¿Y si las ideas fueran como los óvulos? ¿Nacemos con las ideas contadas? ¿Se van gastando con el tiempo? ¿Cuántas ideas le quedan a una mujer a los 45? ¡Oh!
Archivos Abril 2010
Mi hija pequeña, que es una mujer muy perspicaz, me preguntaba el otro día por la tradición española de colocar el apellido de la madre en segundo lugar. Ella quería saber si siempre era así. Le constesté que sí y le hice ver que en Portugal era al revés. Allí primero se ponen el de la madre y el que va en segundo lugar es el del padre, aunque éste es el que se hereda que, al fin y al cabo, es lo que importa. (Leo con sopresa que en Canarias se hizo así durante siglos)
Íbamos caminando por el campo mientras hablábamos sobre éste y otros asuntos igual de peregrinos. Yo pensé en voz alta que a lo mejor podrían dejar a la gente que eligiera qué apellido querían ponerse primero, pero inmediatamente me di cuenta de que sería un lío y así se lo hice ver a mi hija, que asintió con un gesto de entendimiento.
Pronto ella se fue por otros derroteros. Seguíamos un camino guiados por un libro para senderistas, y su atención se centró en la abundancia de flores que íbamos encontrando a nuestro paso.
Pero, a mí, aquella reflexión sobre el primer y el segundop apellido se me quedó larvada y esta mañana ha vuelto a la superficie.
Yo sólo uso mi primer apellido para firmar mis artículos y este mismo blog. Hay otros periodistas que utilizan sus dos apellidos y hay un tercer grupo que usa sólo la inicial del primero y a continuación ponen el segundo.
Esto último se hace por diversas razones, bien porque el primero es más común que el segundo, que distingue más al firmante; bien porque no se guarda una buena relación con el padre o bien por no repetir, que también conozco algún caso.
Después de tantos años de firmar sólo con mi nombre de pila -en realidad con parte de él- y el primer apellido, el segundo se ha convertido en algo que queda para la intimidad. Digamos que tengo un nombre público y otro que sólo conocen los íntimos, la familia, por supuesto, y los viejos amigos de toda la vida.
Lo mismo me pasa con otras personas de nombres tan presentes en la esfera pública como Santiago Carrillo, que resulta que se llama Solares de segundo o con José María Aznar, que es López por parte de madre. El Solares y el López me parecen zonas del individuo resguardadas de la exposición pública. A veces uno oye el segundo apellido de un personaje de estos y cae en la cuenta de que él también tenía madre.
Esta costumbres que relega al apellido materno a un plano íntimo podría tener cierta lógica en los tiempos en que las mujeres no salían de la esfera familiar, pero eso ya pasa cada vez menos o casi no pasa. Afortunadamente.
(Foto de la familia brocoli de Morguefile)
Resulta difícil de digerir que se haya montado este debate nacional por algo tan sencillo de entender como es la pretensión de los hijos, nietos, sobrinos y biznietos de los desaparecidos del franquismo de encontrar sus hueso y enterrarlos.
En esto pensab esta mañana en el coche mientras conducía hacia el trabajo. Pensaba en que si yo estuviera en su lugar también quería saber qué pasó con mi padre. Saber de una vez por todas si es verdad que lo mataron y lo tiraron a un pozo, para cerrar tantísimos años de duelo.
No somos dueños de nuestros pensamientos, así que de aquí me fui con un basurero que, mientras yo esperaba en un semáforo, barría junto a unos coches con una hoja de palmera. Lo sorprendí escondiendo parte de la basura bajo uno de los coches, como en el chiste de las alfombras y la asistenta. Y no sé cómo acabé enlanzado una cosa con otra. La basura que escondió el barrendero y el dolor que permanece enterrado en pozos y cunetas. La primera saldrá a flote en cuanto el dueño del coche se lo lleve; lo segundo depende de más cosas, principalmente, de que nos querramos poner en el lugar de las familias.
Compruebo esta mañana de lunes con alivio que esta noticia no ha pasado desapercibida como temí el viernes.
En el tiempo que ha permanecido publicada hasta este momento en que escribo, ha tenido más de mil visitas y al menos once comentarios, a pesar de que creo que nunca se colocó en la portada de canarias7.es
El calvario por el que pasó la niña yemení, de la que solo sabemos que tenía 12 años, es terrible. Más de una vez en estos días he tratado de imaginar qué pasaría por su cabeza cuando la casaron con el bruto y todo lo que vino después hasta su muerte, pero no he sido capaz.
