los blogs de Canarias7

Archivos Agosto 2008

Sin que todos nuestras víctimas aun estén enterradas algunos políticos se han empeñado en desatar una guerra de alcantarilla con evidente afán de medir el grado de compromiso con las víctimas y sus familias y contraponer el grado de cinismo de los adversarios a la hora de arrimar el hombro en la tragedia. Se está entrando en la peligrosa fase de tirar los trastos a la cabeza del adversario a cuenta del grado de protagonismo, de las gestiones, de las competencias administrativas y del protagonismo protocolario. El culebrón, que amenaza ponerse en marcha gracias a los comentarios soterrados y el análisis simplista de algunos de nuestros políticos, es una muestra más de nuestra 'clase' a la hora de afrontar los problemas colectivos.
Creo que la sociedad canaria no habría perdonado a nuestros políticos y representantes públicos, que no aparecieran en una tragedia de las dimensiones de la que hemos vivido. Es su obligación aparecer, expresar sus condolencias, ofrecer ayuda, poner en marcha los mecanismos de cooperación institucional y hacerse las fotos. Y digo bien, es una obligación de nuestros representantes políticos aparecer en la foto ante una tragedia de esta magnitud y ante otras de menor calibre. Y lo es porque los ciudadanos necesitamos saber que quién nos representa, quien nos gobierna, está al lado de quién lo necesita en la sociedad en la que estamos organizados. Pensar otra cosa es una hipocresía mayúscula. Y si no que nos pregunten a los periodistas. Esos días recorrimos con el dedo la lista de los políticos que aparecieron y los que no lo hicieron. Lo hicimos con el ánimo de preguntar dónde estaban ante tremenda tragedia. Lo hicimos porque no concebimos otra manera de entender la presencia pública en estos casos.
Lo que hizo Paulino Rivero, lo que hizo Carolina Darias, lo que hizo José Manuel Soria, la entrega de José Miguel Pérez, la presencia de Jerónimo Saavedra, la de Zapatero, de la Casa Real... es lo que, en un primer momento, la sociedad canaria les demanda a sus cargos públicos. Otra cosa son los límites de esa necesaria presencia. Aquí, creo que los canarios sobrepasaron la medida que impone la mesura ante el dolor. Entre todos, la prensa también, agobiamos a las familias de las víctimas añadiendo preocupaciones a las que ya tenían. Motivados, con toda seguridad por la dimisión del dolor, por honestidad pública y por coherencia, las instituciones y sus representantes se hicieron presentes, pero se excedieron en la tutela de la tragedia.
Ahora bien, tal y como se busca en estos días, interpretando la actuación política e institucional de forma malévola habría que cuestionar muchas de las actuaciones de nuestros políticos, desde el viaje de Soria a Madrid con las víctimas en un mismo avión hasta el hecho que la Delegación del Gobierno y el Cabildo Insular se constituyera todos los días en la Base Aérea de Gando para recibir a las familias y sus féretros, no sólo con fila de autoridades constituida con rigor protocolario, sino con las cámaras de televisión como invitadas y sorprendiendo a los familiares en su buena voluntad. Habría que poner en tela de juicio las presiones a la Iglesia para la organización de un funeral que las propias familia no vieron claro desde el primer momento por estar en otra dimensión de la tragedia: buscando aún a sus fallecidos entre los restos del avión.
Simplemente entrar, aplaudir o aventar, aunque sea en las alcantarillas, lo que hicimos unos y otros en función del color político no es más que otra bajeza. Y es, con toda seguridad, un signo de pobreza de nuestra sociedad. Una actitud que ha terminado por hartar hasta la mismísima Casa Real, única institución que ha sabido estar el tiempo preciso, el justo para el consuelo.
Afortunadamente ha sido la naturaleza del propio dolor el que ha ido colocando las cosas en su sitio. Muchos familiares se negaron a una excesiva tutela de las autoridades. Se negaron a los transportes en aviones del Ejército. Se negaron a ser recibidos en la Base de Gando de forma pública. Se negaron a las fotografías en la intimidad, a recibir a los políticos en los tanatorios y a que se realice en su nombre un funeral en el que los protagonistas eran otros por imposición del protocolo público. Muchos entendieron el mensaje y lentamente han ido desapareciendo de la escena pública, aunque sin terminar el duelo quieran resucitar las miserias que siempre nos acompañan.

