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Archivos Enero 2011

Las revoluciones de Túnez y Egipto me recuerdan a la portuguesa de los claveles. Aunque no haya empezado ninguna de ellas al son de una canción tan bonita como Grandola, Vila Morena, que yo sepa.

De lo que ocurre en Túnez y Egipto sé lo que sabemos todos los que no estamos allí y nos informamos a traves de los corresponsales de prensa, radio y televisión. Pero la sensación es buena, van camino de algo mejor.

Mientras, aquí, en Canarias, nos medio alegramos porque los turistas que iban a ir a Túnez o a Egipto ahora puede que vengan a nuestras islas. Nos da un poco de verguenza, porque no está bien alegrarse del mal ajeno, pero digo yo que, en este caso, no es un mal, lo que está ocurriendo está bien, muy bien si no se estropea.

El otro día estuvo por aquí mi cuñada Valen. No somos realmente cuñadas en un sentido estricto de la palabra, pero, como ella dice, tenemos un cariño transferido, o algo así. Se refiere a nuestro aprecio y rendida admiración por una chiquilla encantadora y maravillosa que ya es madre, esposa y toda una profesional. (Aclaro que encantadora y maravillosa lo fue siempre, desde cría.)

Como siempre me he ido por los cerros de Úbeda, porque yo, en realidad, quería hablar del tiempo.. La visita de Valen, como todas las que coinciden en esos pocos días invernales que tenemos en Las Palmas de Gran Canaria y protagonizan residentes en la Península, sirvió para que ella y yo comprobáramos cuánto echamos de menos por aquí, a veces, un poco de mal tiempo.

Se lo dije: fíjate en cuántas personas hay por la calle con abrigos, bufandas y botas, a pesar de que se podría ir en manga corta y con paraguas. En efecto, a ella ya le había llamado la atención. La temperatura era apacible, pero llovía. ¡Ay, llovía! Del teatro salían con pieles, mientras en la plaza algunos iban con pantalón corto sobre su monopatín. Contradicciones isleñas.


Este encuentro sucedió el jueves, un día en el que llovió sí, pero no tanto como este fin de semana en que el norte de Gran Canaria ha recibido agua a espuerta y estamos todos como locos. Nos pasa como les ocurre a los guriris del norte de Europa que llegan, ven nuestro sol de enero y les da la gula solar. Como nosotros ahora con el agua. Y, si no, mira estas fotos que mandan los lectores de Canarias7.

Con razón o sin ella, lo cierto es que mi condición de exfumadora me inclina a sentirme con más derecho a opinar sobre la ley del tabaco que otros que nunca han encendido un pitillo.

Como argumento es una tontería, lo sé; pero no lo puedo evitar. Para algo tiene que servirme tanto años de quemar dinero, toses mañaneras y aroma a eau de cenicero.

La ley del tabaco y el derecho o no a fumar donde a cada uno le dé la gana es motivo de discusiones sin final en muchas páginas web y otros lugares de Internet. Pasa como con los perros: todo el mundo tiene una opinión, porque todo el mundo lo ha sufrido, por activa o por pasiva.

Hay quien lo ha sufrido en el grado mayor porque ha perdido a alguien querido que aún seguiría vivo si no hubiera fumado. Desde ese nivel máximo de sufrimiento hasta llegar al que le molesta que su interlocutor huela a cigarrillo, hay una amplia gama de males,

Las maldades del cigarro son numerosisimas. Pero bondades no encuentro ni una. Y fui una gran fumadora, así que sé lo que vale un cigarrillo después del café o al terminar ciertos ejercicios gimnásticos. Pero ni así, ni recordando eso que sabes que recuerdo, podría hablar de una bondad del cigarrillo. Sencillamente, porque ahora sé que todo me gusta más sin humo.

