Este blog va a estar unos días cerrado porque todo su personal está bajos los efectos del virus de la gripe. No podemos confirmar si es la A, pero lo sospechamos.
Archivos Octubre 2009
Cierra soitu.es
El ciclismo es como los documentales de La 2. Todo el mundo lo practica y a todo el mundo le parece que sería fantástico que ganara terreno al automóvil en las ciudades.
En el plano teórico, claro, como los documentales de La 2, que todo el mundo prefiere, faltaría más, a los reality y a los programas de cotilleo.
La verdad es que los ciclistas molestan mucho. Si vas en tu coche, porque qué hace ahí ése que no se quita, y si caminas, porque las aceras no son para las bicicletas... Más derecho tiene tu perro, evidentemente, ése que se acaba de mear en la esquina.
Son como los documentales de La 2 que nadie ve, pero de los que todo el mundo presume.

Pero hay veces que las autoridades se enrrollan y graciosamente hacen un gesto a favor de los ciclistas, esos pobres que no tienen para gasolina.
En Las Palmas de Gran Canaria acaba de ocurrir. El ayuntamiento ha arreglado un carril de bici que ya estaba -qué digo, medio carril, un pedacito-, y lo ha hecho tan bien, que ahora los ciclistas no lo usan.
Será para que no se gaste de bonito que está; o quizás, para molestar a los deportistas de a pie, a los que enciende la sangre que la bicic se salga del carril -o del redil-.
El mentado carril estuvo en obras no sé cuánto, quizás un par de meses. Lo cubrieron de piche -de asfalto- y así se quedó. Lleno de bollos y de depresiones, con lo que, si lo recorres, vas como en un sube y baja.
A lo mejor es intencionado, un nuevo modelo de carril, un adelanto de la ciencia, un avance... y el cacho de carril negro de la avenida marítima, -junto al muelle deportivo-, una aportación de Las Palmas de Gran Canaria a la ciencia de la bicicleta.
(La foto de Arcadio Suárez,es del 2 de octubre, aún no se había estrenado)
Esta mañana cacé al vuelo un par de ideas que me dieron que pensar. Primero me paré en sus respectivos contenidos o significados y después, a medida que se centrifugaban en mi cabeza, me fui decantando por el modo en que habían llegado hasta mí.
En ambos casos se trata de polabras que me trajo el viento, casi como en la canción de Bob Dylan, pero en un sentido bastante menos poético.
Hablo de retazos de dos conversaciones que se produjeron cerca de mí y a un volumen tal que era inevitable escucharlas. ¿Podrían considerarse conversaciones públicas? Yo diría que sí, porque al que habla le importa un pimiento que le oigan -e incluso que le escuchen- los extraños de los alrededores.
Esta mañana yo era una extraña solitaria hundida en mis pensamientos, pero no tanto que no pudiera oír las frases que quedaban suspendidas sobre mi cabeza como guirnaldas, como aparecen a veces en las viñetas de un cómic.
En dos momentos distintos, por encima de mi cabeza pasaron dos frases que atrapé. Me sobrevolaron muchas más, pero solo me interesaron esas dos. En una de ellas una mujer hablaba de felicidad, de qué día más bonito hacía para disfrurtarlo. La segunda era una pregunta que decía algo así: ¿sabe alguien qué debo hacer para adoptar un negrito?
La primera me animó el día, la segunda me llenó de estupor. Después me subí al coche, puse la radio y, de repente, me ví metida en medio de una tertulia, la antonomasia de la conversación pública.
Las frases más que sobrevolarme, me golpeaban al salir disparadas de los altavoces del coche, pero no hubo una que se me quedara prendida. Muy mala tertulia la que oí esta mañana.
Tal y como está organizada la tabla de blogs de canarias7.es, a la que pertenece Virtualario, el último en publicar sube a la primera posición de la lista. Es decir, el nuevo es el de la punta de arriba. Cuanto más renueves tu blog más tiempo estarás en los puestos de cabeza. Sólo es una cuestión de situación o de frescura y no un indicativo de calidad desde luego, pero la actualización es algo inherente a un blog.
Este largo prefacio me sirve para explicar el título de esta entrada, porque es verdad que en el año largo de vida de este blog nunca había caído tan bajo por falta de actualización. También depende de la vidilla que haya en las otras cabeceras. Si los demás tampoco actualizan, tu te quedas dónde estás. Si hay actividad a tu alrededor, tu te hundes.
Así que escribo para salir del agujero, lo que se producirá justo cuando publique esta entrada que lees ahora y que tan pronto como sea aprobada subirá al primer puesto de la columna.

