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Archivos Marzo 2010

El otro día, en una de esas maravillosas cenas de viejos amigos -tan escasas por las circunstancias de la vida que más que disfrutarlas se absorben-, intenté contarle algo de mi vida a una de mis más viejas amigas. Ella me respondió que ya sabía lo que le iba a contar. Yo le pregunté que cómo era eso posible ... ¡Pues resulta que me lee!

Esta confesión de mi vieja amiga a mí todavía me parece un misterio, pues escribo tan para mí que, en el fondo, pienso que no lo hago en un blog, sino en uno de aquellos diarios con candadito y llave que nos regalaban cuando éramos niñas.

Esta vieja amiga entre las viejas amigas me dijo también que qué había pasado con el entierro de los 24 hombres de Arucas, que había dicho que iba y después no había contado nada más. Le recomendé que comprara el periódico del día siguiente -esto fue el sábado pasado-, y ahí quedó la cosa.

Ahora, después de unos días de mucho trabajo, he podido volver a este teclado interior, que es lo que es Virtualario en realidad.

Haré un resumen de los acontecimientos del sábado 20 de marzo, día en el que los 24 hombres hallados en el fondo del pozo del Llano de las Brujas (Arucas, Gran Canaria) fueron conducidos al cementerio de su pueblo, 73 años después de su muerte y tras permanecer más de 70 desaparecidos.pozo.jpg

Fueron enterrados entre banderas republicanos, con el himno correspondiente sonando a través de los altavoces de la plaza de la Constitución, y con el alcalde, el presidente del Cabildo y otros representates institucionales presentes, pero en un plano discreto, porque el protagonismo lo acapararon las familias, como debía de ser. En eso estuvo todo el mundo de acuerdo.

Fue una jornada histórica y también tremendamente emotiva para algunas de las personas que acudían, tal vez, al entierro de su padre 73 años después de haberlo perdido. Digo tal vez porque las identificaciones no han concluido y aún no se sabe quién está en el nuevo mausoleo del cementerio de Arucas.

Mi cena de viejos amigos no estuvo tan cargada de significado histórico, evidentemente, pero en cierta manera fue también un reencuentro con el pasado, con lo que fuimos. No solo nos vimos los que nos vemos cada cierto tiempo ya sea a propósito o en encuentros casuales, normales entre personas que viven en una misma ciudad, sino porque nos reencontramos con una vieja amiga que no vive en Gran Canaria y a la que muchos recuperamos después de una eternidad.

Es muy buena cosa reencontrar a un viejo amigo y comprobar que sigue siendo amigo, aunque seamos los dos más viejos. Es como vencer al tiempo, como responder con un corte de mangas al paso de los años.

Ahora que miro ambos acontecimientos con un poco de perspectiva pienso que algo así, aunque no es lo mismo, hicieron en Arucas.


(En la foto de Juan Carlos Alonso Pino Sosa (primera) y Balbina (segunda) encabezan la fila de personas que llevan las urnas con los restos de los 24 hombres a los coches que los trasladará al cementerio. Van cubiertas con la bandera republicana. Todas las fotos de ese día están aquí en una galeria de fotos. El trabajo de Juan Carlos Alonso es magnífico)

Mañana sábado 20 de marzo de 2010 serán enterrados en el cementerio de Arucas, Gran Canaria, 24 hombres que fueron asesinados y arrojados al pozo conocido como el del Llano de las Brujas y ubicado en Montaña Blanca, también en Arucas, en 1937.

El entierro se produce 73 años después de los asesinatos y a los pocos meses de que fueran hallados en el fondo del pozo gracias a una excavación arqueológica impulsada por la Asociación por la Memoria Histórica de Arucas, la organización que lideran las primas Balbina y Pino Sosa.
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La segunda, presidenta, es la hija de José Sosa Déniz, latonero y socialista, que fue arrancado de su casa en la madrugada del 19 de marzo de 1937. Es probable que José Sosa Déniz sea uno de los hombres que reciben sepultura mañana.

Los 24 hombres se entierran sin nombres, aunque el estudio realizado a cada uno de ellos permitirá en el futuro identificarlos si se da con sus familiares. La falta de diligencia institucional ha ralentizado el proceso de identificación genética, pues la realización de árboles genealógicos habría permtido tal vez que los hombres que reciben hoy sepultura no llevaran escrito un número en la urna, sino Pepe, Juan o Antonio.

