los blogs de Canarias7

Archivos Marzo 2009

Me recupero con lo que en casa llamamos una película de sofá de una larga noche de emociones. Ayer, los de mi promoción del Claret celebramos nuestras bodas de plata. Creo que nos juntamos cerca de 90 de los 150 alumnos que comenzamos primero de BUP en octubre de 1979 en el colegio de la calle Rabadán.

Parece que fue ayer, pero en esa fecha la Constitución tenía sólo diez meses, el PCE había salido de la clandestinidad apenas dos años antes y la tele sólo tenía dos canales. Felix Rodríguez de la Fuente aún vivía y en Barcelona Manolo Orantes jugaba el torneo Godó patrocinado ¡por Marlboro!

En aquel entonces lo normal era que los colegios, al menos los religiosos, no hicieran mezclas, los curas educaban niños y las monjas, niñas. Así que, a no ser que tuvieras hermanos/as o primos/as, lo normal era que tu infancia transcurriera ajena por completo a la existencia del otro sexo. Pero en 1979 empezaban a cambiar muchas cosas y ésta era una de ellas.recreo.jpg

Nosotras no fuimos las primeras. La novedad había empezado tres o cuatro cursos antes, pero sólo en BUP y COU. Hasta octavo de EGB, que se estudiaba en la flamante sede de Tamaraceite, el colegio seguía siendo masculino en exclusiva. Muchas de nosotras, además y por no decir todas, veníamos de colegios femeninos. Como somos de la quinta del 65, en el 79 cumplimos los 14, y con esa edad, mes arriba mes abajo, empezamos a convivir con el otro sexo en las aulas, el patio y las pandillas.

Anoche, con los 44 ya caídos o a punto de caer, nos reencontramos en el Claret de Tamaraceite, gracias a los buenos oficios de la Asociación de Antiguos Alumnos y a la hospitalidad del colegio. Algunos no nos habíamos visto desde hacía un cuarto de siglo y hubo algún que otro equívoco, porque el tiempo o la memoria no había sido igual de clemente con todos.

Reencontrarme con Ciani, Manolo, Paco, Héctor, Lorenzo, Luifer, Elena, con mi tocaya Ángeles, con Miguel, con Jose, con Juan Carlos, con Chencho y con muchos otros a los que no había vuelto a ver en años me provocó la alegría que sólo despiertan los viejos amigos. También me produjo una extraña sensación, porque mi relación con ellos no había evolucionado desde los 15, los 16 o los 18 años. Vernos de nuevo, todos juntos, con nuestro querido profesor de literatura Pedro Fuertes hablándonos desde el escenario del salón de actos - nos regaló el verbo "bienvenir"- , donde nos sentamos creyéndonos alumnos, fue, de veras, volver a principios de los 80.

La noche fue larga y dio para mucho. Hubo sorpresas profesionales -cómo que eres capitán de infantería, ¡tu!-; pero también de las otras -¿has visto qué guapo se ha puesto zutanito?-, algún momento estrella -qué bueno Amadeo y sus anécdotas-, y otros descubrimientos que no catalogaría de inesperados porque las maneras de hoy ya se apuntaban hace 26 o 27 años.

Pero sobre todo hubo mucho buen rollo, porque pusimos nuestras vidas en modo pausa, nos bajamos y nos encontramos con nuestra adolescencia en un dimensión que yo no sé si es la tercera o la cuarta, pero sí que esta madrugada cuando volvimos a casa cerró sus puertas para siempre, como pasa en las series malas de televisión. Por unas horas pudimos dejar de ser cuarentones con obligaciones y problemas para volver a ser despreocupados adolescentes. Lo de anoche no volverá a a repetirse, no habrá más bodas de plata, -quizás de oro-, y no nos volveremos a reunir de esta manera porque a muchos solo nos une los años de colegio.

Hoy sábado, de vuelta al futuro que tanto nos intrigaba entonces, pienso en todo esto y me doy cuenta de que lo que estoy haciendo ahora es guardar luto de nuevo por mi rediviva y otra vez perdida adolescencia.

(La foto es una de las que se proyectaron en la fiesta. Se tomó en uno de nuestros recreos. Es de nuestra época, seguro, porque la he ampliado y he reconocido a algún compañero. Los partidos de vóley eran habituales)

Vamos a imaginar que el martes por la noche, cuando a esos de las nueve el diputado Miguel Cabrera Pérez-Camacho lee su poema en el Parlamento, solo concita indiferencia. Supongamos que la gente que oye lo de "(...) Mi afecto te llega al moño/ Si aceptas, tan amigos/ Y si no, te vas pa'l..." ni siquiera comenta la intervención a la salida del edificio. Supongamos que los periodistas deciden que esas palabras no merecen ser transmitidas y que la aludida no se da por tal, sabedora de que no ofende quien quiere sino quien puede y que a palabras necias, lo mejor son oídos sordos. Supongamos que en los días siguientes, el poema sigue sin ser reconocido: ni titulares ni reacciones políticas ni alharaca ninguna, y que Camacho continúa sin salir en los periódicos.

