Mariano Rajoy echó un pulso a todo el establismen del PP y lo ha ganado. La imagen que ayer transmitía el XVI Congreso de los populares en Valencia era de renovación, de caras y de ideas nuevas. Un PP mucho más atractivo para millones de personas que no han entendido el mensaje que surgió de la derecha después de los atentados del 11-M. Rajoy superó el pulso del poder aznarista y el pulso mediático. Rajoy logró la legitimación que necesitaba para continuar al frente del proyecto y se deshizo de los complejos de la gestión del pasado. Tiene todo el PP en sus manos, pero también deja en manos de la militancia una segunda vuelta para legitimar democráticamente su elección, si es que quiere volver a enfrentarse a Zapatero en 2012.
Rajoy abre una nueva etapa con un atractivo y entusiasta equipo de jóvenes que introducen frescura a la imagen de la derecha. Un PP que no renuncia a sus esencias, pero que centra sus ideas para acercarse a la opinión menos estricta, menos dogmática y con la que se puede dialogar desde distintos frentes políticos y sociales.
Todo el aparato del PP está preparado para arrebatar al PSOE el centro político y el Gobierno, y todo el aparato del PP está en manos de Rajoy, porque hasta las interferencias de los barones las ha eliminado de los órganos de decisión, que controla él exclusivamente con su nuevo equipo.
En esa tarea, Rajoy cuenta con la crisis económica como aliada para hacer oposición. Se avecina una tarea larga y dura como la misma crisis, intensa como requiere la nueva coyuntura de pesadumbre económica. Hasta el próximo congreso tiene por delante varios exámenes. Debe reconstruir el PP gallego, muy maltrecho después de la batalla y la división que generó el Congreso valenciano. Será una de las primeras tareas de Génova para arrebatarle el gobierno de la Xunta a los socialistas, en junio del próximo año. En septiembre, Rajoy se enfrentará a las elecciones europeas, ganadas por un Mayor Oreja ahora en la oposición a Génova y casi decidido a irse a su casa. La oportunidad estará en consonancia con la situación de la crisis, el desgaste del Gobierno, las ganas que tengan los ciudadanos de castigar a Zapatero y la imagen de unidad que el PP pueda transmitir a partir de ahora. Antes de las generales deberá también el PP enfrentarse a la reconstrucción del PP vasco y a unas elecciones autonómicas que le pasarán factura por la salida de San Gil. El PP se enfrenta también a Rosa Díez, que se presenta también en el País Vasco ocupando un preciosos espacio de centro derecha y a un electorado acostumbrado a girar siempre a favor del gobierno de turno.
Pero el gran reto de Rajoy será decidir volver a ser presidente del PP en 2011 y candidato a la presidencia. En un gesto que le honra, ha dado vía libre a una especie de primarias a las que se someterá para renovar y ser el candidato. Hasta ese momento las espadas estarán en alto. La conciliación de intereses que ha suscitado este Congreso que hoy acaba está lamentablemente reñida con la ambición y aspiraciones de un Gallardón que tiene mucha prisa o de Esperanza Aguirre, que no quiere quedar al margen del poder nacional. Podrá ser un paseo triunfal o una nueva crisis como la que se acaba de cerrar.
Las primarias introducidas ayer por el PP resuelve a Rajoy las hipotecas que adquirió con los barones del partido. Al dar vía libre a las primarias en las regionales y en las provinciales, en el caso de Canarias en las insulares, permitirá conformar candidaturas alternativas para disputar a los líderes regionales. Una posibilidad hasta ahora no contemplada en el escenario que llevó, por ejemplo, a José Manuel Soria a apoyar a Mariano Rajoy con los avales de Canarias. Los compromisos adquiridos por Rajoy para el apoyo a los barones, como el caso de Soria, en sus feudos, queda a expensas de los procesos democráticos que el PP introdujo ayer en su organización. A pesar de todo el esfuerzo y el desgaste de Soria para apoyar a Rajoy, el líder del PP canario sale de este Congreso más debilitado de lo que entró. No ha logrado prácticamente ninguno de sus objetivos. La ponencia política encargada por Rajoy acabó con una de las crisis más duras por las que ha atravesado el PP en su etapa precongresual, originando la salida de una mítica San Gil. Soria tampoco ha logrado estar en la primera línea política del partido en Madrid, frustrando también su aspiración personal de dar el salto a la política nacional. El Congreso por el que tanto apostó Soria deja abierta la puerta a que en Canarias se conformen una o varias plataformas para arrebatarle el poder en unas primarias que está ahora obligado a convocar.

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