Mañana se pone fin a 73 años de duelo, pero no del todo y no para todos.
Conocí a Balbina en noviembre de 2007 cuando nos fuimos juntas a Madrid. Ella, para asistir a la aprobación de la ley de la memoria histórica en el Congreso de los Diputados y yo para contarlo en un reportaje a través de sus ojos. Al poco tiempo conocí a su prima Pino. Desde entonces somos amigas.
poz.jpg Las quiero mucho y las admiro. Sufrieron mucho de niñas como hijas de rojos, pero nunca las vencieron. Ellas, dos modestas mujeres, ahora en la edad madura, han podido abrir un pozo, sacar 24 cadáveres y llevarlos a enterrar por en medio del pueblo.
Y lo mejor es que no van a parar. Hay 68 desaparecidos solo en Arucas, muchos más en toda Gran Canaria y otros tres pozos por abrir.

(En la foto de Arcadio Suárez, arriba, Balbina y Pino, en una rueda de prensa, y abajo, el fondo del pozo, debajo aparecieron más esqueletos.)

Esto me ocurrió ayer, a esa hora imprecisa del día en la que la mañana ya está lista, pero todavía no es el momento de sentarse a la mesa. Ese lapso en el que el día se toma un respiro, la ciudad se ralentiza y algunas calles parecen vaciarse, me cogió caminando hacia una cita para el almuerzo.

Iba pensando en mis cosas, cuando un acelerón, un derrape y, a continuación, un berrido huracanado me sacó de mis pensamientos. "¡Guarra!", gritó un individuo que conducía sin dejar de acelerar hasta que desapareció carretera arriba.

Como la calle estaba en calma, el alarido sonó estentóreo, potente, avasallador. No iba dirigido a mí, eso lo tuve claro desde un principio. No porque no lo sea, que no lo soy, -un insulto no necesita ser verdad-, sino porque la tensión dramática de aquel instante no estaba puesta en la acera donde yo estaba, sino en la calzada, donde una mujer madura -de sesenta y pico-, permanecía agarrada al volante de su utilitario, que apenas unos instantes antes acababa de pararse a causa de un semáforo en rojo.

Tgrito.jpgodo ocurrió muy deprisa. Fue uno de esos acontecimientos que pasan de forma tan veloz que sólo después puedes ordenar las piezas. Los recreas en tu cabeza a cámara lenta y únicamente así comprendes lo que pasó.

Esto fue lo ocurrido según mi reconstrucción: En algún momento previo la mujer del utilitario -la veterana, como diría una amiga mía de Montevideo-, hizo alguna maniobra que, con o sin razón, disgustó a un individuo que iba al volante de otro vehículo.

Después, la señora dobló la esquina y se posó con dulzura en la cola de los que habían quedado atrapados por el cierre del semáforo. En ese momento aparezco yo por la acera, pensando en mis cosas. Acto seguido, el derrape, el coche que pasa como una exhalación dejando tras de sí el berrido - "¡guarra!"-, y la veterana que recibió el insulto, sin soltar el volante. Me pareció que el vozarrón del energúmeno se había estampado en la ventanilla del coche como un escupitajo.

Pero, además, el alarido fue tan insultante, que tuvo el mismo efecto que producen los sucesos extraordinarios cuando tienen lugar ante extraños y estos olvidan su extrañeza, dejan a un lado las convenciones sociales y se tratan de tú. Así nos ocurrió a otra mujer que iba por la acera y a mí. Aunque no habíamos sido presentadas, tras escucha el grito nos hablamos para compartir nuestro estupor, porque era demasiado grande y nos desbordaba.


Disfruto como muchas de mi contemporáneas de un razonable éxito profesional, lo que me da independencia económica, me hace sentirme lo que antes se llamaba "realizada" y tan protagonista de mi tiempo como cualquier hombre.

También como muchas de mis contemporáneas disfruto de relaciones saludables con la mayoría de los hombres que me rodean. Salvo excepciones, los hombres con los que me relaciono no me dan un trato peor por el hecho de que yo sea una mujer; a lo mejor sí porque no les gusto, pero no por el mero hecho de ser mujer.