En este tiempo que he estado sin escribir por diversas circunstancias entre las que incluyo la pereza, he hecho algunas otras cosas. Entre otras, empezar a leer una biografía de María Antonieta, escrita por Antonia Fraser, que me tiene cautivada.
He cogido el tomo de una biblioteca y estoy un poco apurada porque es muy gordo y voy muy despacio. Está muy bien escrito, es amenísimo y muy documentado. Describe un mundo fascinante. Cuenta detalles curiosísimos de aquella época como lo referente a los preparativos de una de las fiestas que se celebraron con motivo de los esponsales de María Antonieta con el delfín de Francia.
Entre el personal de la fiesta figuraban 800 bomberos y también dentistas (no dice cuántos). Lo primero fue una precaución porque en la fiesta se usaron más de mil velas. Respecto a los dentistas (¿serían sacamuelas?) la explicación que da el libro es que el anfitrión quería estar preparado por si a alguno de sus invitados le daba un dolor de muelas en pleno baile.
(Foto, de la película de Sofía Coppola)
La agencia Efe informa desde La Habana de que el Gobierno de Cuba ha negado "por cuarta vez el permiso de salida del país a la bloguera Yoani Sánchez, que tenía planeado viajar a Estados Unidos para recibir una mención especial del premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia, informó su marido, Reinaldo Escobar".
El año pasado tampoco le dejaron recoger el Premio Ortega y Gasset
Me parece que tanta prohibición consigue exactamente el efecto contrario.
¿Por qué la emoción es siempre "contenida"; los homenajes, "sentidos" y las vacaciones, "merecidas" ?
Hay palabras que vienen con lastre, como si el que las escribe no pudiera despegarlas, como si sustantivo y adjetivo fueran hermanos siameses unidos por el esternón.
Con lo elegante que es emoción a secas. Y homenaje; porque, si no es sentido, ni es homenaje ni es nada. Y vacaciones, porque lo novedoso sería que no fueran merecidas. Escribir se fue a pasar unas inmerecidas vacaciones ...
Porque si a Blackburn, Greider y Szostak les hubieran aplicado las tijeras, hoy tendríamos un arma menos contra el cáncer y el envejecimiento. Y porque si lo hubieran hecho con Kao, Boyle y Smith, no sé si esta campaña estaría teniendo lugar.

Con este post me uno a la campaña "La ciencia en España no necesita tijeras" impulsado por el blog La Aldea Irreductible y secundado por cententares de bitácoras y de la que no me habría enterado si Esther Pérez Verdú no me lo cuenta.
Según un estudio publicado en la revista Atención Primaria, el 31% de los médicos piensa que internet complica su relación con el paciente y mina su credibilidad.
Puedo imaginarme la situación. El paciente llega a la consulta con una ensalada de conocimientos sobre los mil y uno síndromes que pueden causar ese dolorcillo que sufre por las noches, y muy dispuesto a poner en duda todo lo que haga o diga el médico. "Pero doctor ... ¿y si en lugar de un análisis me manda una lavativa?"
Hay veces que es mejor no saber, al menos cuando se hace sin orden ni concierto. A Internet también puede cargarla o descargarla el diablo y hacer mas daño que bien. Tuve una profesora de inglés nativa que no hablaba ni papa de español, pero que era muy eficaz a la hora de enseñar. Aquella teacher no quería que usáramos el diccionario sin ton ni son, porque, decía, era como una bomba. "Dictionary, ¡bumm!", exclamaba y abría los brazos con gran aspaviento.
Algo así ocurre con internet, Los conocimientos ya no son sólo del dueño de la biblioteca. Ahora están al alcance de todos. A borbotones, en torrente, montañas de verdades y también de mentiras.
Internet contribuye a aumentar nuestros conocimientos, pero también nuestras incertidumbres. Así una monja benedictina, doctora en medicina, contradice a la mismísima OMS, a los gobiernos y a sus colegas y cuelga un vídeo en el que explica que la gripe A no es ni tan nueva ni tan letal, y que lo malo es el remedio.
Una de las cosas más valiosas que he comprendido con la edad es la importancia del tiempo. Mi madre, profundamente creyente, nos decía que había que dar las gracias a Dios por cada nuevo día. Lógicamente, yo no le hacía ni caso, porque en aquella época yo derrochaba días como otros hacen con la simpatía o la egolatría, que es otra ía.
Es como todo, cuando te sobra, no lo aprecias, pero cuando empieza a escasear, ya es otra cosa.
A mi edad, mi abuela era ya una señora mayor y supongo que mi bisabuela casi una anciana. Ahora, en los albores del siglo XXI, a los cuarenta y tantos eres todavía una mujer -o un hombre- joven, por muchísimas razones.
Fundamentalmente, por las mejoras sanitarias de todo tipo, que han traído el aumento de la esperanza de vida. Y también, en el caso de las mujeres, por nuestra incorporación a la sociedad a todos los efectos. Creo que cada vez se espera menos de nosotras; me refiero a los clichés de antes. Y cada vez más, cada una es como le da la gana.
Mis abuelas nunca se tiñeron las canas y en ambos casos lucieron preciosas cabellos blancos al final de sus días. La generación de mi madre, que nació en el 27, sí. En la mía observo que cada vez hay más melenas discrepantes. Mujeres de 40, de 30 o incluso más jóvenes renuncian al tinte y presumen de canas sin temor alguno a ser consideradas viejas.
Quizás porque no tengan que demostrarlo; estadísticamente, nos queda tanto por vivir.
