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Archivos Julio 2010

Al final todo o casi todo va a ser demostrable Lo digo por este estudio, según el cual la salud también es una cuestión de amistad.

Lo que viene a decir el informe es que hay que relacionarse para no caer enfermo. Me pregunto si al final no va a resultar que todo es química. Incluida la poesía.

En mi pequeño círculo de amistades eternas pasamos unos días de preocupación por el estado de dos de nuestros retoños. sometidos a una prueba que no fue moco de pavo. Ya se sabe que todo es según el color del cristal con que se mira y que lo que para tí es una tontería, puede ser tremendo para el que tienes a tu lado.

Como madres que somos pecamos de protectoras y tendemos a querer que nuestros retoños no sufran ni de refilón; lo que, por otra parte y así lo reconocemos también, no es nada bueno a la larga. Pero somos así, ¿qué le vamos a hacer?

La historia no tiene misterio ni es algo que no ocurra todos los días, pero como me dijo una señora que entrevisté hace algún tiempo: "Mi niña, hay que pasarlo". El problema es universal y se resume con estas palabras: "ser el nuevo o la nueva".

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A no ser que una tenga un gran desparpajo o sea un poco inconsciente, ser la nueva en cualquier situación de la vida suele ser un momento difícil para la mayoría. Más si se tiene menos de 15 y los que te miran con extrañeza son más o menos de tu edad, además son varios y, encima, se conocen entre ellos.

Ser nuevo en el trabajo, en un colegio o en el equipo es una situación que entronca con la costumbre, mala costumbre, de dejarse llevar por las apariencias. Yo lo he pasado muy mal en alguna ocasión en la que me ha tocado ser la nueva, aunque ésa es otra de las debilidades que se van superando con los años.

Ya no me afecta tanto ser la nueva -aunque me afecta-, porque creo que he aprendido de la experiencia. De ser la nueva aprendí a coger el toro por los cuernos y de pertenecer al grupo de los antiguos creo que he desarrollado, o al menos lo intento, algo de sensibilidad para tratar de amparar al que sufre por ser novedad.

Pero la piedra en la que vuelvo a tropezar una y otra vez y no hay manera es la de las falsas apariencias. Mira que he recibido más de mil lecciones de esta clase y no aprendo, no aprendo. La última lección la recibí en una cabina de baño turco. Como el vapor era tan intenso, no veía con quien estaba hablando y pude descubrir lo falsas que son las apariencias a veces.

Sucedió hace un par de semanas y resultó ser una conversación muy agradable y también amena, -no hay nada más aburrido que un baño turco en solitario-. Pero no le vi la cara a mi interlocutora hasta que salimos de la cabina y resultó que era una mujer a la que yo conocía de vista y tenía ya catalogada. Mal catalogada.

¡Ah! y los dos retoños superaron pronto la novedad, como cabía esperar.

(Entrada a un auténtico baño turco, en una foto de morguefile)

¿Podría definirse la infancia como la ausencia de nostalgia?

Dice Nativel Preciado que si mantenemos la presión podemos salvarle la vida a Sakineh.

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Es difícil ponerse en el lugar de esta mujer desde el sofá de casa. Yo lo he intentado: es mujer como yo, madre como yo ... En esencia somos iguales, sólo que ella está en una celda, -más bien será una mazmorra-, y yo en mi casa, con los míos.

Yo estoy preocupada por el equipaje que necesita mi hija para salir unos días de campamento y ella, por cómo la mataran finalmente si a pedradas o en la horca.

Amnistía Internacional ha demostrados que muchas firmas consiguen objetivos. Dale la tuya a Sakineh. Aquí puedes firmar.

Escribo esta entrada en la redacción del periódico entre ¡uuuuuiiiis! y ¡¡¡aaaaaays! porque en estos momentos juega España. Echo un ojo al teclado y dos a la tele que tengo enfrente de mi mesa de trabajo. Como está colgada de una columna, tengo que levantar la cabeza, así que estoy en un sube y baja. Nunca he sido futbolera, pero reconozco que estoy sobrecogida por la magnitud del acontecimiento. España se ha vuelto loca de alegría.

Hoy, cuando conducía en dirección al periódico, sobre las cinco y media de la tarde, he cruzado una ciudad vacía, como en capilla. Sólo me topé con algunas personas y la mayoría llevaba camiseta roja. Algunos eran jóvenes, pero también alguna señora, nada sospechosa de tener nociones de balompié, iba con su camiseta roja.

Reconozco que estoy emocionada, porque nunca antes había vivido un acontecimiento de este calibre. Nunca antes estuvimos tantos tan de acuerdo en este país.

