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Archivos Abril 2011

Hay palabras que me resisto a decir porque me cuesta pronunciarlas. Mi acento isleño hace que las zetas y las ces sean terrenos inhóspitos para mí.

Cuando hablo por teléfono con alguien de fuera de las Islas y tengo que decirle mi apellido -Arencibia-, me apresuro a deletrear no sólo la "b", sino también y mucho más la "c".

Esta dificultad es un límite. Dicen que uno no aprende realmente otro dioma hasta que no piensa en ese idioma extraño. Una lengua diferente a la tuya añade matices a tu forma de ver las cosas. Hay términos y expresiones que no se pueden traducir de una manera exacta.

Tuve una profesora de inglés inglesa que nos aseguraba que el diccionario era un "volcano" y al decirlo ponía cara de susto y hacía gestos con las manos inmitando una gran explosión. Se refería a que a+b puede no ser igual a c, -ésa misma que yo no sé pronunciar-.

Cuando me sorprendo eligiendo palabras para sortear problemas como "doblez" o "soez", pienso en la teacher del volcano y en que una palabra no es exactamente lo mismo que otra. Las palabras, como algunas personas a las que queremos, no tienen reemplazo.

Pero esos vocablos que no empleo al hablar porque "zetas" y "ces" me hacen buscar otros caminos, no se desperdician. Tienen su lugar en la punta de los dedos, allí donde empieza el teclado. No las digo, pero las escribo y las pronuncio en mi mente, donde soy libre de ataduras y la lengua me obedece.

En mi teclado distingo muy bien pozo de poso y pazo de paso. La confusión surge mayormente al hablar con peninsulares no acostumbrados al acentillo isleño. Sobre todo si es por teléfono.

Sin embargo, he de reconocer, pese a mis prevenciones, que entre nosotros. la verdad, nos entendemos estupendamente y sabemos muy bien si nos hemos ido de caza o nos hemos casado.

Acabo de enviar un sms: "Querido X tu artículo me ha emocionado ..." Más o menos esto le he dicho a una persona a la que admiro y aprecio y a la que conozco desde hace ¡26 años!

Entre esa persona y yo hay una buena y larga relación, de esas reposadas por el tiempo. Una relación serena, diría.

Sin embargo, no creo que hubiera descolgado el teléfono para decirle cuánto me había emocionado su artículo. Seguramente por temor a importunar. Una llamada teléfonica es siempre una invasión, casi una impertinencia y a mí me da mucho pudor entrar en territorios privados.

Pero existe el sms. Para mí, uno de los más grandes inventos de la era tecnológica. El más modesto seguramente y el más barato también. Probablemente, el más utilizado, el más democrático y el que, quizás, más volumen de negocio proporcione. Céntimo a céntimo se hace un fortunón.

Tiene la virtud de la discreción, es humilde y no se impone. El receptor puede o no abrirlo, leerlo ahora o más adelante, responder o no; y borrarlo sin más.

Soy una devota de los detalles en todas sus amplísimas posibilidades y esos gestos pequeños que tanto dicen encuentran en el sms un vehículo perfecto.

Su sencillez va de la mano de su eficacia. A veces no nos damos cuenta de estas cosas, porque no nos paramos a pensar en ellas. Enseguida hacemos de la novedad una costumbre y parece que siempre fue así. Pero no está tan lejano el tiempo en el que no había más mensajes que los de papel y los post-it eran el no va más de la modernidad.

Eficacia, humildad, buen precio y también intimidad. Un sms camina entre dos y es tan privado que anima a decirnos cosas que tal vez nuca nos diríamos a viva voz por pudor, pereza o porque, total, para qué perder el tiempo en nimiedades.

Ha dicho Santiago Carrillo esta tarde en la Ser que lo de Aznar es propio de un quintacolumnista.

Si sabrá lo que eso el viejo comunista que ya en la guerra civil estaba en activo y con mando. A sus noventa y tantos, Carrillo es un hombre fuera de su época y más cerca del abuelo de este quintacolumnista de nuevo cuño que del propio nieto.

Carrillo me habló hace unos años de esta época en una entrevista en la que me contó que había conocido a Negrín Ahora el Carrillo republicano, por cierto, está de nuevo en el candelero por unas declaraciones de Preston, que han regocijado al tendido derecho.

