Cuando escribo este post en la tarde del miércoles no hace ni cinco días desde que se ha producido la toma de posesión de los concejales y alcaldes que han de regir los destinos de nuestros municipios durante los próximos cuatro años.
Estamos en pleno proceso de transformación de ciudadano de a pie a todo un señor concejal o señorísimo alcalde o alcaldesa, que también las hay y cada vez más, a Dios gracias.
Lo he visto unas cuantas veces y en unas cuantas personas. Antes de las elecciones, cuando no está claro si saldrán elegidos, hasta el más antipático intenta hacer una gracia. Después, cuando resulta que sí, que salen, empieza la transformación.
Los cercanos amables y comprensivos conciudadanos y conciudadanas empiezan a sufrir los embates de la pléyade de pelotas que acecha a todo cargo público.
Son sibilinos estos pelotas. Aguardan en los sitios más insospechados para dar su zarpazo pringoso y no es fácil detenerlos.
Se trata del riesgo más a la vista. Hablo del pelota ortodoxo, del vocacional. No tiene medida y suele hacer mella en el cargo público recién elegido, si éste no es lo bastante listo. No todo el mundo resiste un peloteo diario y constante al estilo de la gota china por su perseverancia.
Después hay un chirimiri pelotil que puede pasar desapercibido, pero que cala y puede convertir al más natural de los hombres en el más engreído de los concejales.
Cuidado, éste es el que más abunda, porque todos caemos sin darnos cuenta y contribuimos a esa llovizna de adulación, a esa alegría boba. Cuántas veces nos sentimos halagados porque el concejal nos saluda en la calle o delante de nuestras amistades.
¡Oh, me ha saludado el concejal de cementerios!
Como esto sólo sucede cada cuatro años y la transformación, en caso de darse, es lenta, no nos damos cuenta y en poco tiempo pensamos que el concejal o concejala, alcalde o alcaldesa siempre fue así. Sólo el regreso a la tierra -la caída del coche oficial que se produce tras toda derrota electoral- nos devuelve al fulanito que fue.
En la mutación -¿te acuerdas del Comando G? - caen todos. A los más listos y mejor adaptados al medio se les nota mucho menos, pero caen, ya lo creo que caen.
O suben, según se mire.

(Una de las mejores fotos del día de la constitución de los ayuntamientos. Es del fotógrafo Arcadio Suárez y la que sale es la alcaldesa de Telde (Gran Canaria), Mari Carmen Castellano, que lleva en la mano una estampita de Santa Rita, a la que se encomendó tras ser elegida. Santa Rita, Rita lo que se da .... La elijo porque me parece una imagen espontánea y no porque crea que Mari Carmen Castellano esté sufriendo la transformación de la que hablo en el post, que a lo mejor ...)