Las actitudes machistas que debo soportar no pasan a mayores. Y la mayoría de las veces son insignificantes, tanto como los mismos personajes de las que provienen.

Sé que soy una mujer afortunada, muy afortunada. Miles de mujeres, -millones-, soportan hoy en día distintos tipos de malos tratos por la única razón de ser mujeres.

También sé que si no hubiera sido por otras mujeres -y hombres- que lucharon antes que yo, yo hoy podría ser una de ellas. A lo mejor no sería una esclava sexual ni sufriría violencia física, pero tal vez no habría estudiado una carrera o no podría hacer algo tan cotidiano como ir en bicicleta por la calle.

Hoy día internacional de la mujer, va por todas ellas, por todas esas mujeres.

Y aquí, Ricardo Solfa hablando de mujeres. No estoy muy segura de que el sentido de la letra no sea un poco machistoide, pero la canción siempre me gustó.


Hace una par de meses que uso gafas para ver de cerca. Al principio me hizo mucha ilusión y ahora ya no tanta. Las gafitas estas han cambiado mi rutina y, además, me dan qué pensar. Por la más que las limpio, siempre están sucias. El origen de esa suciedad me inquieta. ¿Será esto a lo que se refieren cuando hablan de mirada limpia? Sé que no, pero aún así me intriga.

Si hubiera sido consecuente con mis convicciones, hubiera titulado choque en lugar de shock, que ese es el término adecuado para traducir la palabra inglesa. Odio los anglicismos, sobre todo si el castellano dispone de su propia palabra. Si por mi fuera, no diríamos sandwich sino emparedado. En eso soy una purista.

Pero he sido una cobarde y no tuve confianza en la palabra. No creí que ella sola se hiciera entender. Así que he puesto shock en el título. Una vez dada esta explicación, me dispongo a hablar del choque -ahora sí-, que sufrí esta mañana.

Por razones relacionadas con mi trabajo, tan dado a depararme todo tipo de encuentros y sorpresas, entré esta mañana en el colegio donde estudié entre los cinco y los 14 años. Se trata de un edificio de finales del XIX, con sus correspondientes añadidos modernos, pero muy bien conservado en lo esencial.

Es decir, esta mañana volví a recorrer parte del paisaje diario de toda mi infancia. Escaleras, pasillos, barandillas, puertas, baldosas... Todo o casi todo estaba igual y han pasado 30 años. Lo que yo he hecho en ese tiempo.

Entré y la portera me dijo que esperara por mi anfitriona en un patio pequeñito que tiene una especie de estanque, mientras a mi alrededor continuaba la vida del colegio. Una alumna que llega tarde, otras que dan clase de canto, profesores, una monja con hábito que creo reconocer. Para todos ellos yo era una extraña, pero para mí los extraños eran ellos que ocupaban ahora el territorio que fue primero mío y de mis amigas.

Entré en la capilla y me pareció de juguete, porque yo la recordaba con las perspectiva de cuando era bajita. Subí las escaleras y la barandilla casi me dio vértigo porque me pareció que no estaba a la altura y vi la puerta abierta de la que había sido mi última clase, que allí seguía, insensible a mis añoranzas

Una hora después volví a salir del edificio, quizás hasta dentro de otro porrón de años, con el corazón tembloroso y la memoria pegando brincos.

Este viernes por la noche, horas antes de que soplara el viento -tanto que hubiera tirado también la casa del tercer cerdito-, se presentó en sociedad una iniciativa en internet que tiene la frescura de las buenas intenciones.

Fue una noche de mucho calor, mucho más del habitual para finales de febrero, y hubo que vestirse de verano, con zapatos abiertos. La temperatura y el viento le dieron un halo muy africano al evento, aunque esto sea un tópico, pues ya se sabe que el continente vecino es muy grande y hace calor, pero también frío.

Fue una noche como de encargo para acoger la presentación de GuinGuin.Bali, una web que a base de bips quiere "cohesionar" esa región amplia que engloba a la Macaronesia y a África Occidenta, para mirarla "con ojos limpios".

Se trata de una iniciativa puesto en marcha por tres periodistas viajeros -Laura Gallego. Txema Santana y Pepe Naranjo-, inquietos y yo diría que algo soñadores. Así la nueva ventana a lo que pasa aquí cerca está abierta desde esa noche de febrero, en la que hizo tanto calor.