Pero a mí hoy me interesa el papel de quintacolumnista del expresidente, pues se sabe que la economía es muy temerosa y algo veleta y, según qué opiniones, puede verse más o menos afectada. Si todo un expresidente dice que el país no puede pagar ...

A raiz de esta declaraciones de Aznar, decía Carrilo que los españoles deberían tener en cuenta que cuando se produce el rescate de un país, lo pagan los ciudadanos y que esto no es ninguna broma.

Ahora que muchos han enterrado al PSOE, dando por sentado que Zapatero es el responsable de todos los males del país, quizas no sería mala cosa mirar la situación con distancia, sopesarla con mesura y reparar en noticas como éstas., sin olvidar otras como ésta.

Hace unos días abrí la puerta del aparcamiento donde guardo mi utilitario, media dormida y cargada con mi bolsa del gimnasio, la del entrenamiento de mi hija mayor, el bolso bolso y la neverita con el almuerzo, cuando cruzó delante de mi una rata que más parecía un conejo; y esto no es una frase hecha.

Fue un visto y no visto, pero verla y salir huyendo como alma que lleva el diablo fue todo uno. En mi carrera despavorida llegué hasta la calle.

Si conocieras el edificio donde está mi plaza de garage, entenderías que llegar a la calle es un dato importante, porque explica muy claramente la magnitud del pánico que me embargaba.

Una vez en la calle, me di cuenta de que estaba vendida. Eran las ocho y media de la mañaba, por lo que ni mi hermano ni mis sobrinos estarían ya en casa, únicos vecinos del edificio a quienes yo molestaría a esas horas por ¡una rata!

Estaba muy nerviosa y confusa porque necesitada el coche, pero no me atrevía entrar de ningún modo. ¿Y si volvía?

En medio de este desconcierto descubrí a través del cristal de la puerta de entrada al edificio, a un vecino, un chico joven al que véia por primera vez. Empecé a dar golpecitos en el cristal con las llaves para llamar su atención.

Toc, toc, toc.. Los golpecitos fueron tan insistentes y nerviosos que el joven no pudo hacerse el sueco, -de haberlo querido-.

Me abrió la puerta y entré con mis cuatro bolsas al hombro y cara de haber visto a un fastasma.

Le conté lo ocurrido y aceptó acompañarme al garage. Entré con él y mientras el joven buscaba la rata yo abrí el coche y salté al sillón del copiloto con todas las bolsas que llevaba.

Quedé encajada, pero a salvo.

En este biparrtidismo nacional nuestro, yo me imagino el vaivén político como el de un péndulo.

Ahora el de Zapatero está colocado en el punto más alto de su lado negativo, a donde sólo se llega con mucho impulso.

Lo lógico sería que Rajoy, que es su polo opuesto, estuviera ahora en su cénit positivo, sin embargo parece que todavía no ha cogido el impulso necesario.

Hoy he vuelto a ver a mi vieja y querida amiga Ali después de muchos años. La reunión incluyó a otras dos viejas y queridas amigas, pero a estas las he visto más a menudo a lo largo de los últimos años, si por a menudo se acepta intervalos de muchos meses.

Todo es relativo y lo que antes nos parecía una eternidad ahora es un pispás, un chascar de dedos...¡Ah! Estamos tan ocupadas en la que seguramente será la etapa más ocupada de nuestras vidas, que el tiempo se nos escurre entre los dedos.

Casi sin darte cuenta el tinte para las canas es tan habitual como antes fue hacer los deberes y recibes sms enigmáticos que acaban en "spray" donde debía poner "sorry" o contestan con un "pl" donde se quiso decir "ok". Sólo porque la presbicia se ha instalado en tu círculo de amistades, el mismo círculo que antes tenía que pedir permiso para salir de noche o se conjuraba para compartir un cigarrillo.

Y todo: las viejas y queridas amigas, el tinte, la presbicia, las agendas saturadas, los "sprays", los "pl" y este tiempo que va pasando mientras escribo y en el que me fijo ahora son piezas de este asunto tan sabroso y desbordante que llamamos vida y que yo cada día cuando me levanto me propongo apurar con avaricia.