Dice el controlador aéreo Fernando Torrent en una entrevista en Canarias7 que en Navidades no habrá problemas. Creo que lo dice con la mejor de las intenciones, pero no puedo evitar que sus palabras me recuerden que no solo tienen control sobre los aviones, también sobre algunos aspectos de nuestras vidas, sobre todo si vives en una isla.
Es el colmo de un controlador, como el colmo de un forzudo es doblar una esquina, y perdona la estupidez.
Dice que estemos tranquilos, que en Navidad no habrá problemas, pero creo que no hay que echar las campanas al vuelo, porque ya se están anunciando protestas desde otros ámbitos profesionales del transporte aéreo.
La cuestión ahora son los planes de privatización del Gobierno, que ponen en alerta a los trabajadores y deben ponernos también sobre aviso a los usuarios, pues ya se sabe que las empresas se montan para sacar dinero y a veces la honestidad sale malparada.
Honestidad no en su sentido penal, sino en el de no dar gato por liebre.
(La foto es de Fernando Ojeda y se hizo este sábado por la mañana en el aeropuerto de Gran Canaria)
La crisis está destapando las chapuzas que en el pasado se fueron sorteando a base de echarle dinero público encima. Ahora hay que ser eficiente o morir. Eficiencia o muerte, que podría haber dicho Castro.
La culpa no es solo de los políticos -de antes y de ahora-, aunque tengan la mayor parte de responsabilidad; también de los funcionarios que se escaquean, cobran dietas que no han gastado o se llevan los folios a casa para que el niño haga sus deberes.
El resto, los usuarios, tenemos también nuestra parte de responsabilidad, pues nos manejamos como si la cosa pública fuera algo ajeno y hasta enemigo que está para aprovecharse. No para aprovecharla, sino para aprovecharse, que no es lo mismo aunque lo parezca.
Cogemos medicinas en la farmacia que no necesitamos, por la única y exclusiva razón de que las paga la Seguridad Social. La alegría del calla boba que son gratis me hace pensar que parte de la ciudadanía cree de verdad que el dinero público cae del cielo.
Y, claro, tanto vamos a urgencias por un grano, que nos va a pasar como en Pedro y el Lobo, que, cuando de verdad estemos malos, no nos van a creer, o peor, no van a quedar tiritas.