Esta semana celebramos el 80 aniversario de la división provincial. Una celebración que confieso no tengo en gran estima. Es posible que estratégicamente sea necesario resucitar los fantasmas del pasado para poner en su sitio algunos desequilibrios que ATI ha intrudicido en el Archipiélago, pero no deja de ser esta efemérides un fantasma más para los canarios, que no llama, precisamente a la fiesta.
Creo que términos como independencia, nacionalismo, centralidad del Estado, división provincial, pleito insular... no dejan ser recurrentes históricos de una organización territorial, y, en último término, expresión de las luchas de poder propias de todos los pueblos. Ser canario o ser español, ser tinerfeño o gran canario no deja de ser una circunstancia más, inherente al azar genético, que en nuestro caso nos ha premiado por depositarnos en una especie de «paraíso» en medio de la miseria africana. Ser canario no es más que una forma de identificación con el lugar en el que se nace y con la lucha de las estructuras sociales.
Las disputas territoriales, las nacionalistas y las independentistas suenan hoy a caña rota, cuando los canarios hemos puesto nuestros ojos en un mundo cada día más plano y al alcance de todos. El tan manido pleito insular es un discordante acorde en una manida melodía, sobre todo cuando los peligros a los que nos enfrentamos los canarios ya no son los propios canarios, como algunos están empeñados en hacernos creer; ni los españoles, como operan los nuevos focos mediáticos del independentismo interesado. Los peligros a los que se enfrenta Canarias son sus debilidades estructurales y su fragilidad frente a un o turbulento continente africanen el que hierve a fuego lento la violencia. Conservar el status que tenemos, los logros que hemos alcanzado a lo largo de nuestra vinculación cultural y económica con Europa y abrirnos al mundo, debe ser nuestra tarea prioritaria. Lo demás, el pleito, la independencia y el nacionalismo... sólo son entretenimientos políticamente interesados que nos atrapan en el siglo pasado y nos distrae de los grandes retos de los canarios frente al mundo.

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