La victoria del PSOE nos anuncia una nueva etapa de cuatro años en la que los resultados imponen la desaceleración y la moderación de las políticas territoriales puestas en marcha por José Luis Rodríguez Zapatero. Su escasa victoria se sustenta en el voto útil de la izquierda y el del nacionalismo radical, representado por Ezquerra, que más que castigado es abandonado por su electorado.
La legislatura se caracterizó por una iniciativa clara para aglutinar los intereses de la izquierda y del nacionalismo radical, y los resultados obtenidos indican que este espacio ha visto en el PSOE el mejor referente para la defensa de sus intereses y de sus ideas, mientras que el nacionalismo moderado mantiene su suelo intacto. El Estatuto de Cataluña constituyó uno de los ejes fundamentales de la política de Estado. Con esta iniciativa Zapatero dejó espacio a los independentistas de Cataluña para abrir el camino de los radicales de Batasuna. Paralelamente se negociaba con ETA, pero una opinión pública adversa, una Ezquerra más radicalizada y un grupo terrorista embravecido, obligó a girar de nuevo y a deshacer parte del camino andado. El nuevo escenario sigue siendo complicado para Zapatero, que tendrá que enfrentarse a un referéndum en el País Vasco y a lo que diga el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, pero ahora, obligatoriamente, con socios más moderados y con un aviso de la sociedad española que no le da la soñada mayoría absoluta y otorga al PP un amplio apoyo nada despreciable que ratifica el deseo de que las cosas se hagan de otra manera. Zapatero no debe interpretar que tiene las manos libres para seguir apartando al PP y a los nacionalismos moderados de las grandes decisiones aunque la victoria se le hayan dado los sectores más radicales. Todo lo contrario. Debe interpretar que el avance del PP, la entrada de Rosa Díez y la victoria de CiU expresa claramente que el radicalismo, en los temas de comer, es peligroso para todos y que se impone el consenso.
En Canarias «vuelve a ganar Aguilar», pero tampoco con el pleno al ocho, que era lo que esperaban. Arrebata un diputado en Las Palmas, posiblemente al nacionalismo, pero no al PP, que mantiene intacto su suelo y crece en Tenerife. Quién debe replantearse su futuro es el nacionalismo. Nueva Canarias queda reducida a un escaso espacio en Gran Canaria, sin trascendencia para Canarias en el Estado, lo que posiblemente abrirá un intenso debate interno, sobre todo desde algunos líderes municipales que ya han expresado su desacuerdo con la excesiva vinculación al PSOE, que aparece ahora como la fuerza que los fagocita. Coalición Canaria queda reducida a Tenerife, donde pierde suelo electoral a favor del PP, aunque sus dos votos en el Congreso pueden ser tentados por los socialistas en esta nueva etapa que anunció ayer Zapatero.

Escribir un comentario