los blogs de Canarias7

Novedades en la categoría periodismo

Por fin parece que han escuchado nuestras quejas. Me refiero a nosotros, pobres redactores indefensos ante el azote del refrito y el plagio, agravados y popularizados hasta la náusea en la era digital, gracias a esa arma temible que conocemos como copia y pega.

Oí una vez que no hay nada más cursi que citarse a uno mismo, pero me parece que quien lo dijo se refería a la época del papel, como dicen con condescendencia los sacerdotes de la nueva religión.

Como esto es Internet, creo que no se verá mal que me autoenlace, porque yo ya había escrito de esto antes aquí., Manías que tiene una, qué se le va a hacer.

Se ha producido la primera detención motivada por un plagio de esta naturaleza. Por lo que cuenta la agencia Efe, no es un plagio de una obra maestra,ni siquiera de una canción de Madonna, sino de una noticia que podría haber escrito cualquiera de los cientos de periodistas que nos ganamos la vida buscando la información en origen, y no en el pupitre del vecino, como si esto fuera un exámen y ellos jamás estudiasen la lección.

En este momento, nueve y pico de la mañana, la noticia de tu muerte es la más leída y la más valorada en www.canarias7.es Ya sabes que la estadística alcanza a las últimas 24 horas, por lo que en breve perderás ese puesto. Pero me parece muy significativo que este hecho se dé en el periódico de la competencia. No sé si estarías de acuerdo,

Hace ya diez años que el periódico de la competencia es mi casa, o sea, que hace una década que dejamos de vernos todos los días. Querido Salvador ya sabes que cuando alguien muere, los que se quedan intentan paliar su ausencia con los recuerdos. Ayer estuvimos con tu hermano Quino en el tanatorio. No lloramos nada y sí nos reimos mucho hablando de tus cosas.

Esta mañana me acordaba de aquel día en que me metiste en el coche al profesor Reina, aquel estrambótico personaje de la fauna local, nada amante del jabón, a quien solías invitar a cantar isas en chino cantonés. Yo era muy jovencita y aquel hombre con gorro ruso -no sé si de astracán- que me metiste en el sillón de atrás de mi utilitario, se empeñó en invitarme a conocer a no sé qué señores con vista a ¡casarme!

También me vino a la cabeza aquella otra ocasión en la que me invitaste a participar como ponente en la escuela de periodismo que organizaste en Guanarteme. Fue una escuela nada pretenciosa, de barrio. Yo era una piba, pero allí que fui a hablar del oficio. Bueno, a intentarlo, porque me interrumpiste ochenta veces, siempre para llevarme la contraria.

El encuentro este del taller de periodismo no fue nada académico. Fue como eras tu, más real, mas de asfalto, de acera, de barra de bar .. Como tu periodismo, que tenía tanta carne y tanto hueso que a veces hasta sudaba. Porque eras muy bueno, jodío, con tu mala leche, claro, pero muy bueno con las teclas del ordenador.


Aquí Marisol te hace un fenomenal homenaje.

No sé por qué misterio de la naturaleza desde que tuve uso de razón quise ser periodista. No tengo antecedentes familiares. Sí fui una lectora precoz de literatura pero no de periódicos y, sin embargo, siempre quise dedicarme a este oficio.

Lo conseguí y llevo más de 20 años en esto, siempre en la prensa local. La experiencia no me ha defraudado y sigo queriendo ser periodista. Salvo los días malos que todos tenemos, suelo encaminarme hacia la redacción con la mejor de las disposiciones. ¡Ah! ¿Qué pasará hoy?

Esta bendita profesión me deparó este miércoles un encuentro que para mí, dados los antecedentes, resultó un gran encuentro. Me refiero a una entrevista que tuve el placer de hacer a Rosa María Calaf, veterana corresponsal de TVE en el extranjero.

Para mi la Calaf es como Gasol para un jugador de baloncesto; como Niemeyer para un arquitecto o como un magistrado del Supremo para un juez de lo Penal. Para mí y creo que también para muchos otros compañeros, los corresponsales en el extranjero son una suerte de aristocracia del periodismo, no en un sentido elitista o banal, sino en uno puramente profesional. ¿Qué más periodista se puede ser? Si se hace bien, claro está, porque ceporros y deshonestos puede haber en todos lados. Pero no la Calaf, una de las mejores.

