Algún día alguien tendrá que contar con pelos y señales los verdaderos intereses de parte de la izquierda socialista en Canarias, sus vinculaciones a los grandes negocios del territorio, del turismo o de la construcción, y cómo sus combates ideológicos y su acción política está muchos más cerca de la defensa de esos manejos que de un proyecto político serio para Canarias. Y digo parte del PSC porque no es todo el PSC. Pero a estas alturas, después de dos años de ejercicio del poder, deben reconocer que algunos de los grandes objetivos políticos han sucumbido por las presiones de una parte del aparato del partido y su necesidad de influencia administrativa. Quizás el más destacado fracaso por presión de las facciones, es el de la regeneración del propio PSC impulsada por López Aguilar. Algunos de los asuntos que hoy se dirimen en los juzgados canarios, tienen mucho que ver también con la pérdida de influencia en las grandes decisiones sobre el territorio y con esa estrategia de demolición que arrastra a una parte importante de los socialistas.
Pero lo más doloroso para la izquierda es la gran mentira ideológica tras la que se han escondido intereses económicos particulares. Esa facción del PSC aprovecha la herencia del pensamiento bobalicón progresista, según el cual, siempre será mejor la izquierda siniestra, corrupta, belicista, depredadora y beligerante que cualquier derecha, incluida la democrática y civilizada. Una vez agotados los argumentos, las razones ideológicas y el proyecto político; una vez descubiertos los intereses que han movido la gran mascarada, esa parte de la izquierda, la que quiere sostener la burocracia socialista para mantener su nivel de influencia, ha pasado al insulto, al desprestigio y al ataque personal de los que no apoyan sus proyectos y sus intereses. Ni tan siquiera se preocupan ya de combatir las ideas de los adversarios políticos, en el fondo no es una cuestión de ideologías, sino de negocios.
Una vez descubierto el engaño, muchos de los que no hemos comulgado con ruedas de molinos, nos hemos visto sometidos a insultos, ataques personales y descalificaciones. La estrategia del descrédito. Exactamente la misma estrategia que se ha implantado en todos los órdenes políticos del país desde que el PSOE ha llegado al poder. Porque lo que está aplicando en Canarias la izquierda son las máximas al uso en los manuales de Zapatero: el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo hace malo y desde el poder se puede intervenir para hacer justicia. Ese es el esquema por el que la izquierda asume que ellos son los buenos, los honrados y el resto somos colaboradores de los corruptos. Esa fórmula tan simple pretende engañar a la conciencia y a la inocencia de muchos militantes de izquierda, simpatizantes progresistas y a algunos temerosos de la derecha. De ahí parte la extendida idea de que cuando defendemos la legalidad de los procesos estamos defendiendo a los corruptos; o que cuando defendemos la libertad y la democracia se defiende al facismo. Esos son los principios pírricos que se han impuesto en el PSC y con los que quieren enfrentar la realidad canaria.
Lo que muchos vimos como positivo en López Aguilar fue, precisamente, la posibilidad de un proyecto político al margen de los intereses de los que hablo. Pasado el tiempo, esos intereses confluyen en el PSC, se realimentan y se imponen. Hoy Aguilar, posiblemente, ha defraudado muchas expectativas y su proyecto político también. Se ha quedado en un discurso de demolición, al servicio de esos intereses, sin traducción a la vida real de los canarios.
Otra parte de la izquierda en el PSC asiste complaciente o en silencio a ese intento de implantación de un régimen de miedo en la sociedad canaria, quizás porque adivina que ese es el deseo de quien gobierna, de quien tiene el poder. Quizá por eso López Aguilar triunfa en el Partido Socialista Canario; porque en el fondo, a la izquierda, una vez agotadas las ideas, sólo le queda, asumir el poder para mantener el estatus, ese del que algunos han gozado incluso con el Partido Popular y con CC, cómplices del reparto de algunos negocios en Canarias.
La complacencia y el silencio ante el atropello de las libertades afecta gravemente a la sociedad civil, esa que, organizada reflexiona en silencio sobre cómo pierde espacios de libertad y cómo debe pagar un alto precio para seguir activo, para no verse en el juzgado, en el olvido o en boca de todos insultado y desacreditado.
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Cuestión de principios
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