los blogs de Canarias7

Archivos Junio 2011

Que no decaiga. No hemos ganado la capitalidad cultural, pero tampoco hemos perdido del todo. Nos queda el camino recorrido, la demostración de que fuimos capaces de ponernos de acuerdo y la foto impagable de un exalcalde socialista y un alcalde popular tirando del mismo carro.

Ahora hay que presentarse a otra cosa, porque las metas unen.

Obras de grandes compositores de la historia de la música se estrenaron en Gran Canaria antes que en la España peninsular merced a la escala que hacían en el Puerto de La Luz los grandes transatlánticos en ruta hacia América.

Fuimos escala cultural muchísimo antes de que se inventara esto de las capitalidades culturales y siempre nos hemos relacionado con naturalidad con las gentes de otros países. Lo recuerdo esta noche, en vísperas de que el jurado decida si Las Palmas de Gran Canaria merece ser capital europea de la cultura en el año 2016, una posibilidad a la que nos hemos ido acostumbrando en estos dos años que llevamos de candidatos.

Desde que Jerónimo Saavedra nos lo propuso hemos pasado del escepticismo a la ilusión; de la incredulidad a la confianza y casi, casi, a la certeza.

A la hora en que escribo este texto aún quedan algunas horas para que se conozca el veredicto del jurado y estoy tan esperanzada como el que más y convencida también de que el camino recorrido es en sí mismo toda una victoria.

Lo he dicho más de una vez en este blog: soy una sentimental. No sé si es la edad, pero cada vez me cuesta menos emocionarme por menudencias que en otra época habría mirado con desdén.

Ya digo que no sé sin cosas de la edad, pero esta mañana noté que mis ojos estaban a un tris de humedecerse cuando partió la guagua escolar.

Soy una sentimental, pero no una histérica, o al menos eso creo. No me emocionó la despedida cotidiana, sino la certeza de que la de hoy fue la última ocasión en la que se producía esa escena en el caso de una de mis hijas, que ya abandona la infancia y se mete de pleno en la bendita adolescencia.

Ella no era muy consciente, pero yo sí, porque lo veo con la perspectiva que dan los años y sé lo importante es ese salto, mucho más, si se me permite, desde el punto de vista de una sentimental confesa

En ese tris en el que mis ojos estuvieron a punto de humedecerse, pasaron por mi cabeza algunas de las viñetas que componen nuestra vida de los últimos años.

Su primer día en el colegio de los mayores, las despedidas por la ventana, las meriendas, el corre corre diario, aquella tarde que llevaba muletas y uno de sus compañeros del alma le bajó la mochila, adorable en su papel de caballero de 7 años.

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Venía pensando en esto y en la importancia de este día para ella, cuando me senté en mi mesa en la redacción del periódico, encendí el ordenador y abrí mi correo.

Y allí estaba, un mensaje de facebook que me informaba de que una de mis antiguas compañeras del colegio me había etiquetado en una foto. Me picó la curiosidad y fui a por ella.

¿Y qué foto había colocado mi amiga? La última que nos hicimos con nuestra clase el año en el que, como mi hija esta mañana, abandonamos la infancia y emprendimos rumbo a la vida adulta.

Hilé una cosa con la otra y me dije que yo no eran más sentimental que la mayoría, o al menos que muchas de mis antiguas compañeras, ahora reencontradas gracias a ese invento del maléfico que se llama red social.

Cuando escribo este post en la tarde del miércoles no hace ni cinco días desde que se ha producido la toma de posesión de los concejales y alcaldes que han de regir los destinos de nuestros municipios durante los próximos cuatro años.

Estamos en pleno proceso de transformación de ciudadano de a pie a todo un señor concejal o señorísimo alcalde o alcaldesa, que también las hay y cada vez más, a Dios gracias.

Lo he visto unas cuantas veces y en unas cuantas personas. Antes de las elecciones, cuando no está claro si saldrán elegidos, hasta el más antipático intenta hacer una gracia. Después, cuando resulta que sí, que salen, empieza la transformación.

