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Archivos Abril 2009

Muchas cosas había oído de los etarras. Pero esto es nuevo

La visita de los Sarkozy a España me ha hecho caer en la cuenta de algo muy evidente que, sin embargo, nunca antes había captado mi atención. Me refiero al efecto del selecto grupo de las llamadas primeras damas en la batalla por la igualdad entre hombres y mujeres.

Frente a ejemplos esperanzadores de mujeres al frente de sus países como Bachelet, Merkel o, incluso, la propia Cristrina Fernández de Kirchner ( ésta algo menos), las esposas de los jefes de Estado o de Gobierno de todo el planeta siguen ocupando con entusiasmo el puesto del florero de la reunión.Todas ellas parecen encantadas de encarnar con una sonrisa el casposo dicho de que detrás de cada hombre siempre hay una gran mujer.gal3004-4.jpg

No sé si estaré volviendome una radical, pero no creo que el papel de Carla Bruni, por poner un ejemplo cercano, contribuya a la normalización de las relaciones entre sexos. No será para tanto, pero la imagen que da es que ella está ahí por guapa, mientras que a él no se le exige ni siquiera altura física, sólo cerebro. Cierto que él es el presidente y ella solo su esposa; por eso digo que su papel es privado.

Mientras ellas asumen con orgullo el papel de primera dama, pocos ejercen de primeros damos o de primeros esposos. El papel tiene tan poco uso que ni siquiera hay un término para describir al marido de la presidenta.

Así Carla Bruni es una estrella planetaria, pero poca gente sabe que Bachelet está divorciada o quién es el marido de Merkel, el cual, por cierto, ni siquiera acudió a la elección de su esposa en el Parlamento.

(No incluyo a reinas y princesas en este argumento porque sus títulos parten de supuestos nada compatibles con esta manía de equiparar a hombres y mujeres.)
(En la foto de Efe, la Princesa de Asturias y Carla Bruni, ayer en Madrid)

Acabo de estrenar gafas para la presbicia, acontecimiento que supone otro paso más en el camino de la madurez. Veo que la vida tiene primero un ascenso, después una larga explanada que es como la cima de la meseta y al final cae de forma más o menos abrupta.

Las gafas me dan un empujoncito hacia el interior de la meseta, que es esa fase de la vida en la que te relacionas con más personas y de más distintas edades a la tuya, porque cabe mucha más gente en la meseta que en los caminos de ascenso y de descenso. En la meseta se puede estar desde los veintitantos hasta los sesenta, los setenta o incluso los ochenta en el mejor de los casos. Es la etapa de la la vida en presente; no de la vida en futuro, que es la de los niños; ni de la vida en pasado, que es la de los que son o se sienten ancianos.

Andaba con estas reflexiones sobre la vida, el significado del tiempo, de lo mayor que me pareció mi madre cuando se puso también las suyas ... hasta que me las coloqué para mirarme en el espejo de aumento y vi mis poros, mis pelitos y mis incipientes patas de gallo de una forma nítida y clara por primera vez en muchos meses. Cuando me repuse de la impresión, comprendí que la naturaleza es muy sabia y que la presbicia es un medio de defensa porque el que no ve es como el que no sabe y el que no sabe es un ignorante feliz.

Mi hija pequeña me preguntó el otro día si era posible dejar de pensar, y la verdad es que no supe qué responderle. Intenté poner la mente en blanco para ensayar una respuesta, pero el mismo esfuerzo ya era un pensamiento.

La mente no para y las ideas no se pueden amarrar. No se les puede pedir que sean políticamente correctas. Ni se puede evitar pensar mal, por ejemplo, de las compañías de discos que se apresuran a sacar recopilatarios cuando fallece un artista. Es un negocio legítimo, pero a mí me suscita cierto rechazo.

Tampoco puedo evitar pensar que este fenomenal lío que se ha armado en Las Palmas de Gran Canaria con la presencia de boro en el agua de abasto es como el cuento del traje del emperador. Tan absurdo al menos. Al parecer, llevamos mucho tiempo consumiendo agua con esos niveles de boro -o superiores-, pero sólo ahora -y tan de repente- el asunto se ha convertido en preocupante.

Gracias a nuestros inefables dirigentes municipales y sanitarios ya no consumimos esa pizquita de boro que antes tomábamos con algún cafetito o con algún plato de potaje. Del boro nos han salvado; ahora habrá que ver quién nos salva de los salvadores.

