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El futuro de CC

Este IV Congreso que celebra Coalición Canaria sigue supeditado a la gobernabilidad de Canarias y a los equilibrios internos, esa tradición sobre la que se asienta el nacionalismo y de la que el destino no le ha permitido escapar. Para la gobernabilidad se necesita estabilidad y continuidad en la organización. Se necesita recomponer el equilibrio interno, para lo que no bastan algunos matices ideológicos y organizativos, porque en el subsuelo del encuentro político nacionalista subyace también los efectos de la crisis económica. La nueva situación está dando al traste con el diseño previo y con los objetivos políticos pensados para un largo recorrido de estabilidad. El problema al que se enfrenta hoy CC depende mucho de las necesidades económicas surgidas del fantasma de la crisis. Nada es igual, ningún factor es ajeno a esta situación y hoy el diálogo institucional hunde sus raíces en las conveniencias políticas, y éstas en la necesidad del poder en cualquier circunstancia, como han acreditado los socialistas al elaborar los Presupuestos Generales del Estado. Dicho de otra manera: será tremendamente difícil que, sin un giro certero y una política de encaje muy apurada a todos los niveles, Paulino Rivero sostenga durante toda la legislatura la actual coyuntura y el rumbo establecido al principio de su mandato. Las dificultades llegan en cascada, son imprevisibles, no se paran en barras y no atienden a la compasión. La crisis ha puesto en marcha mecanismos políticos imprevistos y a Coalición Canaria sólo le queda hoy sobrevivir unidos y otorgar estabilidad al Gobierno de Paulino Rivero y que éste pueda, a su vez, afrontar los cambios que se avecinan, que prometen ser bastante duros y que pueden acabar con la organización y con el Gobierno. Pero tampoco los sacrificios, hoy, se pueden seguir pidiendo a los mismos. En Gran Canaria CC tiene un grave problema. La organización lleva años pagando la factura de la fractura; una fractura a la que muchos dirigentes se sometió a regañadientes para dar salida, una vez más, a la estabilidad del aquel nefasto Gobierno pergeñado por José Carlos Mauricio para su propia gloria y la de José Manuel Soria y que acabó como acabó y sin crisis económica por medio. Los platos rotos de ese Gobierno los pagó la organización en Gran Canaria y los sigue pagando a pesar de que de ella se benefició la organización en el resto de las islas y especialmente en Tenerife. El debate sobre el liderazgo de la presidencia que plantea Gran Canaria es también el debate sobre el peso de Tenerife en el resto de la organización, un peso que suscita rebeldías como la planteada por María del Mar Julios presentando la candidatura de Manuel Lobo. Por lo pronto han dejado claro que a Gran Canaria le debe corresponder mayor protagonismo en la organización para reconducir la situación y ganar posiciones en la política insular. De lo contrario, el riesgo a corto plazo es un proceso contrario al previsto: una mayor división del nacionalismo y hasta el giro hacia el nacionalismo más confortable en el seno Nueva Canarias, desde la fortaleza que otorga el calor socialista del gobierno y el Cabildo. Y es que el nacionalismo no tiene otro camino, por lo pronto, que la unidad de intereses, y éstos están hoy sometidos a la adversidad de los tiempos de crisis en la que todos quieren salvarse en sus niveles de poder y responsabilidad.

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