Todos esperábamos una remodelación a fondo del equipo de Gobierno en el Ayuntamiento capitalino, pero Saavedra ha optado por solucionar sólo uno de sus problemas. Lo hace con ciertas prisas, a pesar del tiempo para pensar, y aceptando a una mujer de López Aguilar, muy preocupado por el desorden interno en las filas de los socialistas en el Ayuntamiento y por la sucesión del alcalde.
Carolina Darias, a quien nadie le arrienda las ganancias, se convierte así, en edila de Urbanismo, en la valedora de los intereses de Aguilar en el Ayuntamiento y en la posible sucesora de Saavedra. El problema es si es digna de tal mención, a juicio de los que creen que su tiempo en la política municipal se acabó cuando accedió a ser subdelegada y posteriormente diputada para estar en el núcleo duro de Aguilar.
Ni Saavedra ni López Aguilar solucionan así el problema en el Ayuntamiento, porque el problema es que el PSOE no tiene condiciones para la estabilidad y la eficacia. Se trata de un gobierno municipal excesivamente condicionado. La guerra de la sucesión sólo ha comenzado. Los actuales concejales, salvo excepciones, no tienen suficiente perfil, ni político, ni técnico. Los que son están divididos en varios grupos de intereses. Existen varias facciones en el seno del grupo de Gobierno, incluyendo la del propio alcalde. El grupo está permanentemente sujeto a la histeria de personalismos, chismorreos y trivialidades, impropias del ejercicio de la política y del poder. La contratación de técnicos ha creado más problemas. Ha estado muy pegada al carné más que a las posibilidades profesionales y a objetivos, por otro lado, dispersos en las distintas áreas. El grupo de gobierno permiten la intervención de fuerzas externas, que además pugnan por intereses diversos, muy pegados a determinados lastres económicos; presiones a las que tampoco escapa el propio Jerónimo Saavedra. La edad del alcalde sigue siendo un problema para el Ayuntamiento y la guerra sólo ha comenzado. Quedan tres largos años de inestabilidad. El alcalde cerró ayer una segunda crisis que será el preludio de la tercera, que se le colará por cualquiera de las rendijas que siguen abiertas.

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