No sé si es envidia o caridad, pero siempre me ha parecido un exceso la cantidad de arrumacos que se prodigan entre sí los artistas. Me asaltó esta idea otra vez hace unos días, al ver en la tele a Pepe Sacristán y Antonio Banderas dándose besos y abrazos en un escenario. Me llamó la atención el ímpetu con el que competían para ver quién mostraba más admiración hacia el otro. Si tú te arrodillas, yo me tiro al suelo.... O así me pareció.

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Comprendo que homenajes, premios y el glamour que los acompaña forman parte del show business , que se retroalimenta con este tipo de jolgorios, pero, a veces, al ver una gala de ésas en la tele o leer sobre ella en el periódico, me acuerdo de tantas personas que conozco que nunca subirán a un escenario a recibir un premio.

Pensaba en todo esto esta mañana en la ducha: en que unos tenían tanto y otros tan pocos homenajes, y -ya con la imaginación desatada-, en cómo sería una gala en la que la protagonista fuera la enfermera Pepita Pi, ¡por haber cuidado con profesionalidad y con cariño a cien enfermos este año!; o el maestro Manolín Pon ¡por haber enseñado a 20 niños a leer y a escribir!; o, pongo por caso, el concejal Romualdez, ¡por haber gestionado muy bien el presupuesto!

Cuando el auditorio se puso en pie para ovacionar a los premiados, yo salía del vestuario, duchadita y dispuesta para empezar a trabajar.

Ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria han creado una plataforma para intentar frenar la cadena de dimisiones que se están produciendo, desde que el viernes se dio a conocer a los vecinos que el agua de abasto se pasaba de boro, que no es lo mismo- según aclara un comentario hecho por un lector en este periódico digital-, que pasarse del Goro.

Responsables de primera, segunda e incluso tercera fila de los tres organismos implicados han corrido a presentar su dimisión debido a lo bochornoso del asunto. Son tantos que el negociado de dimisiones ha instalado un turno matic, prestado por un supermercado cercano.

Igual de preocupados están los impulsores de una segunda plataforma, creada para impedir que la empresa desista de regalar noches de hotel, cajas de vino y refrescos de limón a sus abonados y se limite a no cobrar los recibos correspondientes.

Por toda la ciudad cunde un sentimiento de solidaridad hacia los responsables del bororazo, debido a sus exageradas señales de abatimiento por la metedura de pata. Cada vez más gente dice que no es para tanto y que ya vale de pedir disculpas.

Esta mañana mi costilla, las churumbelas y yo partimos rumbo a la Gran Canaria interior, dispuestos a pasar un día de campo. El asunto no tiene más interés que el hecho inusitado de que ni mi costilla ni yo íbamos armados con nuestros correspondientes teléfonos móviles. En mi caso, porque el sábado por la noche salí del periódico sin él y malditas las ganas de volver a buscarlo. En el suyo, porque le dio la gana.

Se puede decir que lo mío fue una privación impuesta, pero no así la de mi media naranja que lo hizo con alevosía y a sabiendas de que ¡yo lo había olvidado!

Telephone_cord_6[1].jpgMe enteré de improviso, cuando ya había arrancado el coche y conducía feliz sintiéndome dominguera por todos los poros de mi piel. Sólo me faltaba cantar a voz en grito aquella canción que decía ".. adelante hombre del sescientos la carretera nacional es tuya.. ". Aunque yo hubiera dicho "..mujer del sescientos".

Poco me duró la fiesta. Recuerdo que iba a realizar un cambio de carril, cuando noté por el rabillo del ojo que él me taladraba con esa mirada que guarda para las grandes ocasiones. Me espetó: " Voy sin móvil".

Así, sin más, sin que le temblara la voz. Sin excusas, sin una explicación...

Reconozco que me dejé llevar por el pánico. ¡Un día entero sin móvil fuera de casa¡ Mi cabeza empezó a idear posibilidades de catástrofe que no íbamos a poder solucionar porque estábamos ¡ya! incomunicados. Si el coche se para, si nos quieren avisar, si ocurre algo, si alguien se pone enfermo, los si, si, si, si daban vueltas a mi cabeza mientras trataba de mantener la atención en la carretera.

A los pocos minutos me convencí de que la decisión no tenía vuelta de hoja y traté de dominarme. Como terapia acudí al pasado e intenté recordar aquellos tiempos, no tan lejanos, en los que sólo había teléfonos inmóviles. Pensé que la humanidad había sobrevivido y empecé a serenarme.

