Lo que ocurrió ayer en la Asamblea de Caja debe perdurar como una de las reseñas de cordura democrática y sensatez frente a la inexplicable locura del Partido Socialista Canario al abordar la renovación del máximo órgano de Gobierno de la entidad de ahorro. Pasó que los socialistas se metieron en la autopista en dirección contraria y denunciaron al resto de los conductores por venir de frente. Juan Manuel Suárez del Toro salió ayer, como no podía ser de otra manera, con una mayoría muy cualificada para presidir La Caja y con un Consejo de Administración volcado en la gobernabilidad porque lo que ha imperado en este proceso es el deseo de todos, menos del PSOE, de sostener el consenso político para afrontar una nueva etapa en la institución en un momento de crisis. Pero frente al consenso, con el mismo discurso mitinero y las mismas amenazas judiciales al uso en el PSOE, José Francisco Henríquez denunciaba ayer el pucherazo de todos contra él, cuando sólo logró tres votos (más el suyo) para rechazar la presidencia de Suárez del Toro. Una cuota que se redujo a dos (más el suyo) cuando se votó la vicepresidencia para Román Rodríguez. Un estrepitoso y merecido fracaso del PSOE por el intento de pervertir las reglas del juego y por el engaño al que sometió al resto de las fuerzas políticas y a la opinión pública durante el proceso de negociación. No se podía mezclar el agua con el aceite, y eso fue lo que trataron de hacer al introducir en la contienda a un empresario tan significado y denostado como José Francisco Henríquez después de haber aceptado el consenso generalizado de una candidatura como la de Juan Manuel Suárez del Toro. No se puede arrojar la piedra y esconder la mano, como ha hecho Juan Fernando López Aguilar, José Miguel Pérez y Jerónimo Saavedra y no se puede predicar impúdicamente a favor del interés general cuando a quien se propone para representar los intereses de todos es a dos empresarios, José Francisco Henríquez y Agusto Brito, muy socialistas, (sin duda ninguna), y con muchos intereses privados, (debo suponer a cualquier empresario que se preste de serlo).
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Cordura en La Caja
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Encuentro que ha habido un ejercicio de responsabilidad y sensatez por parte de los integrantes de la Asamblea de la Caja. Es hora de ir separando intereses económicos y políticos, sobre todo cuanto en estos se dan lecciones de moralidad sin ver la historia reciente de sus propios partidos. Hora es ya de dignificar la política para que los ciudadanos podamos creer en los políticos, cosa sumamente necesaria en una sociedad tan falta de valores como la nuestra y en una situación tan crítica como la actual.