La globalización tiene sus ventajas, pero también altares de sacrificio. El JK5022 de Spanair es ya uno de esos mausoleos cuya lista de muertos hay que dedicar a las desgracias del mundo globalizado. La liberalización del mercado del tráfico aéreo y la carrera por los bajos costos ha permitido a miles de canarios salir de las islas y conocer el mundo. Spanair fue una de las compañías que abrió una de esas puertas al aislamiento secular. Hasta ayer, con sus ofertas, una familia de cuatro miembros podía viajar a Madrid por 170 euros.Algo insólito. Lo que intuíamos, pero no queríamos reconocer es que sacrificábamos parte de nuestra seguridad en esa carrera.
Habrá que preguntarse si en un primer momento el fenómeno del bajo coste ha propiciado una relajación de los controles técnicos con el fin de abaratar los trayectos y mantener los servicios públicos comprometidos. La loca carrera de las aerolíneas por ofrecer los mejores precios precipitaron de inmediato la calidad de los servicios que prestaban. Lo apreciamos en la cabina. Retiraron los servicios de catering y provocaron una reducción del espacio para el viajero. Pero más allá de las ventanillas, también se repercutieron los gastos por ofrecer vuelos cada vez más económicos. Se han contratado a precios muy bajos a pilotos en todos los rincones de la tierra, cuyas titulaciones ya es imposible controlar. Se han contratado técnicos sin cualificación suficiente. Se han comparado aviones mucho más baratos en el mercado de la segunda mano de la aeronáutica. Spanair, cuyo mercado en las islas creció rápidamente, ha sido una de las primeras empresas que han sufrido los embates de la crisis económica. La reducción drástica en su plantilla ha creado mucho malestar en la compañía y han sido los propios pilotos los que denunciaron la relajación de muchos de los controles necesarios para la seguridad, al margen de numerosas imposiciones en los métodos de navegación para el ahorro en los viajes. En este contexto habrá que preguntarse cuál ha sido el papel del Ministerio de Fomento, cuyo objetivo de control es garantizar que las compañías que operan en España cumplan con las estrictas medidas de seguridad. Habrá que esperar a que la investigación avance para determinar las responsabilidades, pero mientras tanto también habrá que reflexionar sobre esta loca carrera que si bien ha puesto el mundo a disposición de millones de personas, también ha propiciado catástrofes como la vivida ayer en Barajas. Una cosa no debe estar reñida con la otra. Para los canarios viajar es tan necesario como el aire, pero no a costa de la vida de muchos.

Me parece a mí que para reflexionar sobre esa "carrera" que tú llamas, deberíamos esperar, al menos, a que se entierre a los muertos.Que nos olvidamos de ellos...