Acabo de ver uno de los últimos hits de Youtube. Se trata de cómo una mujer muy fea resulta ser una cantante excepcional. Recuerda al cuento del patito feo, tanto que no sé si ha habido pucherazo. En cuanquier caso y según El Pais, la mismísima Demi Moore lloró de emoción al ver este video. Atención a los últimos "Oh, my God!"

Acabo de mirar en mi lista de entradas (post, en la jerga) no publicadas (borradores, en román paladino ), y tengo cerca de una docena. Son ideas frustradas, atrabancadas por su propia flacidez o mi falta de reflejos.

Las saco a relucir por su relación con una historia que leí hace no mucho sobre la necesidad de borrar el rastro de los muertos en internet. Se trata de un asunto inquietante, aunque., como todo, depende del color del cristal con que se mire.

Sí resulta inquietante que una joven desaparecida, como es el caso de la sevillana Marta del Castillo, pueda seguir viva en Facebook, o que una cuenta de correo permanezca abierta para recibir mensajes que jamás llegarán a su destinatario. Pero no que una obra hecha para ser escrita o contemplada -.un texto o un vídeo- sobreviva a su autor en el mundo virtual, como permanece una novela o una canción en la realidad real. Fueron concebidas para consumo de otros y deben permanecer a disposición, salvo instrucción en contra.

internet.jpgLa diferencia respecto al mundo convencional es que ahora, con internet, legar una obra a la posteridad es más sencillo y rápido y tiene, además, más posibilidades de éxito. Este texto tiene más probabilidades de ser leído que novelas de calidad que no han encontrado buenos canales de distribución y aguardan tiempos mejores en algún cajón. Tiene posibilidades porque está colocado en un escaparate muy visitado -un buen canal de distribución- y yo puedo aumentarlas si agrego palabras como sexo, violencia, asesinato o similares, que tienen buena acogida en esta dimensión, independientemente de si vienen o no a cuento, y siempre que uno prime la audiencia sobre otras consideraciones.

Esta posibilidad de ser inmortal en internet, de que estas palabras mismas me sobrevivan, me recuerda a una escena de una película de vikingos que puede que fuera la de Kirk Douglas. La imagen que tengo en mente es el entierro de un jefe vikingo. Lo colocan en la cubierta de un barco, le prenden fuego y lo dejan a la deriva. La nave se pierde en el horizonte.

Publicar en internet es parecido y no por las llamas, sino por la inmensidad del océano -de agua salada en un caso, virtual en el otro-, en el que el texto o el vídeo queda a la deriva, o mejor, publicado para siempre. El problema es que la inmortalidad virtual no discrimina y también vale para mentiras, boberías e insultos.

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La otra noche lo hablaba con un querido amigo: "Los ajos ya no son lo que eran. Ahora o son pequeñitos o están podridos por dentro", me decía sin sospechar que provocaba en mí el entusiasmo de los que, al fin, se sienten comprendidos.

"Y las papas, aquellas papas que eran como mantequilla", apuntaba su señora esposa. Después seguimos con los calabacinos (con "o" en Canarias) y las zanahorias ... Cambiamos de conservación antes de mencionar las manzanas, las naranjas, las lechugas ...

Los sabores pueden ser tan eficaces para provocar un recuerdo como lo es la música. Una canción puede llevarte a cierto periodo de tu vida, pero también el sabor de una buena papa sancochada, humeante y bien rociada con aceite de oliva. Aunque no sé si con esto de los sabores pasa lo mismo que con la memoria meteorológica, que dicen que es muy mala. Nos parece que nunca llovió ni hizo tanto calor o tanto frío como hoy, precisamente.

Carrots__14_1].jpgAhora un miserable kiwi hace viajes que antes eran patrimonio de tipos aguerridos como Orellana o Marco Polo. El kiwi va de Nueva Zelanda a la mesa de tu comedor como si tal cosa, pero no creo que valga la pena porque no descubre nada, llega exhausto y sin gusto apenas.

La falta de sabor de los vegetales y otros cuestiones no menos importantes -como la energía que cuesta el viaje del kiwi- son asuntos muy serios que van teniendo contestación. Hay iniciativas que me producen mucha curiosidad y que me propongo poner en marcha cuando tenga un momento, como ésta de Ben Magec. Y otras ideas más elaboradas que a lo mejor se podrían trasplantar.

Quienes me conocen saben de mi proverbial falta de oido para la música. Quizás por eso hay pocos músicos que me hayan llegado al corazón. Es como si yo tuviera una tapia en cada oreja y esos artistas que me gustan unos megáfonos potentísimos. Mari Trini fue una de estas artistas que traspasó la tapia de mis pocos dotados oídos. Era una mujer inteligente que brillaba en aquella televisión en blanco y negro poblada de cantantes melódicos, paladines de lo que mi madre llamó la sinsustancia.

