Archivos Septiembre 2010
Decía esta tarde un colega, cuya opinión respeto, que los derechos son como el sexo: si no se usan, se oxidan. Lo del sexo era una broma, pero el ejemplo me parece clarificador.
Se refería a la huelga general convocada para hoy en España por los sindicatos UGT y CCOO y que buena parte de los ciudadanos ha recibido con indiiferencia, cuando no con rayos y centellas, como los bocadillos del capitán Haddock.
En los años de la transición y siguientes, una huelga general eran palabras mayores. Se hablaba de ella con reverencia: ¡Una huelga general! ¡Caramba!
En aquel tiempo, el país acababa de convertirse en una democracia y los ciudadanos estrenábamos nuestros derechos con la misma ilusión que un niño un par de zapatos.
Ponerse en huelga era tan emocionate como votar, como manifestarse. ¿Qué era la democracia, si no?
Hemos cambiado y ya nos somos un país de democracia imberbe. Algunas ilusiones se han ido oxidando, como el sexo que no se usa; y a conquistas de otra época ahora no se les da importancia, porque sólo se desea lo que no se tiene.
Sí, una huelga general es uno de los medios que tenemos para decirle al Gobierno: 'Oiga, yo no estoy de acuerdo, y se lo digo porque tengo derecho a hacerlo'.
Es un lujo, un gustazo, un derecho que muchos no tienen.
Y que trae sus consecuencias: si no protestas no vengas luego a quejarte o dicho en román paladino: "el que no llora no mama"
Abro hoy mi post con esta foto del cielo que teníamos esta mañana sobre nuestras cabezas en esta esquina del mundo que es Las Palmas de Gran Canaria. Todo sea por empezar la semana con optimismo.
Debe ser por la edad, pero cada vez empiezo el día más temprano y a la hora en que hice la foto ya había tenido un par de conversaciones sobre la huelga general, que ya está encima, como el cielo.
Hablé con madres de niños en edad escolar. En su caso la duda estaba en si los mandarían o no al colegio. ¿Qué será peor: tener al niño todo el día en casa o la incertidumbre de no saber si habrá guagua escolar o suficientes profesores en el colegio? "Más vale madre prevenida" puede ser la conclusión de mi charla mañanera, si lo que quieres es un titular.
Después, entré en un comercio a comprar unas manzanas , -dicen que una día aleja al médico de casa-, y no pude evitar oír la conversación que se traían las dependientas sobre si sí a la huelga o si no a la huelga.
Parecían estar de acuerdo en que mejor acudir al trabajo el día 29. La razón me parece fácil de entender: "No puedo permitirme que me descuenten el día".
Más tarde pregunté a un taxista y me ofreció la misma argumentación: "No puedo permitirme ...".
En otro comercio se discutía sobre qué hacer ante posibles disturbios en la calle. Hablaban de cerrar las puertas para proteger la mercancía, en caso de que la cosa se pusiera fea de verdad.
Ninguna de las personas con las que hablé esta mañana dijo si estaba o no de acuerdo con que se celebrara esta jornada de huelga contra la reforma laboral del Gobierno. Esa no era la cuestión.
Sólo se discutía lo que iba a hacer cada uno, como si lo de la huelga fuera un asunto ajeno que hay que sortear como se pueda; vaya, como si fuera un temporal.
Está claro que este tipo de temas no llegan a la mayoría. quizás habría que dejar de mirar a las Belenes Esteban de la vida con tanta prepotencia. Al menos a ellas sí las escuchan.
En casa nos preguntábamos si era una broma. Y aún aguantamos unos minutos, lo suficiente para ver en la pantalla de la tele a la inefable Belén Esteban en el momento de hacer su entrada en un cine de Madrid.
(Pincha aquí, a ver si no es para pensar que es de coña, mira la cara de pánico del mari'o).
Se bajó de un cochazo que paró en la acera, justo donde empezaba una alfombra, creo que roja. Iba vestidísima y de mano de su marido, que llevaba un terno oscuro, con corbata y todo. La esperaban dos o tres periodistas de programas del corazón, (de esos que hacen preguntas como: "¿te han molestado los insultos de Menganita?" o "¿es verdad que a Fulanito le huelen los pies?"), y decenas de personas que se agolpaban para verla, no sé si incluso para tocarla. .
Parece mentira, pero en los pocos minutos que pude retener el mando de nuestra televisión, antes de que me obligaran a cambiar el canal, pude ver todo esto que te cuento y algo más.
Distinguí al fondo de la imagen un 'fotocol (que es como llaman los iniciados a esos pequeños escenarios donde se hacen fotos a los invitados que van llegando), y me pareció ver que posaba otra personaje imposible: una mujer que seguramente encontró su vocación cuando alguien le explicó lo que tiran dos carretas.
Se trataba del estreno (lo llamaban la premiere, que es más fino) del documental La princesa del pueblo, basado al parecer en la vida de esta vecina de Madrid.
No vimos el documental porque no tuvimos humor para tanto, pero hoy, que me he puesto a recordar el episodio, lo he buscado en Google y mira lo que he encontrado
Si todo es cuestión de popularidad, entonces ...
Siempre me ha parecido tremendamente bella y emocionante esa parte de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en la que se proclama "que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad"
La parte que más me gusta es la final de este fragmento, la que dice "y la búsqueda de la felicidad". Es moderna para la época. Hablamos de finales del siglo XVIII.
Es eso; la frase es certera. Lo que todos buscamos, lo que todos queremos. El problema es saber en qué consiste para después poderla buscar. Yo no tengo la solución, desde luego, pero hay veces que siento que me voy acercando. Me refiero a cuando la felicidad llega en pequeños buchitos, en chutitos, en tragos cortos que saben a gloria.