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Las razones que afectan a la dignidad humana deben ser más poderosas que las políticas. Ese criterio es el que se debe aplicar al empleo. Hace unos días una buena amiga, dueña de una ejemplar empresa canaria, me decía que su mayor preocupación ante la crisis económica no era otra que el empleo de sus trabajadores. Me explicaba que detrás de cada empleo que se generó y se consolidó en su empresa había un proyecto de vida. Una persona que había proyectado su vida en función de lo que ganaba, que tenían hijos que estudiaban, hipotecas por pagar, casas a medio construir...Una vida hecha que podría irse al garete. Me decía que buscaba la manera de trabajar más y no tener que prescindir de nadie. Su reflexión me impactó. No es de uso corriente. Más bien lo que se estila en estos tiempos es la sangre fría para regular las plantillas y hacer frente a la crisis. Su comentario me ha servido también para enfocar la petición que ayer hizo el Consejero de Empelo, Jorge Rodríguez, de unidad política frente a la destrucción de empleo. Si los políticos pusiesen rostro humano a los desempleos, a lo mejor entendían que la dignidad humana está por encima de las políticas, o que la política debe seguir manteniendo el servicio como premisa.
Su comentario también me llevó a otra reflexión: si retratamos las vidas destrozadas de los supervivientes y las víctimas del accidente del vuelo de Spanair, por qué no somos capaces de retratar y contar las vidas de muchas personas que han visto romperse sus vidas por el desempleo. Es un reto como periodista.

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La muerte trágica de 154 personas ha puesto sobre la mesa el debate sobre los límites informativos, un debate que surge cada vez que una tragedia de estas características se asoma en nuestras vidas.

Esta profesión tiene muchos agujeros, pero también sólidos criterios legales y éticos que regulan nuestras actuaciones, especialmente en los medios con vocación de ofrecer a sus lectores información seria, rigurosa, veraz y cercana. Desde el primer momento en CANARIAS7 nos planteamos los límites de la información que sobre este suceso debíamos hacer llegar a nuestros lectores. Nos enfrentamos a un hecho histórico. Nunca antes los canarios habíamos vivido un suceso de tal magnitud, en el que 75 personas de una misma isla perdían la vida de forma tan trágica. Debíamos echar todos nuestros arrestos y volcarnos en la información, pero marcando de inmediato los límites. Todos estuvimos de acuerdo en evitar las fotos de las víctimas y aquellas que pueden herir la sensibilidad de quienes lo están pasando muy mal: sus familias. Cada día hemos hecho un ejercicio de reflexión sobre la frontera entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad, el deber de comunicar y el secreto judicial. Todos los días hemos entendido que nuestro deber es informar, pero que los límites vienen impuestos por la cautela que impone la responsabilidad frente a dolor ajeno y a su intimidad. Desde el primer momento tuvimos claro que debíamos rendir homenaje a las víctimas, protagonistas de 154 vidas rotas, conciudadanos, vecinos nuestros, muchos de ellos conocidos y apreciados por toda la sociedad canaria. Y lo hemos hecho de la mejor manera que sabemos: contando a nuestros lectores quiénes eran y qué vida dejaban atrás.

Los únicos límites que nos debemos imponer los periodistas están recogidos en la Ley e impresos en nuestra conciencia profesional. Allá cada cual con su conciencia. La de los medios que deciden sus propias líneas editoriales, la de los profesionales que no se empeñan en dar cordura a su tarea y la de los consumidores de determinados productos que deciden premiar con audiencias masivas la basura

