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Archivos Octubre 2011

Los periodistas con cierta experiencia sabemos que hay días en que sobran las noticias y otros en los que no hay un titular que soporte la portada. Ayer fue un día de los primeros. Sólo faltó, bromeábamos por la noche, que estallara el volcán herreño.

La muerte de Gadafi y el anuncio de que ETA abandona las armas coinciden en el tiempo por casualidad. Suponen las dos el final de años de sufrimiento y de tiranía, pero, mientras la muerte del libio se representan como el fin de un criminal, el anuncio de los etarras aparece revestido de cierta pátina de legitimidad.

Los etarras conceden, no se rinden, y lo hacen días después de que líderes internacionales se reúnan en San Sebastián para ayudar a solucionar el problema, como si no bastara con el derecho penal.

Sin duda es una buena noticia, que ETA renuncie a las armas, pero me he quedado a medias, con la sensación de que se van de rositas.

Una notica sobre el deshielo de los polos y otras muchas sobre la crisis -macro y microeconómica- me ha hecho imaginarnos a todos subidos a un trozo de iceberg que flota en el océano, que se va derritiendo y del que vamos cayendo al mar como caía Leonardo Dicaprio tras el naufragio del Titanic.

El trozo de hielo sería lo que aún funciona en el mercado y el calor que lo va derritiendo, el paro que lo va royendo.

Sé que la imagen es tremebunda, pero la crisis lo es más. Tanto que ahora van pareciendo normales cosas que antes habríamos tachado de ridículas o quiméricas. A veces estos pensamientos llegan con asuntos nimios y no con temas de verdadero calado como la hambruna en el cuerno de África.

Esto me ocurrió hace unos días, cuando el portavoz del Gobierno de Canarias dijo en una rueda de prensa que quedaba descartado un recorte en las pagas de Navidad de los altos cargos de la autonomía. Escuché a Martín Marrero en el coche y, aparte de pensar en la disyuntiva sobre si sí o si no, sus palabras me dejaron en una sensación de irrealidad.

He visto en facebook una viñeta en la que se compara la muerte de Steve Jobs con la situación africana. Dice más o menos que una muerte (la de Jobs) afecta a millones, mientras que millones de muertes no interesan a nadie.

Es una de las claves que te dan cuando empiezas a estudiar periodismo, cuanto más cerca más importa. Somos sobre todo egoistas.

Salvando el hecho de que el recorte de las pagas es un asunto ridiculo del todo en comparación con la gran tragedia africana, la bobería me colocó en el tiempo en el que las administraciones canarias no parecían las propias de las modestas islas que siempre fuimos. En nuestros años de nuevos ricos.

Y pensé en cuánto daríamos hoy por todas esos euros, pesetas incluso, que rocíamos sobre actos de todo tipo, ceremonias bananeras y decorados suntuosos, a veces muy horteras, porque el señor nuevo cargo político no iba a sentarse sobre el sillón del anterior, que sus posaderas, criadas de siempre en sofas de eskai, ahora sólo admitían la piel más fina del mercado. Y la más cara también, porque no sólo había que tenerlo (el dinero), sino que también había que parecer que lo tenías y en apariencias se nos iba una fortuna.

Eran tiempos en los que segunda mano olía a fos y el verbo aprovechar era una ordinariez.

Entonces el hielo era ancho y fuerte y no podíamos imaginar de ninguna manera que alguna vez iba a llegar el deshielo.


"Yo la siento y me emociona", confiesa en Facebook la popular Pepa Luzardo, exalcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria y senadora en la actualidad, en referencia a la bandera de la Fuente Luminosa, uno de los asuntos más debatidos en esta ínsula en los últimos tiempos.

En síntesis la historia de la bandera es la siguiente: cuando el PP gobernaba en el Cabildo de Gran Canaria en tiempos de Aznar, a su líder, José Manuel Soria, se le ocurrió gastarse una pasta en poner una monumental. La polémica fue casi tan grande pero no duró mucho.

Después hubo elecciones, llegaron los socialistas y el mástil pasó cuatro años mondo y lirondo.

En mayo volvió a haber elecciones y Bravo de Laguna (PP) advirtió en la campaña que, si ganaba en el Cabildo, repondría la bandera.

Ganó el PP, Bravo gobierna y la bandera ondea a todo lo que da en la Fuente Luminosa.

La emoción de Pepa me ha hecho recordar que hace unos años había un bar en el muelle deportivo que cuando estaba abierto izaba un banderín donde se leía "Bar is open" para avisar a sus clientes. El banderín se podía ver desde la avenida marítima.

Lo de la Fuente Luminosa es como aquel banderín, sólo que éste es banderón, y lo que anuncia es que ahora gobiernan los unos y no los otros. De ahí, digo yo, la emoción de Pepa.

bandera.jpg

(En la foto de J. Pérez Curbelo, la bandera el día de su regreso, en la Fuente luminosa en Las Palmas de Gran Canaria)

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