los blogs de Canarias7

Archivos Enero 2010

Si hubiera llevado a cabo una décima parte de los planes que urdo en mi cabeza, hoy sería una mezcla de madame Curie, Teresa de Calcuta, Maruja Torres y de algunas otras muchas mujeres -y hombres- que admiro.

Hago planes como Antoñita la Fantástica y hay quien ya no me toma en serio cuando digo que vamos a hacer tal o cual cosa.

Yo me consuelo pensando que hay que planificar con holgura para que la idea aguante las estrecheces de la realidad y sobreviva a la erosión de la vida.

Que sobren ideas, para que siempre haya alguna que supere nuestra pereza, nuestro desencanto o nuestra estupidez.

Cuando me pasa lo que ha pasado; es decir, cuando me dejo ir tanto que mi pobre Virtualario se despeña por la columna de blogs de canarias7.es hasta honduras abisales, me sucede como cuando vas a encontrate con alguien después de muchos años sin saber el uno del otro: me da corte.

Lo supero, no sin esfuerzo, y me encuentro con la persona en cuestión o me lanzo a escribir teclado arriba, teclado abajo, que es lo que estoy haciendo esta tarde de domingo.

Estos días que he estado sin actualizar el blog han estado marcados por la tragedia de Haití. No me sentía con ánimos para escribir sobre la catástrofe, porque pensé que sólo podía añadir más blablá al blablá planetario. Yo quería dar consuelo, pero me tengo que conformar con dar dinero.

Cuando veo las imágenes, leo las informaciones o contemplo las fotografías me invade el desaliento, ¿cómo se puede seguir adelante cuando no te queda nada? El desamparo de los niños que han quedado huérfanos es particularmente desgarrador.

Decía que no quería escribir sobre Haití, pero he acabado haciendolo porque pasarlo por alto me parecía ahora, que lo pienso mejor, una falta de respeto. Siento que si no dedico unas líneas a condolerme por tanto sufrimiento, es como decir que me da igual. Y no es así, de ninguna manera.

Acabo de regresar de unas cortas y merecidas vacaciones -no voy a ser menos que los personajes del cuore-, que, por fin, he aprovechado con el corazón y la cabeza. Uno de mis defectos- bastante extendido, según creo- es dejar ciertas cosas para más tarde. Siempre pienso que ya habrá tiempo ... y esas ciertas cosas nunca se hacen.

Se me va la fuerza por la boca y todo se queda en un veremos, modesto primo hermano del genial "Vuelva usted mañana" que Larra legó a la posteridad. Lo mío se parece, aunque con distintos motivos, a lo de algunos gestores de la cosa pública, vulgo políticos, que siempre tienen un plazo más allá: si se les pregunta en junio o mayo, inevitablemente el proyecto se hará después del verano, y lo mismo ocurre si en el horizonte están las vacaciones de Navidad o el lapsus lectivo de la Semana Santa.

Una de las causas de esta falta de diligencia es la comodidad o la cercanía, que actúan como elementos disuasorios. Me refiero al hecho de que un madrileño no pise jamás el Museo del Prado. No va porque puede ir en cualquier momento, precisamente.playa.jpg

Como al madrileño con el Museo del Prado a mí me ocurría con el Teide, que lo tengo tan a la vista, tan a mano, que no había ido nunca. Desde cierta perspectiva, lo mío es más grave que lo del madrileño, porque éste puede vivir en Madrid toda la vida sin pasar jamás por delante de la pinacoteca, sin embargo yo, que vivo en Gran Canaria, tengo al Teide presente día sí, día también. Me basta con asomarme por el lado norte de la isla. Voy a Las Canteras a darme un baño o un paseo y allí, si no hay nubes, está el Teide. Paso por La Minilla para ir al supermercado y allí está él, enorme, imponente. Y lo mismo si voy a Agaete o a la Cumbre. Si el día está claro, él no falla.

En estas cortas vacaciones, el ya veremos se convirtió en el ya lo hicimos. Subimos el coche al ferry y fuimos al Teide, una experiencia sensacional que recomiendo. No sólo disfruté con el espectacular paisaje, sino que también me sentí reconfortada por el placer de haberlo hecho, por la sensación de no haber tirado mis cinco días de vacaciones por el retrete como me ha ocurrido otras muchas veces.

Porque no sólo fuimo al Teide, noooooo. También nos dimos unos baños gloriosos en la playa del Inglés y pasamos frío en la Cumbre. Las dos últimas cosas sin salir de Gran Canaria, continente en miniatura, que así la bautizó con acierto el periodista Domingo Doreste Fray Lesco a principios del siglo XX, nada menos.

(La foto es de Arcadio Suárez. Es el Teide desde Las Canteras)

En estos momentos el año 2010 huele como olían los libros, las libretas y las gomas de borrar a principio de curso.