Sin que todos nuestras víctimas aun estén enterradas algunos políticos se han empeñado en desatar una guerra de alcantarilla con evidente afán de medir el grado de compromiso con las víctimas y sus familias y contraponer el grado de cinismo de los adversarios a la hora de arrimar el hombro en la tragedia. Se está entrando en la peligrosa fase de tirar los trastos a la cabeza del adversario a cuenta del grado de protagonismo, de las gestiones, de las competencias administrativas y del protagonismo protocolario. El culebrón, que amenaza ponerse en marcha gracias a los comentarios soterrados y el análisis simplista de algunos de nuestros políticos, es una muestra más de nuestra 'clase' a la hora de afrontar los problemas colectivos.
Creo que la sociedad canaria no habría perdonado a nuestros políticos y representantes públicos, que no aparecieran en una tragedia de las dimensiones de la que hemos vivido. Es su obligación aparecer, expresar sus condolencias, ofrecer ayuda, poner en marcha los mecanismos de cooperación institucional y hacerse las fotos. Y digo bien, es una obligación de nuestros representantes políticos aparecer en la foto ante una tragedia de esta magnitud y ante otras de menor calibre. Y lo es porque los ciudadanos necesitamos saber que quién nos representa, quien nos gobierna, está al lado de quién lo necesita en la sociedad en la que estamos organizados. Pensar otra cosa es una hipocresía mayúscula. Y si no que nos pregunten a los periodistas. Esos días recorrimos con el dedo la lista de los políticos que aparecieron y los que no lo hicieron. Lo hicimos con el ánimo de preguntar dónde estaban ante tremenda tragedia. Lo hicimos porque no concebimos otra manera de entender la presencia pública en estos casos.
Lo que hizo Paulino Rivero, lo que hizo Carolina Darias, lo que hizo José Manuel Soria, la entrega de José Miguel Pérez, la presencia de Jerónimo Saavedra, la de Zapatero, de la Casa Real... es lo que, en un primer momento, la sociedad canaria les demanda a sus cargos públicos. Otra cosa son los límites de esa necesaria presencia. Aquí, creo que los canarios sobrepasaron la medida que impone la mesura ante el dolor. Entre todos, la prensa también, agobiamos a las familias de las víctimas añadiendo preocupaciones a las que ya tenían. Motivados, con toda seguridad por la dimisión del dolor, por honestidad pública y por coherencia, las instituciones y sus representantes se hicieron presentes, pero se excedieron en la tutela de la tragedia.
Ahora bien, tal y como se busca en estos días, interpretando la actuación política e institucional de forma malévola habría que cuestionar muchas de las actuaciones de nuestros políticos, desde el viaje de Soria a Madrid con las víctimas en un mismo avión hasta el hecho que la Delegación del Gobierno y el Cabildo Insular se constituyera todos los días en la Base Aérea de Gando para recibir a las familias y sus féretros, no sólo con fila de autoridades constituida con rigor protocolario, sino con las cámaras de televisión como invitadas y sorprendiendo a los familiares en su buena voluntad. Habría que poner en tela de juicio las presiones a la Iglesia para la organización de un funeral que las propias familia no vieron claro desde el primer momento por estar en otra dimensión de la tragedia: buscando aún a sus fallecidos entre los restos del avión.
Simplemente entrar, aplaudir o aventar, aunque sea en las alcantarillas, lo que hicimos unos y otros en función del color político no es más que otra bajeza. Y es, con toda seguridad, un signo de pobreza de nuestra sociedad. Una actitud que ha terminado por hartar hasta la mismísima Casa Real, única institución que ha sabido estar el tiempo preciso, el justo para el consuelo.
Afortunadamente ha sido la naturaleza del propio dolor el que ha ido colocando las cosas en su sitio. Muchos familiares se negaron a una excesiva tutela de las autoridades. Se negaron a los transportes en aviones del Ejército. Se negaron a ser recibidos en la Base de Gando de forma pública. Se negaron a las fotografías en la intimidad, a recibir a los políticos en los tanatorios y a que se realice en su nombre un funeral en el que los protagonistas eran otros por imposición del protocolo público. Muchos entendieron el mensaje y lentamente han ido desapareciendo de la escena pública, aunque sin terminar el duelo quieran resucitar las miserias que siempre nos acompañan.
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Miserias canarias
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Yo lo que he visto ha sido la enorme bajeza de unos, vamos a llamarlos así, intereses. Para sacar tajada, agobiando, presionando, escandalizando, y no siempre es "prensa del corazón". Lo que he podido leer en estos días ha superado la barrera del asco más contenido. Intereses que han pasado por encima del dolor para llamar al odio, al fascismo, a conveniencias revolucionarias... Como sociedad, hemos perdido el rumbo, todo vale, si es todo lo que yo quiero.
(Por cierto, D. Manuel, desde el cariño, a ver si nos aclaramos con los acentos en el "quién" y el "quien", que no es lo mismo...)
Un saludo.
Me gusta este interesante rincón, del periódico, y expresar mi opinión, sólo pediría un TAMAÑO ADECUADO de la letra del texto, pues hacen falta CINCO DIOTRIAS para leerlo, un saludo.
Dakin