Hace más de dos siglos que Europa persigue las promesas del universalismo liberal de la Ilustración: justicia, igualdad, derechos civiles, democracia y publicidad. En menos de seis meses, el Partido Popular ha renunciado a todas ellas.
Que el Gobierno de Mariano Rajoy cargue contra las bases del Estado de Bienestar no sorprende, dada su afinidad al neoliberalismo económico. Prefiere la propiedad privada a la igualdad y la criminalización a la justicia. Mientras que recorta en Sanidad y Educación, perdona el fraude fiscal con una amnistía a la que el delincuente confeso puede acogerse cómodamente desde casa por internet.
Por otra parte, la Ley de Transparencia es, cuando menos, una tomadura de pelo. Son más las excepciones que las inclusiones, con lo que el principio de publicidad, que sigue sin afectar a la Casa Real, se diluye antes que se termine de leer el texto de la norma.
Respecto de los derechos civiles, el pisoteo comenzó con la propuesta para cambiar el Código Penal e incluir la resistencia pasiva. Además, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, pretende eliminar de la asignatura de Educación para la Ciudadanía el respeto al pluralismo y el rechazo a la homofobia. A esto hay que añadir la guerra de Gallardón contra la ley del aborto.
Y por último, el control parlamentario (democracia). Las preguntas y las críticas estorban cuando se pretende convencer a la ciudadanía de que no hay otra política posible, por lo que se prefiere gobernar a golpe de real decreto, sustrayendo el debate a las Cortes. Es de esperar que en breve las declaren gasto inútil y las cierren para ahorrar costes.
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