Desde ayer vengo dándole vueltas a un asunto sobre el que pensaba escribir hoy, pero he escuchado a una colega que se llama Balbina en el Telediario de la primera cadena y me he dicho que no es día para menudencias.
Balbina -el apellido no lo retuve, lo siento- habló sobre la situación desesperada que viven muchos periodistas mexicanos. Se refería a Ciudad Juarez y al caso concreto de El Diario de Juárez, que publicó un editorial en la que preguntaba a los narcos: "¿Qué quieren que hagamos?"
El asesinato del fotógrafo Luis Carlos Santiago Orozco ha dado la vuelta al planeta gracias a la reacción de sus compañeros.
El editorial de hoy vuelve sobre lo mismo.
En estos días de duelo por la muerte de José Antonio Labordeta -que tanto me recordó siempre al político y abogado canario Fernando Sagaseta, por imagen y por talante-, y de estupor por las deportaciones de Sarkozy, llega ahora la noticia de que la ultraderecha ha conseguido entrar en el Parlamento sueco (pincha aquí también). Mientras en Estados Unidos acecha el Tea Party, nada inofensivo a pesar de que sólo le falta la mermelada en ese nombre de merienda inglesa.
En tiempos de escasez salen a relucir los generosos, pero también el sálvese quien pueda que es, al fin y al cabo, la ideología de todos estos.

(Para ilustrar este post voy a utilizar un regalo que me trajo un compañero a la vuelta de las vacaciones, Es una servilleta de un bar que hay por Despeñaperros. No sé si el desaparecido Luis Carandell lo citó en su 'Celtiberia show', libro del que habla en esta entrevista )
Hoy me he dicho que de hoy no pasa, que este blog tiene que moverse. Ya se sabe lo que sucede cuando no se hace deporte: se anquilosan los músculos, se pierde elasticidad y las carnes se aflojan. Como no quiero un blog fofo, pues me he dicho que lo primero que iba a hacer hoy es ponerlo a hacer gimnasia.
Con el blog me pasa lo mismo que con el deporte: si no lo hago a primera hora, después me cuesta encontrale un hueco, porque las obligaciones se suceden unas a otras sin solución de continuidad, que es una expresión que me gustó mucho desde el momento en que conseguí entenderla, que no fue a la primera, no creas.
Creo que uno de los asuntos más interesantes de la actualidad que nos ocupa y nos rodea es la decisión de Sarkozy de expulsar a los gitanos rumanos de su país y la reacción que ha provocado este hecho en el seno de la Comisión Europea . Resulta preocupante que el país de la igualdad, la legalidad y la fraternidad defienda hoy todo lo contrario y nos intente hacer comulgar con ruedas de molino.
(En la foto de EFE/Olivier Hoslet, la comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, que calificó de "verguenza" la expulsión de los gitanos. Y tanto).
Acabo de regresar de un bar que tengo cerca del periódico, de tomar un cortado con sacarina y medio bocadillo de queso tierno. El bar está regentado por un matrimonio desde hace poco tiempo, por lo que aún no sé sus nombres. Pero, como soy de natural hablador cuando el ambiente es propicio, ya he entablado alguna conversación con la mujer, ya que ella es la encargada de atender a los clientes mientras que él se ocupa de la cocina.
A raíz de una pregunta mía sobre por qué en un programa de cocina de la televisión canaria sancochaban unas papas con medio limón, iniciamos una charla que pronto se fue por otros derroteros. 
Según aventuró -tampoco estaba muy segura-, el medio limón se pone para que las papas no se oscurezcan al cocerse. También me dijo que le habían asegurado que un medio limón en el agua de guisar la coliflor evita el característico olor que desprende este vegetal al cocinarse.
Convinimos en que a las dos nos gustaba la coliflor a pesar de sus efectos secundarios y después recordó los sancochos que disfrutaba de joven en la playa, cocinados con fuego de leña y una rejilla sobre un círculo de piedras para apoyar el caldero.
No usaban agua para guisar las papas, bastaba con colocar unos cantos de la playa en el fondo del recipiente y abundante sal para conseguir unas deliciosas papas arrugadas, y no "arrugás" como dicen los cursis.
(En la foto de Gerardo Montesdeoca unas papas arrugadas con su correspondiente mojo rojo, a mi juicio, un plato genial.)
Este verano un viejo amigo, experto en anchoa del Cantábrico y espárragos king size, entre otras muchas habilidades gastronómicas y de otra índole, me dijo que debiera yo cambiar el tono de este blog, alejarme de nostalgias y otras melancolías y darle un matiz menos empalagoso a estos comentarios, a los que regreso, por cierto, después de más de un mes de vacaciones.
Es cierto que no utilizó el término empalagoso ni ninguno que se le pareciera, pero yo, que lo conozco desde los tiempos en que Alaska y los Pegamoides eran el no va más de la modernidad, sé que eso era exactamente lo que me quería decir.
El apunte de mi amigo me halaga, por aquello de que lo importante es que hablen de uno aunque sea mal; en este caso, que te lean y no solo que te visiten.
En el mundo virtual las visitas se registran, de tal manera que se sabe a ciencia cierta cuántas veces se ha hecho clic en cada contenido. Lo que aún no se ha inventado, que yo sepa, es un sistema que verifique la lectura. Se sabe cuanto tiempo pasa uno después de hacer clic, pero no si se está leyendo o limpiándose las uñas, y esto es un suponer.
Por el momento, esta es la batalla: conseguir el mayor número de visitas, la duda es si en internet vale todo como ocurre en el amor y en la guerra.


