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Archivos Noviembre 2011

Hay días que una no está para confianzas. Como el último jueves. Salía del parking donde guardo mi coche, tempranito por la mañana, dispuesta a comenzar la jornada, aunque no con mucho ímpetu. Otras veces me siento más animada, pero no aquel día.

Se abrió la puerta, asomé el morro y un hombre vestido de verde limón (el chaleco reflectante tan en boga últimamente) me dijo: "Sal por aquí".

(Perdón: olvidé explicar que el de verde era un obrero que dirigía el tráfico porque la calle había sido cerrada por obras)

"¿Eh?", me interrogué a mí misma en mi interior.

"Ven por aquí", insistió y yo me sulfuré por dentro, pero tuve el buen tino de no exteriorizarlo. Obedecí con mucha dignidad y seguí mi camino.

Fue el tuteo, tan a tiro hecho, tan de mañana, lo que provocó en mi un amago de explosión. Hay veces que una no está para tuteos.

Esta conversación la he tenido más de una vez. En esta isla de Gran Canaria es habitual el uso de apelativos cariñosos como "mi niña", una de nuestras expresiones más logradas. Pero hay que saber cuándo usarla y cuándo no deben emplearse. Un "mi niña" en su momento es como un beso; otras puede ser un puñetazo.

Yo no soy "el cariño" ni "el amor" de la charcutera, por muy bien que corte el jamón York. Ni yo, ni muchos otros clientes que tragan por temor a posibles represalias en la cola de la pescadería, en la ventanilla del cualquier administración o en la consulta del médico. Hay momentos en que todos somos "usted".

La línea entre el lenguaje cercano y la invasión es muy fina. A veces la culpa es del que recibe el mensaje, que no tiene el horno para bollos; otras veces -me temo que cada vez más-, el responsable es el que tutea, que no sabe medir distancias.

Siempre me ha gustado el dialecto marinero. A veces por el significado y otras por el significante, que diría mi profesora de lengua. Obenque me suena de maravilla, y no por lo que significa -que también-, si no sobre todo por cómo suena.

¿Qué le vamos a hacer? Cada uno tiene sus manías. Yo tengo varias: una de ellas, además del gusto por la jerga marinera, es la de inventar comparaciones y símiles casi constantemente. Me imagino la vida en constante comparación con algo.

El otro día, sin ir más lejos, bajaba en bicicleta una cuesta que, previamente, me había costado mucho esfuerzo subir. Pero bajar, la bajé en un pis pás.

Mientras me deslizaba cuesta abajo me surgió la inevitable comparación: Eran tan fácil bajar como ¡comerse unas croquetas! Sí, pensé en las croquetas, en lo que cuesta hacerlas -las caseras-, en lo que me gustan y en la rápido que desaparecen de la fuente.

Y volviendo al principio: la ciudad un domingo por la mañana es como una encalmada en el mar, una encalmada urbana de calles vacías y apenas algún peatón en busca del pan y del periódico.

Pero llega el lunes y arrecia el temporal. Subimos hasta el viernes con mucho esfuerzo y a veces también el sábado es parte de la cuesta .

Después, el domingo es como una croqueta, que se come de un bocado.


Photo credit: diegotecno from morguefile.com

Todo aquel que escribe en un periódico aspira a ser leído y en la web 2.0, además, a que te lo digan.

Aquí el éxito no sólo consiste en la difusión, también en la respuesta.

A cualquiera que tenga un blog o transite por las redes sociales le agrada que le comenten, que le pongo un "me gusta" o que lo "retuiteen", porque ya se sabe que no hay peor desprecio que el no aprecio, o, dicho de otra manera, ladran luego cabalgamos, y de otra mas: "nómbrame aunque sea mal", que le decían a un popular columnista de finales de los ochenta los aspirantes a político del momento.

Recibir comentarios es como abrir una carta, porque un mensaje es como un regalo, aunque sea crítico. Hay críticas que se reciben muy bien y otras que lo que pretenden es hacer daño y no valen la pena.

Supongo que los emisores de comentarios basura (spam) aprovechan estas vanidades para colar sus propuestas. Reconozco que cuando empecé a recibir spam en mi blog, tuve una primera reacción de "¡jesús, me leen hasta los ingleses!", antes de darme cuanta de que me querían colar gato por liebre.

Durante muchos meses, quizás un par de años, he estado borrando spam en el blog escritos en inglés, pero desde hace un tiempo han empezado a llegar comentarios traducidos con medios informáticos. Y no tienen desperdicio.


Photo credit: mconnors from morguefile.com

Aquí pego algunos ejemplos recogidos en este blog:


Un comentario dice "Que es un poco de materia inspiradora . Nunca supe que las opiniones podrían ser este variado. Asegúrese de seguir escribiendo más artículos grandes como este" Lo firma (el enlace) "buy sustanon" y se dejó en la entrada Ningun perro sin su orinal


Otro: "sitio informativo . Artículo muy informativo . Sigan con el buen trabajo". La firma es "buy anabolkics online" y la entrada ¿Es fácil enamorare?

Y un tercero: "Constantemente me gustaría estar al día en el nuevo contenido en este sitio web , marcado !"
Los firma "buy anabolics steroird" y se dejó en Una sustanciosa biografía


Así que contenta me tienen a mí, o algo similar.

El triunfo del PP en las elecciones de este domingo ha sido tan espectacular que el mapa de España se ha quedado teñido de azul.