El encuentro con esta señora, jubilada hace año y medio, fue escaso en tiempo pero muy aprovechado. Las previsiones se torcieron y en vez de la media hora prometida, tuvimos apenas veinte minutos. Ella, lejos de amilanarse, habló muy deprisa de manera que yo volví a mi periódico con mi entrevista, como habíamos quedado.

Fue cercana y muy amable y expuso argumentos sobre la profesión que reforzaron mi idea de que acerté al elegirla. Fue un visto y no visto de casi 20 minutos, pero hablamos de varias cosas: de la necesidad de no conformarse ante la vigencia del periodismo espectáculo; de su esencia como servicio a la sociedad; también de que no para y de que nada más jubilarse hizo un viaje en coche por Australia y en dos meses y medio recorrió 13.000 kilómetros; de la naturaleza humana -"todos queremos lo mismo"-, de China y hasta de un fugaz encuentro con Sinatra.

GM000120510.jpg

Después cuando caminaba hacia el coche para volver a la redacción del periódico pensaba en lo agradable que había sido la entrevista y en todo lo que había aprendido en tan poco tiempo. También pensé en cuanto periodista bobilín he conocido -del país y del exterior- que por haber escrito cuatro cosas ya se cree un master del universo, como los de Wolfe.


(En la foto de Gerardo Montesdeoca, la Calaf y yo a su lado, este miércoles en Las Palmas de Gran Canaria)

Reconozco que a veces me comporto como una veleta. Voy del amor al odio en un pispás. Es lo que tiene el amor verdadero, que no sabe de medias tintas.

Me pasa mucho con internet. Hay días que no lo aguanto y otros que lo adoro. Como esta noche. Me ido a recorrer el mundo de una forma que me gusta mucho y que consiste en visitar ediciones digitales de periódicos con pedigrí. Un diario dice muchas cosas sobre sus lectores. Más, si la edición digital incluye hasta las cartas al director. Como hace el Gramma

Me entretuve leyendo algunas y me topé con ésta. Se titula No más sermones con los zánganos, la firma A. Rondón Velazquez y habla "de la lucha contra la vagancia en Cuba" . Si la quieres leer, pincha aquí. Atención a la expresión "palique ambulatorio".

Pegada a ésta hay otras cartas sobre el problema del calzado escolar, la reventa de entradas y otros asuntos no menos cercanos, como lo que parece ser un botellón a la cubana.

Todo muy curioso, pese al estilo tan uniforme de la redacción que me hace recelar un poco. Para completar el viaje, te recomiendo a Yoani, la bloguera cubana ganadora del premio Ortega y Gasset de periodismo digital el año pasado. Aquí Yoani habla para la radio tras enterarse de que ha ganado el premio. La entrevista tiene un año, pero está muy bien.

El otro día soñaba despierta, mientras esperaba en un semáforo. Normalmente aprovecho el coche para oír la radio, pero hay momentos en los que el sonido radiofónico pierde sus contornos y se convierte en el ruido de fondo de mi imaginación. O, dicho en román paladino, se me va el baifo y me marcho por los cerros de Úbeda a buscar ideas o boberías, que también puede ser.

Era un semáforo de esos eternos y yo empecé a enlazar pensamientos con mucha energía. El punto de partida fue un refrito. No de pimiento y cebolla, sino periodístico. Es decir, un plagio, un robo, una fusilada. Una copia que no cita la fuente original, se aprovecha del trabajo ajeno y lo hace parecer como propio.

Trabajé con un director de periódico que decía que no sólo era elegante citar a otro medio de comunicación, si se daba el caso de que lo tuvieras que utilizar como fuente de una noticia. También era propio de honestos e incluso, de precavidos: ¿Y si era errónea? Se llama juego limpio, fair play para los ingleses. papas.jpg
En este caso, el refrito que desencadenó mis pensamientos fue uno que me había llegado al correo, en uno de los párrafos de un texto que se presentaba como nota de prensa, lo que viene a ser el colmo de un refrito. Lo cacé al vuelo, porque el original era mío y además, muy reciente. Todavía estaba caliente y bastante grasiento, por cierto.