Le daba vueltas a toda esta suposición que antecede, en la creencia de que uno de los objetivos del diputado era obtener publicidad: el que hablen de mi aunque sea mal. Y pensaba que al hacernos eco de su dislate, quizás también nos convertíamos en cómplices. Con este argumento, yo periodista echaba piedras sobre mi propio tejado.

Y así estaba: suponiendo. Supuse tanto que me llené de suposición y me puse en la tesitura de que el autor del poemilla siguiera adelante con su carrera política sin que nadie, aparte de los que estaban aquella noche en el Parlamento, se hubiera enterado de un par de cosas que hoy todos sabemos gracias a los periódicos. A saber: que el diputado gusta de hacer rimas, que es muy malo como poeta, que las groserías le hacen gracia y que le parece bien que se digan en el Parlamento. La pregunta es si habría hecho lo mismo si el oponente se hubiera llamado Paco en lugar de Paca. Yo me temo que no.

Yo creo que ésta es una frustración que arrastro desde pequeñita. Siempre quise ser una gran deportista y es evidente que no lo soy, aunque por el afán con el que me entrego en los partidillos de pádel que juego con mis amigas, cualquier día tengo una lesión de campeona. Me parece que esta frustración la he volcado un poco en mis hijas, porque yo creía que para ellas iba a ser mucho más fácil acceder al deporte de verdad. Y en parte así es, pero no tanto como yo había creído.

A través de lo que me cuentan ellas, mis sobrinos, otros padres, hijos de amigos y mi propio trabajo de campo he llegado a tener un cierto conocimiento del mundo del deporte infantil. Este moderado y siempre parcial conocimiento me hace concluir que las niñas siguen en desventaja. En la mayoría de los deportes de equipo, -salvo los estrictamente femeninos como puede ser la natación sincronizada-, la primacía sigue siendo masculina en todos los aspectos. En algunos, la presencia de niñas es testimonial y se ha logrado a base de muchas ganas y esfuerzo por parte de la jovencita y de sus padres. Para bastante gente, todavía, el deporte del muchacho es cosa seria, mientras que lo de la niña es para que corra un poco. Y no se trata, como también ocurre, de que ellas quieran ser ellos, sino de que ellas sean tanto como ellos.

Esta es una idea que me ronda casi desde la infancia, porque siempre fui más aficionada a pelotas, bicicletas y patines. que a muñecas y cocinitas, y que me vino a refrescar un artículo que publicó Conchita Martínez hace unos días.

No creo que la desventaja parta de una confabulación de las federaciones contra el deporte femenino, al menos no es una confabulación consciente. Son reminiscencias de una sociedad de orígenes muy machistas que se resisten a desaparecer. Hace sólo 48 años se publicó esto que sigue en una revista de tirada nacional en España. Lo incluí hace apenas quince días en un reportaje en el periódico impreso, pero no me importa repetirlo. Me parece muy ilustrativo, exagerado, pero ilustrativo.

aro.jpg

"Una mujer que tenga que atender a las faenas domésticas con toda regularidad, tiene ocasión de hacer tanta gimnasia como no lo hará nunca, verdaderamente, si trabajase fuera de su casa. Solamente la limpieza y abrillantado de los pavimentos constituye un ejemplo eficacísimo, y si se piensa en los movimientos que son necesarios para quitar el polvo de los sitios altos, limpiar los cristales, sacudir los trajes, se darán cuenta que se realizan tantos movimientos de cultura física que, aun cuando no tiene como finalidad la estética del cuerpo, son igualmente eficacísimos precisamente para este fin>".

( Teresa, revista de la Sección Femenina, marzo de 1961. Reportaje sin firma)

(No he podido comprobar una pista que me dejó Sergio (Avatareño Mayor) en el último post y que me ha empujado a terminar ya este texto sobre el deporte femenino. Va de fútbol y habrá que seguir buscando)

Conductora como soy -con a-, sufro de vez en cuando aquello de "mujer tenías que ser", frase recurrente que usa el machus automovilísticus cuando pretende herir tus sentimientos y/o hundirte en la miseria y carece de otro tipo de argumentos que expliquen su impericia -o la tuya- al volante.