El PSOE se ha quedado diezmado y, a cambio, el Parlamento se ha llenado de partidos pequeños que seguramente darán mucho color en los debates.

Veremos cuántos "populares de toda la vida" reaparecen ahora que pintan oros para la derecha. Y veremos también cuántos "exsocialistas de toda la vida" se hacen los longuis para no quedar señalados.

Y veremos qué pasa con la economía, que es el verdadero quid de la cuestión.

He oído esta mañana en la radio autonómica a un candidato del PP decir que el día 20 de noviembre se decidía el fin de la crisis. Es decir, que el triunfo del PP garantizaba el fin de las vacas flacas en España

Quedan pocos días para las elecciones y hay quien dice cualquier cosa, con tal de atrapar incautos. No sé qué dirá este mismo señor, cuando el paro supere los cinco millones en el primer trimestre del año que viene, como ya vaticinan los expertos.

Soy una indecisa y por lo tanto, destinataria preferente de los mensajes electorales, pues somos nosotros, lo que aún rumiamos nuestro voto, los que podemos quitar o no la razón a las encuestas.

Me pregunto dónde estaríamos ahora, si Rajoy, el de los hilillos del Prestige, hubiera ganado las elecciones de 2008.

¿Habría evitado el pinchazo de la burbuja inmobiliario, el gran filón del paro en España? ¿Estaríamos como Italia, Grecia o Portugal? ¿O como Alemania, creando empleo?

Mucho me temo que ni Rajoy es Merkel ni los tejidos productivos de ambos países tienen punto de comparación.

Las indecisas como yo somo importantes en una elecciones, pero también los decididos del "totalporunonopasanada" que se quedan en casa, y los viscerales que, pase lo que pase, digan lo que digan, jamás cambian el sentido de su voto.

Algunos de estos últimos tal vez acudan a las urnas como van al estadio a ver a su equipo, ciegos de lealtad, y con las orejeras puestas para no mirar a los lados, no vaya a ser que alguién tenga una idea mejor.

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(EFE/Salvador Sas. Comida electoral en Vigo)

Esta noche cuando contemplaba la llegada de Rajoy y Rubalcaba al palacio de congresos de Madrid donde se iba a celebrar el gran debate de las elecciones del 20-n no pude evitar pensar en una película del oeste, en un duelo a las puertas del saloon.
debatito.jpg
Es la política espectáculo, el todo por la audiencia. ¿Que nos interesaba más? ¿El contenido? ¿El morbo del enfrentamiento? ¿Someterlos al examen?

No sé hasta qué punto este tipo de debates puede influir en el voto de los electores, pues la mayoría llega con una idea preconcebida.

Es como un hincha de fútbol, que nunca se pasará al equipo rival por muchos goles que meta.

Yo, a priori, soy más de Rubalcaba que de Rajoy, pero cada vez me siento más incómoda en este bipartidismo tan encorsetado.

Cada vez también valoro más mi voto, lo pienso y lo maduro, le saco brillo y lo medito.

(La foto es de EFE/Alberto Martín)


No hay nada más triste que un blog abandonado. Ésta idea se me acaba de ocurrir esta mañana soleada de sábado al disponerme a atender la sugerencia de mi amigo Javier, que anoche me llamó la atención por la inactividad de este blog.

Dice él -y yo no lo discuto- que éste ha sido uno de los periodos más largos de abandono -de teclas caídas podríamos llamarlo- en la historia del Virtualario.

Le agradezco el empujón porque, si no, no sé a dónde habría ido a parar:¿ A la rendición total, quizás?

No me fallan ni las ganas ni las ideas -buenas, malas o regulares siempre hay alguna-; me falla el momento. Encontrar el momento, quiero decir.

Prueba de ello es que tengo varias fotos en mi teléfono hechas ex profeso para ilustrar esas ideas que se me van ocurriendo.

Y dicho todo esto llegamos al pan duro que ilustra esta entrada.

Lo que se ve es parte del salpicadero de mi utilitario y un trozo de pan duro que estuvo allí depositado desde la mañana hasta la tarde del viernes y se paseó conmigo por toda la ciudad y parte del extrarradio.

No lo tiré hasta que mi hija mayor me hizo caer en la insensatez. Llegó a obligarme a que lo tocara para que comprobara con mis propios dedos que aquello era una piedra.

Esta crisis económica tan larga y persistente no está calando en los huesos y nos está cambiando hábitos. Al menos eso veo yo a mi alrededor.

Siempre he tendido más hacia la austeridad que hacia el derroche, y en los últimos años el fiel de la balanza se ha ido inclinando más hacía lo primero que hacia lo segundo por razones obvias. Pero nunca pensé que mi conciencia ahorradora, incrustada en los huesos por mi madre, iba a llegar tan lejos.

pan.jpgVuelvo al pan y a la escena en mi coche, a cuando mi hija me preguntó con mucho aspaviento :"¡Mamá! ¿qué hace este pan duro aquí?"

Reconozco que no tuve valor para confesarle que había decidido tirarlos unas horas antes y que me había arrepentido en el último minuto porque pensé que era una pena no aprovecharlo, que hasta ese modesto trozo de pan duro podía tener un destino mejor que el vertedero.

Rápida y evagélicamente, relacioné pan y peces y pensé que ya encontraría el momento para asomarme a cualquier muelle y tirar el alimento a un sitio donde sería, sin duda, aprovechado.


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