Mari Trini, muy al contrario, tenía mucha sustancia, una voz muy personal y unas letras tan llenas, que se podían morder.

El buen sabor de mente y de corazón que me dejó el señor Obama este domingo, cuando prometió trabajar para acabar con las armas nucleares, se me acaba de esfumar de un plumazo -más bien de un guantazo- al leer esta barbaridad.

La noticia sobre los niños cobayas de Nigeria, víctimas de un ensayo farmacéutico fatal, demuestra que la realidad supera siempre a la ficción. Vi la película a la que se refiere el artículo de El País, El jardinero fiel . Recuerdo que me dejó un sentimiento de desaliento que intenté paliar de manera muy burda con la idea de que, al fin y al cabo, se trataba de un guión cinematográfico sólo basado en hechos reales.

No es la primera vez en los últimos tiempos que salta a los medios de comunicación una trama como la que contaba Le Carré. En julio de 2008 fueron doce, en Argentina.

Mientras escribo me entero por el telediario que en este preciso momento (21.09 horas en Canarias y en Londres, of course) los líderes mundiales que participan en la reunión del G-20 asisten a una cena en el número 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro del Reino Unido. La ocasión es histórica y Barak Obama es la estrella, por su podería, por su carisma y seguramente también por el color de su piel que le confiere carácter de pionero.

Entre las imágenes que difunde este avance informativo de la 1 aparecen las del encuentro entre el matrimonio Obama, la reina Isabel II y su marido, Felipe de Edimburgo. No sé de qué estarían hablando pero me pareció que la carcajada de Michelle era poco adecuada para los gustos que yo le supongo a la soberana británica, más aún después de haber visto la película The Queen. Sin duda la foto del encuentro entre el matrimonio formado por estas dos poderosas personas de raza negra -ella, descendiente de esclavos- y la pareja más rancia de la realeza europea es una imagen histórica cargada de significado.

Llevada por este convencimiento, me metí en la página de The Times que es tan británico como el fish and chips y encontré un interesante vídeo en el que se hace un repaso a la historia de los encuentros presidenciales de la reina Isabel. Resulta que Obama es su presidente de EEUU número once. El primero fue Harry Truman hacia 1953. Entre otros está Nixon, el del Watergate, pero tambien el mismísimo John Fitzgerald Kennedy. El mensaje viene a ser: la reina permanece, los presidentes se suceden. Tiene 82 años y no parece que flaquee.

(Añado esto al día siguiente, es decir el jueves: en la página de The Times ha desaparecido el video al que me refiero, pero hay en su lugar una foto interesantísima en la que Michelle Obama pasa el brazo por los hombros de Isabel II y ésta la coge por la cintura. No muy efusivamente, todo hay que decirlo. El periódico destaca que se ha desaparecido el protocolo)

Esta mañana le dije a un compañero del periódico que había aparecido un rinoceronte en Las Alcaravaneras. Era una broma, claro, pero la verdad es que el hombre dudó durante unos instantes. Los periodistas estamos habituados a no descartar nada a priori por más inusual que nos parezca.

Así, la duda momentánea de mi compañero se explica perfectamente si tenemos en cuenta que ayer apareció en Las Canteras un cisne que se había fugado del estanquito del parque Juan Pablo II, que está a una distancia nada desdeñable de la playa. Peores cosas se han visto y hemos publicado..cisne.jpg

A nosotros, los periodistas, nos distingue la capacidad de apreciar lo novedoso. A veces la distancia entre lo normal y lo anormal es tan mínima como un promontorio en una llanura; otras, tan evidente que parece una montaña, y a veces, las menos, te topas con el Himalaya. La realidad te sorprende con algo inaudito, con una historia que parece una novela, que te conmueve y que te hace ponerte en el lugar de sus protagonistas. Hablo de las dos hermanas gemelas que fueran separadas al nacer por un error del hospital.

Anoche me preguntaba qué habría hecho yo si ahora descubriera que no soy quien creo ser, que mis hermanos no son mis hermanos y que mis padres no son los que me criaron. Pensé que el problema tendría muy difícil solución porque hay cosas que no se borran ni con la más brutal de las revelaciones.

(En la foto de Acfipress, nuestro cisne fugitivo en uno de los extremos de Las Canteras,. Detrás, el Auditorio Alfredo Kraus.)