A mí todo eso me ha costado muchos años aprenderlo y lo he entendido después de dos décadas de comprar cajetillas de tabaco y perder mecheros. Todo porque a mí me tocó nacer y vivir hasta cerca de los 40 en una sociedad donde fumar estaba bien visto. Tanto, que se fumaba hasta en la consulta del médico, en clase, en la televisión, junto a un recién nacido o en la habitación de hospital de un enfermo del pulmón.

Ahora, los niños, los jóvenes, los que vengan después y nosotros mismos vivimos en una sociedad hostil al tabaco y eso está muy bien.


Photo credit: kconnors from morguefile.com

No estábamos juntas desde el año en que Kramer contra Kramer ganó el Oscar a la mejor película; Betty Missiego representó a España en Eurovisión y en la tele ponían Los Roper. Practicamente se acababa de aprobar la Constitución, Franco llevaba solo cuatro años muerto y aún no habíamos tenido golpe de Estado.

El otro día unas 30 antiguas compañeras de colegio nos reunimos para cenar después de que la mayoría lleváramos muchísimos años sin vernos. Fue muy emocionante, mucho más de lo que esperaba cuando caminaba hacia el lugar de la cita en compañía de dos compañeras con las que sí he mantenido el contacto y la amistad a lo largo de estos ¡30 años!

Dudaba si valdría la pena el esfuerzo, pues no sabía si me iba a encontrar con un grupo de extrañas. ¿Después de tantos años quedaría algo de nuestra infancia? ¿Nos reconoceríamos siquiera?

Pronto averigüé que aquellas extrañas eran caras muy conocidas, entrañablemente conocidas. En algunas apenas pude distinguir a la niña que había sido mi compañera en los tiempos en que el colegio era nuestro universo y el futuro una incógnita enorme; pero otras no habían cambiado prácticamente, o más bien el tiempo no había hecho otra cosa que reafirmar los rasgos que ya conocía.

Eran -o somos- tan parecidas a ellas mismas que pude ponerles el uniforme del colegio en mi imaginación y verlas como si no hubiera pasado el tiempo y estuviéramos aún en el patio del colegio hablando de lo que hablábamos entonces..

Por momentos me deleité observando a mis antiguas compañeras juntas, de cháchara, formando grupos o parejas, las mismas parejas de entonces, y me creí que había vuelto al maravilloso territorio de la infancia.

Me parece mentira que ya haya pasado tanto tiempo, pero más me sorprende esta capacidad que tenemos los humanos para querernos y conservar el cariño que una vez nos tuvimos, guardadito en un recóndito cajón del alma para abrirlo cuando sea menester.

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(Esta es la interpretación que ha hecho mi hija Elia de la reunión)


La mitad de los españoles carece de tiempo para hacer lo que desea según esta encuesta

La pregunta es si la otra mitad tiene tiempo, por qué y si, aún teniendo tiempo, puede hacer de verdad lo que desea.

Estoy convencida de que una de las conquistas relevantes de la sociedad en la que vivimos es el deporte.

Muchos factores -incluido el marketing comercial- han contribuido a que cada vez más gente haga ejercicio. Las modas tienen mucho que ver, pero benditas sean si nos empujan a movernos, porque después nos sentiremos tan a gusto, que ya no nos importará el motivo que nos impulsó a subirnos a una bicicleta o a empuñar una raqueta de pádel. Nos sienta bien y nos sentimos bien.


En esta impregnación deportiva hay un capítulo fundamental que es el infantil. El deporte base está en auge. Son legión los niños que entrenan y compiten todas las semanas. La entrenadora o el entrenador forma parte de sus vidas y constituye una pieza muy importante en el engranaje de su formación.

A menudo el entrenador o la entrenadora tienen tanta influencia en el niño como el profe del cole o los propios padres. Hay de todo, pero el ejercicio físico tiene mucho de legendario, de heroico ... una aureola que nos causa admiración.

Un buen entrenador , como un buen profesor, puede hacer mucho bien por la formación de sus pupilos. Incluyo en esta formación la adquisición de unas destrezas físicas, pero también todas esas cualidades que muchos valoramos tanto o más: el amor al juego limpio -el 'fair play' de los ingleses-, el trabajo en equipo, la nobleza, el saber perder y el respeto al contrario, entre otras.