Y después está lo de la bandera de España, que está por todas partes. Parece que, gracias al deporte, estamos liquidando una de las desgraciadas herencias del franquismo.

La dictadura le hizo un flaco favor a la bandera. Se apropió de ella y durante mucho tiempo fue cosa de gente de derechas o de ultraderecha, que lo llevaba en el reloj y hacía gala de propiedad. Lo peor es que los demás dejamos que se quedaran con ella, porque nos daba grima ese tufo franquista que desprendía.

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Fue una de las herencias del franquismo, una hilacha de dictadura que se quedó prendida en nuestro presente y que ahora, gracias a los triunfos del deporte, ha terminado por desprenderse para irse al pasado, arrastrada por este ventarrón de locura futbolera.


(La foto es de Efe y se hizo en Zamora, pero es igual, toda España está llena de banderas y no por orden de la autoridad.)

El pulpo Paul se une al imaginario del apreciado cefalópodo, junto al del garage y al que vale como animal de compañía. Yo, que frecuento las Rías Bajas y sé de primera mano lo apreciado que puede llegar a ser el octopus vulgaris, no puedo imaginar qué pasará si, efectivamente, Paul tiene razón y España gana el mundial. ¿Lo haremos duque o marqués? ¿Damo de la orden de Isabel la Católica? ¿Medalla al mérito del Deporte? ¿director general de algo?

Como dice Esther, imposible sustraerse.

Hay tantan ilusión por todos lados con esto de que hayamos llegado a semifinales del mundial, que se diriía que estamos en víspera de Reyes. En unas horas veremos si nos traen lo que pedimos o no.

La crisis no viene bien en lo que tiene de baño de humildad. Creímos que nuestra tarjeta de crédito era inmortal y que el dispendio debía ser bueno, por la única razón de que lo hacía todo el mundo. La norma básica era el no voy a ser yo menos y así nuestro coche siempre estaba a la altura del vecino y no de las circunstancias.

Celebramos los cumpleaños de los niños como bodas, y la televisión siempre fue a la última, no vaya a usted a pensar que yo no puedo. En ropa, un potosí y todo del trinque, que lo de heredar de los primos es de los tiempos del cuplé.

Las sobras de la comida, a la basura, que hacer croquetas es un atraso; y los fines de semana, al restaurante, porque recoger la cocina es horroroso. Si ibas al cine, nada de llevar la merienda de casa, qué hortera, lo que mola es comprar palomitas a un precio desorbitado, pero, qué quiere que le diga, no voy a ser yo menos que aquel que va delante con ese pedazo de palangana de roscas, que es como siempre las hemos llamado en Gran Canaria.

La crisis, a la que ya empezamos a acostumbrarnos, ha serruchado a lo bestia y sin anestesia muchas de estos usos y costumbres de nuevos ricos que fuimos.
Trae muchos problemas y calamidades, pero también puede que nos deje algo bueno. Puede que nos devuelva el sentido y volvamos a disfrutar con una humilde tortilla en una fiambrera.

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(En la foto de Francisco Socorro, las concejalas Nardy Barrios (izq.) e Inma Medina, en un concurso de tortillas que organizó el año pasado un establecimiento comercial como se ve en los delantales de ambas) .

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Sentí mucho la derrota de Ghana y no porque tenga nada en contra de Uruguay. Al contrario, tengo una amiga de Montevideo que es tan simpática que justifica por sí sola que te caiga bien el país entero.

El partido de cuartos que anoche disputaron Uruguay y Ghana fue uno de esos encuentros vibrantes que ponen de pie al tendido. Yo, que lo vi en un bar, me puse enseguida de parte de Ghana, porque tengo tendencia a ir siempre con los más débiles.

Me pareció que aquellos deportistas negros luchaban por la clasificación, pero también y mucho más por dar una noche de gloria al continente más humilde del planeta.

(En la foto de Efe, los jugadores de Ghana desolados, tras perder el partido)

Hay reacciones que no se pueden reprimir. No es mala intención ni ganas de fastidiar; sencillamente a una le salen así. Digo esto porque ya sé que va en serio y que la intención debe ser buena, pero no puedo impedir que la presentación oficial de la policía canaria (alías 'guanchancha') me recuerde más a una viñeta de Tintín o a un fotograma del príncipe de Zamunda que a un cuerpo público de seguridad. Quizás tengan la culpa los uniformes, que me hacen pensar en Star Trekgorras.jpg. o tal vez porque no acabo de entender que haga falta, con lo que cuesta y con la que está cayendo.

(De todas manera, se les desea mucha suerte, que lo que quieren es ayudar.)

(En la foto distribuida por el Gobierno de Canarias, los nuevos policías tirán sus gorras al aire tras la presentación oficial, al más puro estilo telefilme).