Hay algo que no he explicado y que aquí resulta esencial. En cuestión de refritos, como en todo en la vida, hay categorías. Éste era de la superior. Su autor no se había molestado en disfrazar el robo con una redacción nueva, simplemente había copiado palabra por palabra, lo había colocado entre otros párrafos -no sé si originales-, y la había enviado por email. A mí, entre otros.

Hace unos años, algunos colegas de la prensa escrita local decíamos con ironía que en determinadas emisoras de radio se oía el aceite crepitando por las mañanas. Algún locutor era tan descarado que se podía oír el ruido que hacían las hojas del periódico al pasar, pues hacía su informativo matutino con las informaciones que tú te habías currado el día anterior, a menudo con bastante esfuerzo.

Hablo de tiempos sin móviles, email, internet y todas esas novedades que facilitan mucho el trabajo, pero también lo domestican. De los tiempos en que los refritos eran hechos concretos, aislados, definidos. Hoy, en la era del corta y pega global, te acechan por todas partes y tienen multitud de formas.

Especialmente sibilino es el refrito que se cree elegante, porque cita en pequeñlto la fuente original. Aquí te enlazo uno bestial. Si vas al final del artículo, verás que pone CANARIAS7, abajo a la izquierda. El artículo es mío, todo mío, pero ahí está sin firma, sin permiso, sin enlace ... ¿Será verdad lo que dice? Yo sí lo sé. ¿Lo sabe el que lo fusiló?

Sentadita en mi utilitario, con el runrún de la radio de fondo, empecé a imaginar qué pasaría si la originalidad se esfumara y todos nuestras lecturas fueran resultado de un corta y pega encadenado y circular. Que nadie buscara ideas nuevas, sino que todo fuera un refrito sin fin. Y entonces cambió el semáforo y yo arranqué, no muy convencida de que la idea fuera tan descabellada.

(Umberto Eco habla de mermelada comunicativa, aunque no creo que se trate exactamente de lo mismo).


(En la foto de morguefile, unas papas fritas, of course)

Este martes participé en la versión regional del programa 59 segundos de TVE, un espacio de debate al que acuden seis periodistas y un invitado. El programa lleva ya bastantes semanas en antena y desde el principio se caracterizó por una presencia masculina mayoritaria. En muchísimas ocasiones - si exceptuamos a la conductora de programa, Fátima Hernández-, la mesa ha estado compuesta íntegramente por varones. Varones los periodistas, varón el invitado.

La exclusiva presencia masculina se repitió tantas veces que llamó la atención. ¿Dónde están las mujeres periodistas?, me preguntó más de una amiga con cierto desaliento. Me consta que el programa intentó desde casi el principio invitar a mujeres periodistas a los debates, pero salvo honrosas excepciones -Marta Cantero, Herminia Fajardo, Carmen Ruano y Carmen Merino - sólo cosechó negativas -la mía, entre ellas-.

Será que nosotras tenemos el sentido del ridículo más desarrollado. O puede que sintamos más pudor a hablar sobre asuntos que no dominamos del todo. No lo sé, seguramente cada una tuvo una razón distinta para rehusar la oferta. No quiero caer en lo mismo que critico. Las mujeres no respondemos a un prototipo. Somos muy distintas unas de otras y, desde luego, no somos trémulas damiselas que se sonrojan cuando alguien les dirige la palabra. Aunque también las haya.

Es un hecho que durante semanas la dirección del programa, en manos de la periodista Chenty Llorca, recibió una y otra vez la misma negativa cuando invitaba a alguna mujer periodista. Hasta este martes.

mujer2.jpg

Con motivo de la celebración el pasado domingo 8 de marzo del Día Internacional de la Mujer -que no de la mujer trabajadora -, al equipo de 59 segundos se le ocurrió reunir a un grupo de mujeres periodistas y que la mesa, por una vez, estuviera formada sólo por mujeres.