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Hace algunos días escribía en mi columna La Arista un artículo que, para mi sorpresa, causó mucha polémica, y entre algunos internautas hasta indignación. Me sorprendió porque, como muy bien reflejaba algunos comentaristas, dije lo que muchos intuíamos: que las grandes compañías aéreas están aplicando criterios de 'low cost' a la actividad comercial de sus vuelos. Tenía algunos datos, sobre todos los facilitados por los medios de comunicación que en algún momento se hicieron eco de las reclamaciones de los sindicatos, cuestiones éstas que pasan desapercibidas para muchos, sencillamente porque no existe interés informativo, como el que en estos momentos puede tener el material relacionado con el transporte aéreo. Pues bien, hoy, sorprendentemente, el periódico El Mundo publica el extracto de una entrevista hecha a Javier Aguado, uno de los dos inspectores con los que cuenta el Ministerio de Fomento para realizar los más de dos millones de vuelos que a diario se realizan en España. Aguado explica en esta entrevista, que será emitida por Veo Televisión, que el sistema de inspección es muy deficiente en España y que no está garantizada la seguridad. Pero además habla del "gran poder" que las aerolíneas ejercen sobre la Administración, lo que permite a algunas compañías escatimar en gastos de reparación a costa de la seguridad de los usuarios. Evidentemente, ni yo en mi artículo, ni Aguado en su entrevista, dicen que esta situación tenga algo que ver de forma directa con el accidente, pero no dejan de ser reflexiones sobre lo que está ocurriendo desde hace tiempo en el transporte aéreo.

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La globalización tiene sus ventajas, pero también altares de sacrificio. El JK5022 de Spanair es ya uno de esos mausoleos cuya lista de muertos hay que dedicar a las desgracias del mundo globalizado. La liberalización del mercado del tráfico aéreo y la carrera por los bajos costos ha permitido a miles de canarios salir de las islas y conocer el mundo. Spanair fue una de las compañías que abrió una de esas puertas al aislamiento secular. Hasta ayer, con sus ofertas, una familia de cuatro miembros podía viajar a Madrid por 170 euros.Algo insólito. Lo que intuíamos, pero no queríamos reconocer es que sacrificábamos parte de nuestra seguridad en esa carrera.

Habrá que preguntarse si en un primer momento el fenómeno del bajo coste ha propiciado una relajación de los controles técnicos con el fin de abaratar los trayectos y mantener los servicios públicos comprometidos. La loca carrera de las aerolíneas por ofrecer los mejores precios precipitaron de inmediato la calidad de los servicios que prestaban. Lo apreciamos en la cabina. Retiraron los servicios de catering y provocaron una reducción del espacio para el viajero. Pero más allá de las ventanillas, también se repercutieron los gastos por ofrecer vuelos cada vez más económicos. Se han contratado a precios muy bajos a pilotos en todos los rincones de la tierra, cuyas titulaciones ya es imposible controlar. Se han contratado técnicos sin cualificación suficiente. Se han comparado aviones mucho más baratos en el mercado de la segunda mano de la aeronáutica. Spanair, cuyo mercado en las islas creció rápidamente, ha sido una de las primeras empresas que han sufrido los embates de la crisis económica. La reducción drástica en su plantilla ha creado mucho malestar en la compañía y han sido los propios pilotos los que denunciaron la relajación de muchos de los controles necesarios para la seguridad, al margen de numerosas imposiciones en los métodos de navegación para el ahorro en los viajes. En este contexto habrá que preguntarse cuál ha sido el papel del Ministerio de Fomento, cuyo objetivo de control es garantizar que las compañías que operan en España cumplan con las estrictas medidas de seguridad. Habrá que esperar a que la investigación avance para determinar las responsabilidades, pero mientras tanto también habrá que reflexionar sobre esta loca carrera que si bien ha puesto el mundo a disposición de millones de personas, también ha propiciado catástrofes como la vivida ayer en Barajas. Una cosa no debe estar reñida con la otra. Para los canarios viajar es tan necesario como el aire, pero no a costa de la vida de muchos.

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Aquí les dejo algo entrañable en lo que he trabajado en los últimos días: el pregón de las fiestas de Santa María de Guía, leido el pasado día 31 de julio.
El que tiene el privilegio hoy de pronunciar el pregón del inicio de las fiestas en honor de la Santisisma Virgen de Guía nació en Anzo y vivió intensamente en esta ciudad los momentos más decisivos de su vida. Hijo de una modesta familia de campesinos se siente orgulloso de que, lo poco o lo mucho que desde mi posición en la sociedad canaria pueda aportar, esté siempre asociado a esta ciudad.

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