De los más de 600 folios de una sentencia sólo nos hemos quedado don dos simples ideas. La esgrimida por el PSOE: “ no fue ETA"; y la que más ha gustado en el PP: “no hay autores intelectuales”. Dos ideas que corresponden a una única verdad: la sentencia no cierra las heridas abiertas el 11-M.
Los socialistas padecen una especie de complejo por ganar como ganaron y han visto en el fallo judicial la justificación a su inesperada victoria en las elecciones. La sentencia ha sido recibida como la absolución a sus estrategias políticas en las trascendentales horas que precedieron a los atentados, hasta llegar a la contienda electoral. Los socialistas han padecido una especie de complejo de legitimidad y la sentencia se ha convertido en una confirmación institucional de que ganaron limpiamente. El veredicto ratifica la mentira del PP, limpia la conciencia de los socialistas y legitima su victoria.Pero, para desgracia del PSOE, esa sentencia no disipará nunca las dudas. El drama de los españoles no se supera con este aserto judicial. La sentencia no entra a valorar la trascendencia de que una chapucera célula islamita pudiese cambiar el rumbo de la historia de España, poniéndola a favor de Zapatero. Todo lo demás es ruido ensordecedor con na sola idea: No fue ETA. La verdadera herida socialista no son las mentiras del PP, sino su falta de legitimación democrática para estar donde están. Y lo saben.
El fallo judicial tampoco cierra la herida del PP. Perder el Gobierno de una forma traumática y quedar como mentirosos, sigue siendo la cruz de los conservadores. Por eso el empeño avivar cualquier resquicio que sostenga las razonables dudas que han quedado de aquel cambio de rumbo en la historia. Una cuestión que la sentencia no resuelve.

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