Me gustan los programas televisivos basado en el humor político, como Caiga Quien Caiga. Tienen un punto de humor interesante, pero siguen el mismo esquema que El Tomate donde se despelleja vivo y con escasos argumentos a quien se ponga por delante. Es la tónica dominante: humor, cotilleo, comentario fácil y superficialidad, triunfan con una facilidad pasmosa y ante el fenómeno sucumben hasta los políticos más serios.
Es decepcionante ver que los políticos, que hace unos meses huían de los reporteros de este tipo de programas, han dado órdenes de que en los mítines tengan lugares privilegiados. Los gabinetes de comunicación de los partidos políticos se esmeran en preparar las respuestas más ocurrentes a las preguntas más osadas, sabiendo que se cuelan perfectamente en las audiencias. Este es uno de los síntomas de la vertiente por la que nos deslizamos. Mandan los sentimientos negativos. Mandan los cotilleos. Mandan las pasiones ideológicas. Manda el chismorreo, la murmuración, el comadreo, la habladuría, la conspiración.
Hace días nacáa Público, un nuevo periódico que un importante sector de la izquierda española esperaba para ver reflejadas algunas de sus ideas. No ha sido así. Los periódicos de la izquierda española se pelean con las mismas armas que lo hacen los programas del corazón y los de cotilleo político. No dan razones a sus lectores, sino que compiten por ver quien echa más basura sobre la derecha. La izquierda necesita una profunda y seria reflexión sobre su futuro ideológico y nadie es capaz de iniciarla publicamente, por el contrario, quien debe hacerlo se engancha al fácil recurso de la propaganda barata.

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