Soy tan cobarde que empiezo a ponerme en su lugar y desisto, porque me parece que no voy a poder con ello. ¿Qué podríamos hacer para evitarlo?
Si no escribo a primerísima hora, antes de que empiecen a llover asuntos, llamadas, novedades, proyectos y otras zarandajas, ya no logro actualizar mi Virtualario.
Lo tengo comprobado. Me digo: ahora lo hago, y el ahora no llega nunca, porque siempre hay un 'posyá', que es un término muy utilizado cuando se hacen obras en casa.
'Posyá' que estamos arregle también la cisterna, que parece que pierde un poco de agua..." , le dice uno al maestro. "¿Y qué le parece si...?", suele contesar él. "Posyá' que estamos...", le respondes y, unos cuantos 'posyás' después, tienes la casa que es un primor.
A mí me pasa lo mismo, pero con asuntos del periódico. Si no cojo el Virtualario a primerísima hora, me pilla el tren y ........¡zas¡
Robo este título al comentario que me hace Pablo en la anterior entrada de este blog, en la que hablo de Garzón, Carrillo y las tribulaciones judiciales del PP nacional.
Desde el partido del martes contra el Arsenal, estaba barajando la idea de escribir sobre Messi, que, como dijo el Padrito Claret de los canarios, me ha robado el corazón, o casi. El comentario de Pablo me ha servido de espoleta.
No me gusta el fútbol, no me gusta hablar de fútbol, no sé nada de fútbol y sólo veo partidos fundamentales, partidos que ni siquiera una periodista descreída como yo podría perderse.

Son partidos que son historia y que hay quer ver para no quedarse al margen de la actualidad que, al fin y al cabo, es mi trabajo Desde esta perspectiva y desde la otra -la de la ignorancia futbolera-, quiero decir que disfruté con el partido, con los golazos de Messi y mucho más con esa pinta de pibe de barrio que tiene el astro, tan feliz tras marcar sus goles como un chiquillo en el patio del colegio. Esta comparación se la robo a una compañera del periódico, ella sí, una ilustrada en el arte del balompié.
Messi deja en evidencia a algunos de esos futbolistas de pelo engominado o con cresta, pendientes en la oreja y glamour de sofá de escai. Hay alguno de estos que más que jugar a la pelota parece que saltan al césped para descubrir la curación del cáncer. No como Leo, que es un artista y un encanto. Esperemos que no lo destruya el éxito, como le ocurrió a Maradona.
(En la foto de EFE/Alberto Estévez, Leo Messi horas después de ganar al Arsenal)
Un juez que pretendió investigar los crímenes del franquismo acaba sentado en el banquillo gracias a la denuncia de los herederos de ese franquismo, y las diligencias previas de una causa a la que aún le queda mucho para llegar a juicio se pueden descargar completas en internet. O al menos así lo anuncia esta página web que enlazo.
Esto último no debe estrañar a estas alturas. Ayer, el día en que el juez levantaba el secreto, varios documentos fueron mostrados en el telediario de la 1, sin que se enmascararan nombres ni datos de personas que quizás tengan sólo una relación colateral con el escándalo.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, tendré que estar de acuerdo con Esperanza Aguirre, que dijo que había que esperar, porque los que juzgan son los jueces y no la policía.
También en estos días Santiago Carrillo, que acaba de presentar un libro que me resulta muy apatecible, -Los viejos camaradas se titula-, ha dicho respecto a la corrupción: "Lo grave de esta lacra es que hace perder la confianza en la política y en todos los políticos y crea siempre un terreno favorable a la aparición de un salvador que dictatorialmente nos saque de esa situación". (El País)
Y Garzón en el banquillo. Lagarto, lagarto ...
¿Qué es peor: pasar un poco de frío toda la noche por no levantarse a coger una manta o pasar mucho frío durante sólo un instante por levantarse a coger esa misma manta?
A la luz del día la respuesta es obvia y creo que responde a un dicho que he oído en mi casa que dice que más vale estar amarillo un rato que verde toda la vida, o algo parecido.
Lo que quiere decirse con el verde y el amarillo es como la historia de la manta que yo no me levanté a coger anoche y que tan bien me habría sentado. Eso mismo me pasa a veces con ciertas situaciones y con ciertas personas, que aguantas y aguantas hasta que... te coges un catarro.
