Esta semana celebramos el 80 aniversario de la división provincial. Una celebración que confieso no tengo en gran estima. Es posible que estratégicamente sea necesario resucitar los fantasmas del pasado para poner en su sitio algunos desequilibrios que ATI ha intrudicido en el Archipiélago, pero no deja de ser esta efemérides un fantasma más para los canarios, que no llama, precisamente a la fiesta.
Archivos Septiembre 2007
La polémica política con la que se inicia septiembre es sólo el preludio de lo que llegaremos a ver en los próximos meses de campaña electoral para las generales que se celebran en marzo. La actualidad política canaria está marcada por estas elecciones, porque son, en sí mismas, una de las claves para resolver la continuidad del pacto PP-CC. Pero además servirá para evaluar el futuro, a medio plazo, de la continuidad del matrimonio entre derecha y nacionalismo, un matrimonio que, en contra de la creencia socialista, se robustece cada día más en la adversidad. A esta situación se añade otro dato de estimable valor: la irrupción de los socialistas en las instituciones y su fuerza en el Estado convierten estas elecciones en una especie de «última gran batalla », en la que veremos de todo.
La República Canaria y su constitución merece una detenida lectura. Es inexplicable que la edad no haga madurar a algunos ideólogos como Antonio Cubillo. No es que censure la independentismo, lo que censuro es la enorme falta de libertad y el totalitarismo que respiran los independentistas. Todo el documento habla de un proyecto que se impondrá a todos los canarios. Todo nuestro sistema político, nuestra forma de vida, nuestra lengua y hasta el diseño de la cultura está predeterminado, sin que nadie nos pregunte lo que queremos. Censuro ese aroma totalitario y que se siga pensando que la iniciativa es de un loco.