Los cercanos amables y comprensivos conciudadanos y conciudadanas empiezan a sufrir los embates de la pléyade de pelotas que acecha a todo cargo público.

Son sibilinos estos pelotas. Aguardan en los sitios más insospechados para dar su zarpazo pringoso y no es fácil detenerlos.

Se trata del riesgo más a la vista. Hablo del pelota ortodoxo, del vocacional. No tiene medida y suele hacer mella en el cargo público recién elegido, si éste no es lo bastante listo. No todo el mundo resiste un peloteo diario y constante al estilo de la gota china por su perseverancia.

Después hay un chirimiri pelotil que puede pasar desapercibido, pero que cala y puede convertir al más natural de los hombres en el más engreído de los concejales.

Cuidado, éste es el que más abunda, porque todos caemos sin darnos cuenta y contribuimos a esa llovizna de adulación, a esa alegría boba. Cuántas veces nos sentimos halagados porque el concejal nos saluda en la calle o delante de nuestras amistades.

¡Oh, me ha saludado el concejal de cementerios!

Como esto sólo sucede cada cuatro años y la transformación, en caso de darse, es lenta, no nos damos cuenta y en poco tiempo pensamos que el concejal o concejala, alcalde o alcaldesa siempre fue así. Sólo el regreso a la tierra -la caída del coche oficial que se produce tras toda derrota electoral- nos devuelve al fulanito que fue.

En la mutación -¿te acuerdas del Comando G? - caen todos. A los más listos y mejor adaptados al medio se les nota mucho menos, pero caen, ya lo creo que caen.

O suben, según se mire.

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(Una de las mejores fotos del día de la constitución de los ayuntamientos. Es del fotógrafo Arcadio Suárez y la que sale es la alcaldesa de Telde (Gran Canaria), Mari Carmen Castellano, que lleva en la mano una estampita de Santa Rita, a la que se encomendó tras ser elegida. Santa Rita, Rita lo que se da .... La elijo porque me parece una imagen espontánea y no porque crea que Mari Carmen Castellano esté sufriendo la transformación de la que hablo en el post, que a lo mejor ...)

Cuando este portátil dejó de funcionar no había indignados en las calles de España. No en el sentido que le damos ahora. Había personas indignadas, pero no acampaban en los parques ni celebraban asambleas interminables en las que la opinión de todos valía lo mismo y a todos había que escuchar.

Tampoco, cuando este portátil dejó de funcionar se habían celebrado las elecciones. Así que parece que ha pasado una era y creo que sólo han sido un mes mal contado. Pero el tiempo corre más cuando pasan cosas y hay cosas que lo pueden cambiar todo en un instante.

El 27 o el 29 de mayo, ahora hace diez días, mal contados también, fue el último que entré en este blog. Quiero decir que lo abrí para saber si había algún comentario que aprobar o que contestar, que también me ponen, y que desde entonces ya no me había vuelto a asomar.

Así que Virtualario ha permancedio cerrado esos diez días mal contados, al menos en lo que respecta al backstage. Pero al abrirlo esta noche y ver el desastre que el spam había hecho con mi bandeja de comentarios pendientes me pareció que mi ausencia había sido muchísmo más larga.

Hablo muchas veces del tiempo que corre que se las pela y cada vez más, y esta noche he visto a Jorge Semprún en la tele, en una entrevista que han repuesto con motivo de su muerte. Constataba que a los 20 los días pasaban muy lentamente, mientras que a los 80 iban a toda velocidad. Yo aún voy a velocidad media, pero acelerando.

Empecé hablando de los indignados y vuelvo a ellos. Me impresiona su tesón y también el hecho de que los hayamos incorporado a nuestro entorno con la misma naturalidad con la que asumimos que llega el verano.
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(En la foto de EFE, indignados este miércoles en las cercanías del Congreso de los Diputados)