El 8 de marzo es una de las efemérides que suelen festejar los medios de comunicación. A nosotros en Canarias7 se nos ocurrió publicar una serie de entrevistas, un reportaje sobre los grupos feministas en la transición, y apoyar desde la edición impresa con más ímpetu que otros años la elaboración de nuestro mural del día de la mujer. 59 segundos decidió reunir a mujeres periodistas. Muchas creemos que el Día Internacional de la Mujer debe seguir celebrándose, como otros días internacionales instaurados para reivindicar situaciones injustas que no debemos olvidar.

La decision de invitar sólo a mujeres fue también un intento más del programa para animar a las reticentes de la prensa a salir en la tele. Esta idea no gustó a todos. Algunas personas se la tomaron a coña -el chistecito machista ese inocente del que hablé hace unos meses-, y para otras fue casi una ofensa a las propias mujeres.

Una compañera de la mesa -Carmen Ruano-, inició su primera intervención en el programa con una protesta por el hecho de que fuéramos todas mujeres y la entrevistada -otra mujer-, la consejera de Bienestar Social, que lleva asuntos considerados de mujeres, y no el consejero de Empleo, por ejemplo. Al día siguiente, una compañera del periódico me vino a decir que estaba muy de acuerdo con Ruano.

Si no las entendí mal, para ellas el invitar a mujeres a hablar de temas de mujeres, cuando en programas anteriores apenas se les había visto el pelo, constituía una discriminación más. Desde este punto de vista, sólo tratando temas considerados de hombres podíamos sentirnos satisfechas. Es decir, para ser iguales teníamos que ser como ellos.

Yo discrepo, y así lo dije, porque creo que ahí está parte del problema. A veces pretendemos ser iguales no desde nuestra diferencia, perspectiva o forma de ser, sino desde la suya. Es decir, reconocemos el hecho de que ellos siguen siendo los dueños del club y que nosotras, para entrar, tenemos que aceptar sus normas. Es como cuando yo jugaba de niña con mi hermano y mi primo, tenía que aceptar sus reglas, tenía que ser un niño más.

Parece que nosotras mismas nos avergonzamos de los llamados temas femeninos, que, por otra parte, según destacaron algunas de las otras periodistas que intervinieron este martes -Marisol Ayala, Letizia Martín, Herminia Fajardo y Soraya Morales-, también deberían ser temas de hombres y viceversa, al menos desde el punto de vista de un debate periodístico.

También desde esta perspectiva cualquier opción debe ser válida en cuanto a participantes: sólo hombres, hombres con mujeres, mujeres con hombres y, por supuesto, solo mujeres. Aunque sea con motivo del Día Internacional de la Mujer, que, por otra parte, es una razón excelente.

(En la foto de Efe, un grupo de mujeres llora su marcha de un asentamiento israelí en Gaza, en 2005).


Ha muerto Enrique Pérez Montesdeoca, periodista. Tenía 56 años y trabajó durante buena parte de su vida profesional en el gabinete de prensa de la Presidencia del Gobierno de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria.

Allí lo conocí yo. Los periodistas que trabajamos en los medios tenemos mucha relación con colegas que hacen lo propio en gabinetes de prensa. Su trabajo es lanzar mensajes, mediar, facilitar, servir de puente entre la institución para la que trabajan y los medios de comunicación, nosotros. No son el único camino para conseguir información, pero sí uno importante.

Con Enrique tuve unos años de frecuente relación profesional. Cortas conversaciones telefónicas o algún rato de espera en el despacho que compartía por entonces con sus compañeras Olivia y Fátima. Y siempre fue el mismo: un tipo con buen humor.

Nuestra relación nunca fue más allá, pero tampoco más acá. Era un tipo afable, un coñón con el que daba gusto hablar, aunque el tema de la conversación fueran el más aburrido decreto gubernamental o la más anodina y absurda comisión política. Todo tenía miga, todo tenía chiste.

Recordarlo ahora que ha muerto me hace pensar en la importancia del buen humor, porque hay mucho sieso al otro lado del teléfono, mucho personaje gris, mucho agorero cargado de nubarrones.

