El Círculo de Empresarios de Las Palmas hizo público ayer un duro comunicado en el que recrimina las actuaciones de la policía y los fiscales, en relación a las detenciones desproporcionadas en el marco de las operaciones anticorrupción. El Círculo va más allá para criticar el hecho de que una vez archivadas las denuncias se sigue filtrando información maliciosamente a los medios de comunicación con la única intención de condenar públicamente lo que la justicia no ha condenado.
Al respecto el 25 de enero escribía en mi sección 'La Arista' lo siguiente:
Deben tener en cuenta los socialistas que la política de la sospecha, del miedo y de la crispación sólo ha generado desconfianza en los ciudadanos y una brecha en la convivencia política en Canarias. El discurso de la regeneración ha concluido en una serie de acontecimientos, cuyo alcance muchos no logramos llegar a ver, bien por estar ocultos detrás de un discurso ideológico muy atractivo, por estar amparado en instituciones del Estado o por el miedo que inspiraba la espiral de acontecimientos inexplicables que vivimos desde 2006. Todo el que tenía poder o influencia en esta región temió verse envuelto en investigaciones policiales y judiciales. Aún pervive la psicosis que provocó la posibilidad de ser escuchado en una intervención telefónica; pervive la inseguridad y el secretismo. Aún existe el miedo a ser incluido en las largas listas de presuntos corruptos que se elaboraban en las mesas de algunos restaurantes de moda en la ciudad y terminaban en la mesa del algún despacho de fiscal, del juez o de un periodista. Algún día habrá que contar con detalle cómo se gestó la estrategia de Aguilar para Canarias, cómo evolucionó y quienes fueron sus colaboradores. Aquí sólo basta recordar que la escalada del miedo comenzó con el 'caso eólico' y tuvo su momento más álgido en la detención de Santana Cazorla y la remisión al Tribunal Superior de Justicia de Canarias de las escuchas entre el empresario y el presidente del Gobierno de Canarias, Adán Martín. La escalada de filtraciones a la prensa y la tensión política y social que generó la investigación, impulsó un auto inmediato de archivo y una seria advertencia a los jueces sobre el material que llegaba a sus mesas. Las investigaciones políticas, como en las mejores épocas de la dictadura, se pusieron en manos de la Brigada de Información de la Policía, apartando de las mismas a la Brigada de Policía Judicial. Las escuchas se convirtieron en el eje de todas las investigaciones y a los despachos del juez llegaban informes impregnados de sospechas y de intencionalidad. El archivo inmediato de las diligencias actuó como bálsamo y abrió una crisis en la policía que aún continua abierta en varios procesos judiciales, algunos impulsados por la propia Jefatura Superior para encubrir las filtraciones.
La acción policial quedó socavada y los periodos electorales permitieron apaciguar los ánimos, dejando la corrupción aparcada y a las instituciones al margen de la contienda. Sólo el sector más radical del Partido Socialista Canario sostuvo la estrategia, pero se hacia insostenible con los resultados obtenidos, la desconfianza generada y el desprestigio de la policía. El 'caso del salmón', una vieja investigación aparcada en un cajón, reaparece para mantener viva la estrategia y llegar, a través de la denuncia, otra vez al corazón del Gobierno y al del Partido Popular. 'El salmón' aparece como último y desesperado intento de un sector del Partido Socialista por cambiar el rumbo de la región demostrando que la tesis de la que se partía era cierta: que existe la corrupción en los partidos políticos que dominan en Canarias y que deben ser castigados en las urnas.
Se equivoca el PSC si apuesta a esta única carta, la de la sospecha y la del miedo. Los resultados obtenidos hasta el momento sólo han puesto de manifiesto que el sistema no puede ser asaltado y utilizado de esta manera. El sistema de derechos funciona a la perfección y ha dejado al descubierto esta peligrosa estrategia. Sólo bastará otro fracaso para que el miedo se disipe por completo y se recupere la confianza plena en las relaciones políticas, en las relaciones institucionales y hasta en las económicas, porque la crisis no permite juegos políticos irresponsables, instituciones enfrascadas en los escándalos, y, mucho menos, el juego sucio.
El comunicado del Círculo, el más prestigioso foro de empresarios de Canarias ratifica que somos muchos los que hacemos el mismo análisis de la realidad canaria en estos últimos años y las condiciones, hoy, son las más propicias para ir poniendo las cosas en su sitio, para superar el miedo en el que la sociedad civil ha estado sumida en esta triste etapa.