Sin embargo, hay entrenadores que enseñan a sus equipos de niños que no es tan malo jugar sucio. Les aseguran que todo vale con tal de obtener resultados, como si la victoria fuera la misma.

Conozco a muchos entrenadores conscientes de lo que tienen entre manos, pero también hay de los otros y, aunque probablemente sea minoritario, el asunto no es baladí porque esos niños en el futuro serán unos tramposos.
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Photo credit: manuere from morguefile.com

La diputada Isabel López i Chamosa, portavoz del PSOE en el Pacto de Toledo, rechazó este jueves en el programa de radio La Ventana de la cadena Ser la propuesta de que presentara una moción para que los diputados perdieran los privilegios que tienen respecto a las pensiones de jubilación (con doce años en activo tienen el cien por cien de la pensión garantizada) .

A continuación y a preguntas de Carlos Carnicero, dijo que no propondría el cambio porque no quería perjudicar a su compañeros parlamentarios. Entonces el periodista le preguntó que si no nos consideraba compañeros al resto de los españoles que sí vamos a vernos perjudicados en nuestras condiciones de jubilación ....

¡Ah! y afirmó también algo sobre "el heraldo público" (sic)

Te pego aquí la tertulia por la diputada Chamosa (el segundo icono), pero sobre todo por Carlos Carnicero y su sentido de la justicia, que está en el primer machanguito.

En Haiti siguen muriendo en campos de refugiados, infectados de enfermedades a un año del terremoto; el paro y sus efectos son cada vez más temibles; los problemas sociales se agudizan; el gobierno quiere retrasar la edad de jubilación ..., pero la noticia que levanta a las masas es la polémica sobre si la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria debe ser o no más permisiva con los perros.

Parece que sobre este asunto todo el mundo tiene una opinión, a juzgar por la avalancha de comentarios que recibe www.canarias7.es desde este martes y también aquí. Debo reconocer que es un tema que me interesa probablemente por la misma razón que a la mayoría: me lo encuentro todos los días en la puerta de casa.

(He escrito sobre este asunto en este blog una partida de veces aquí, aquí, y también aquí. Me autolenlazo sin más ambición que mostrar que el asunto trae cola o, más bien, rabos.)

No me atrevería a decir que es un debate insustancial, ni mucho menos; se trata de un asunto importante que nos afecta, y, además, que puede decir mucho de nosotros, de quiénes somos y de qué ciudad queremos tener.

No es que despreciemos la catástrofe haitiana o la tragedia del paro; es que se nos escapan. Por evidentes y por lejanos. Sin embargo, el asunto perruno no está tan claro y lo tenemos mucho más a mano.


Photo credit: demondimum from morguefile.com

He estado unos días de vacaciones y los he aprovechado. Quiero decir que me han cundido de una manera razonable. Holgar es un verbo muy bonito que como muchos otros tiene varias acepciones y puede significar tanto no hacer nada como hacer algo divertido.

En estos días he hecho de las dos cosas: nada y algo divertido. He de reconocer que ha sido mucho más satisfactorio hacer cosas que no hacerlas. La vagancia como tal cansa y aburre.

También he pensado en mis propósitos para el nuevo año. Algunos de ellos son de plantilla y otros son nuevos por aquello del cambio de prioridades que trae la edad y las circunstancias.

No sé si te ocurre lo mismo, pero a mí las ambiciones se me van moderando con la edad. Ahora el mero hecho de conservar cosas que antes daba por hechas me parece un propósito muy importante. Y asuntos que antes eran menudencias ahora son de envergadura. Así me pasa con un baño en el mar o con una conversación con una amiga querida, que antes eran poco menos que el pan de cada día y ahora que soy más consciente de que el tiempo es finito se convierten en bocatto di cardinale .

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