Enrique era todo lo contrario: hablar con él siempre fue un placer.

Imagine un día calurosísimo. Usted tiene 25 años y la noche anterior ha estado de fiesta. Apenas ha dormido unas horas, pero ese día debe conducir 90 o 100 kilómetros porque está invitada a comer en la casa de una señora gallega, galleguísima. Una señora de las que reciben como Dios manda. Si espera una comida frugal, está usted muy equivocado. La frugalidad es una virtud poco cultivada en este país de verdes y suaves montañas.

Llega usted con toda su resaca a cuestas y con el calor del camino que ha hecho en un utilitario de los de antes, de los de ventanilla a manivela y cables que asoman por debajo del volante. De los tiempos en los que el aire acondicionado era un extra solo en vehículos de alta gama.

Usted espera una ensalada, una ensaladilla, quizás unas croquetas a todo meter. ¡Cuán errado está! La señora que, repito, es gallega, galleguísima, le tendrá preparado todo eso y más, mucho más. Quizás no tenga el omnipresente pulpo a feira -más propio de bares y tabernas-, pero a cambio puede que le ofrezca un contundente chorizo y algún fruto de la mar, -almejas quizás-, y empanadillas, croquetas, queso de tetilla...

Usted se entrega en los aperitivos porque están deliciosos y son abundantísimos y, además, nadie ha tenido la gentileza de ponerle sobre aviso. No se deje engañar por el aspecto inofensivo del gazpacho. Es sólo para despistar. La verdadera comida está por llegar. A pesar de que hasta las merluzas buscan la sombra porque esa leyenda de que aquí siempre está lloviendo es una falacia, hay cocido gallego. Y este es un cocido gallego, galleguísimo. O sea, descomunal.

Como usted tiene la fortuna o la desgracia de ser nueva en la plaza, la invitada, la novia del jovencito, la canaria de allende los mares, la colocarán en un lugar preferente en la mesa y, aprovechándose de su candidez, le servirán una ración de obispo.

La fuente de las carnes da respeto, con su medio metro de diámetro desbordado. Hay de todo, hasta un par de orejas de porco (el cerdo de aquí) con sus pelillos. Ya saben a quién le va a caer una de estas sugerentes orejas, junto a otros treinta tipos de elementos diversos entre verduras, carnes, vísceras y alguna legumbre.

Hay que festejar el cocido, pero a usted no le cabe un garbanzo en el estómago. Así que hace de tripas corazón y va comiendo poco a poco. Está todo sabrosísimo y en su punto exacto de cocción. Sabe a gloria pero todo tiene un límite. A trancas y barrancas lograr acabar con el platazo que le han servido mientras, además, trata de evitar que se le note que está a punto de explotar.

Va dejando la oreja para el final; más bien, va escondiendo la oreja como puede entre los restos de los otros ingredientes. Picotea para disimular hasta que alguien le hace la pregunta salvadora: ¿Terminaste? ¡Sí, sí!, exclama con júbilo casi a punto de lanzarse a bailar una muñeira.

Se recoge la mesa y cuando usted cree que ha llegado la hora del café, que ya está bien de comer, avisan que hay cañitas (hojaldre relleno de nata o de crema) y filloas -los crepes gallegos-. Tienes que probarlas, le dicen con un tono que suena a amenaza, y le sirven una de cada.

Termina la comida; se toma café y se abre el aguardiente. Tras la tertulia y antes de que le den tiempo a recuperarse, alguien empieza a hablar de merienda, entonces, presa del pánico, se levanta como puede, da las gracias más efusivas a su anfitriona, coge impulso y se echa a rodar por el jardín, camino de la salida.

La que ha montado Libia porque el hijo pequeño de Gaddafi tuvo un problema legal en Suiza. ¿La has leído?

Pasé por Libia en las navidades de 1991, gracias a un rally que segui como periodista. Recuerdo dos o tres detalles curiosos de aquel país. Uno de ellos fue el trámite del pasaporte a la entrada, que fue muy original. En lugar de una ventanilla, había una fila
de funcionarios sentados detrás de un largo mostrador de madera. De nosotros se esperaba que hicéramos cola en un extremo para entregar el pasaporte al primer funcionario de la derecha. Así lo hicimos y el mecanismo burocrático se puso en marcha.

