, José Manuel Soria, una posibilidad que mueve mucha pasión, tanta que ni Saavedra la puede resistir.

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