El primer funcionario cogió el primer pasaporte, lo abrió, observó con detenimiento cada página, lo cerró, y lo entregó al funcionario de su izquierda. Éste hizo exactamente lo mismo y lo pasó al siguiente. Así, unos cuatro o cinco funcionarios. El último de ellos estampaba el sello de entrada y devolvía al documento a su escamado propietario.

Antes, en la pista del aeropuerto nos habían recibido un par de fotógrafos de prensa provistos de cámaras de apariencia antigua, con esos flashes que van dentro de una especie de tazas de metal sin asa. Sólo faltaba James Cagney en una de sus películas en blanco y negro.

Y en el lugar donde acampamos, que era otro aeropuerto, se veía al fondo la silueta de un puñado de aviones de guerra que algunos de nosotros examinó durante la noche y aseguraba que eran de cartón piedra.

Han pasado algunos años de aquel paso fugaz por el país de Gaddafi, que la noticia sobre las represalias a Suiza por el arresto de su hijo me han hecho recor. ¿Serían los aviones de cartón piedra los juguetes del niñito?



Esta mañana me contaron la historia de un perro que tiene cáncer de piel. Lo contrajo porque es albino y ahora recibe un tratamiento de quimioterapia en pomada.

-¡Qué cosas le pasan ahora a los perros!, me comentaba una vecina.
-... bueno quizás es que antes no iban tanto al veterinario..
-Claro, se morían y no se sabía de qué. Simplemente, se morían.

Me despedí de mi vecina rumiando la idea de que lo que no se conoce, es como si no ocurriera... Así me lo decía un político canario al que respeto mucho, un día de campaña electoral para unas elecciones generales que pidió el voto en un mercado. Fue hace diez o doce años

Yo acompañaba al grupo como periodista, para escribir en mi periódico sobre el acto electoral . "Ángeles", me decía el candidato, "lo que no sale en los medios no existe; si tu no hubieras venido, esto (el acto en el mercado) es como si no hubiera pasado".

Del mercado y el candidato volví al perro. Si nos dicen que un setter murió de una insuficiencia renal o de un cáncer fulminante, su desaparicion nos parecerá mucho más dramática que si simplemente nos cuentan que murió, a secas. El hecho de padecer una enfermedad humaniza al animal, es verdad, pero ese aspecto lo dejamos para otro día. Hoy voy a las cosas que pasan, pero que son como si no pasaran, a la importancia de contar algunas; a para qué sirve eso que llamamos periodismo.perros.jpg

El pasado 16 de julio la agencia Efe distribuyó la siguiente noticia:

Activistas saudíes pro derechos humanos se esfuerzan para impedir el casamiento de un hombre de 60 años con una niña de diez años en la región de Haél, a unos 600 kilómetros al noroeste de Riad, informa hoy el diario "Okaz" en su página web.

(Aquí te pongo el enlace del periódico Okaz. No entiendo ni papa, pero es precioso.)

Poco después nos llegó la noticia de que la boda había sido aplazada gracias a la campaña que habían puesto en marcha los actvistas. (Ojo, sólo dice "aplazada".)

Vuelvo a juntar al perro con el candidato. Les agrego a la niña de 10 años y me pregunto cuántas bodas de este tipo se habrán celebrado en el mundo sin que nos hayamos enterado. Sucedió, pero para nosotros no han existido.

Este lunes, los periodistas Nicolás Castellano y Carla Fibla presentaron el audiolibro Mi nombre es nadie donde jóvenes africanos que intentaron o intenta emigrar a Europa en cayucos y pateras cuentan sus vidas. Lo mismo que con la enfermedad del perro, el acto electoral del candidato y la boda de la niña de 10 años, si Nicolás y Carla no lo cuentan es como si las historias de cada uno de esos emigrantes no existieran. Pero la enfermedad del perro existe, el candidato fue al mercado, a la niña la querian casar y el emigrante tiene nombre, apellidos y una historia que contar.

(Foto: Nesstor4u2 / Morguefile)