Por todo esto y alguna cosa más no he podido resistirme a cortar y pegar aquí este sandunguero comunicado que remite una compañía aseguradora. Dice así:


Los hombres son más peligrosos al volante
-AsesorSeguros.com afirma que ellos llegan a pagar hasta un 56% más que las mujeres en el seguro de su coche
-El 90% de los conductores responsables de accidentes mortales en 2008 eran hombres

Madrid, 18 de marzo.- Los hombres tienen accidentes de coche más graves que las mujeres. El análisis de los perfiles de los usuarios de AsesorSeguros.com, comparador de precios de seguros de coche on-line, revela que los varones, en especial los jóvenes, tienen una prima de riesgo mucho más elevada que las mujeres a la hora de asegurar su coche. Además, según la DGT, el 90% de los conductores responsables de accidentes mortales en 2008 eran hombres.
Los hombres empiezan a conducir antes que las mujeres. Suelen obtener el carnet de conducir con 21 años, mientras las mujeres lo hacen de media casi a los 23. Ellos normalmente conducen coches de mayor cilindrada, algo que, unido a una conducción generalmente más agresiva, hace que los accidentes ocasionados por varones suelan tener de media un coste mayor que los de las mujeres. Además, ellas suelen usar el coche para trayectos más cortos, lo que reduce aún más el riesgo de accidentes graves. Por todo esto, la mayoría de las compañías aseguradoras rechazan ofrecer cobertura a hombres menores de 25 años o con menos de 2 años de carnet ......"


Y eso es todo por hoy.

Ya llevo unos cuantos años de ejercicio en esto de la maternidad y creo que estoy capacitada para hablar de una situación que al principio me sorprendió y que ahora sobrellevo con mucha flema (inglesa). Me refiero a las reuniones de padres, esas citas tan habituales cuando una tiene hijas en edad escolar. Ya sea en el colegio o fuera de él, la verdad es que son ocasiones muy propicias para que algunos de nosotros saquemos a ese pelma que no sabíamos que llevábamos dentro.

Los que estamos en esta tesitura sabemos de estas cosas. Por nuestros hijos somos capaces de preguntar si la pasta de dientes que deben llevar en el neceser para la acampada debe ser de un color especial o si nos pueden asegurar que los contarán al subir pero también al bajar de la guagua. No dudaremos en cuestionar el método que usa la maestra para enseñarles las vocales por si no fuera el más efectivo, ni en insistir en que la clase debería estar un poco más aireada pero no demasiado. Por nuestros hijos haríamos cualquier cosa, hasta preguntar memeces, si fuera menester.

clase.jpg

Las reuniones de padres también son una ocasión para el encuentro social, a veces muy agradable en medio del corre corre diario y a pesar de los pelmas que somos y de esa rara avis con quien pocas veces me he topado, pero que existe y que se caracteriza por alargar y alargar las sesiones con frases que siempre empiezan con el adjetivo posesivo mi seguido del nombre del niño en cuestión.

A veces son tediosas y a menudo en horario inoportuno, pero qué atentos estamos. Mucho más si somos novatos y nos enfrentamos a la enorme y trascendental responsabilidad de nuestra primera reunión de padres.

Sinceramente, iba a escribir malos entendidos, aunque no estaba segura de si ponerlo junto (malosentendidos) o separado (malos entendidos). Bendito Google. Le pedí el plural de malentendido y me mandó a la Fundéu, donde me solucionan el problema, aunque no a mi gusto. Me sonaba mucho mejor Los malos entendidos, como a dramón del XIX.

Quizás porque la idea que llevo en la cabeza tiene más que ver con entendidos malos (por perniciosos) que por equivocados (mal interpretados). En realidad, son perniciosos y también están mal hechos. Me refiero a esas pequeñas interferencias que van minando una relación y que, si no se miran de frente y se resuelven, van creciendo como ocurre con la bola de nieve que engorda al rodar por ladera, como crecen las piedras en el riñón o los callos en los pies.

Es una cuestión muy delicada, porque a menudo las interferencias son tan mínimas que ni se notan, pero a fuerza de persistir hacen mucho daño. Es la teoría de la gota china, que es capaz de provocar la muerte con algo muy pequeño.

Por eso, para evitar desastres sin remedio y que uniones que parecían eternas se disuelvan como el azúcar en el agua, lo mejor es deshacer los malentendidos cuanto antes. Y los malos, también.

Hace pocos menos de un año secundé una campaña de blogueros contra la anorexia y la bulimia. Lo que nos pedían era que escribiéramos entradas contra ambas plagas, utilizando el mayor número de las palabras claves que usan las personas enfermas para comunicarse en internet.

Así supe que palabras como Ana y Mía o expresiones como princesas de porcelana eran términos del argot. La campaña pretendía sacar de los primeros puestos en los buscadores los artículos que promocionan estas enfermedades, los que explican cómo vomitar y atrocidades como ésta. De estas manera, cuando personas enfermas buscaran en internet artículos que las ayudaran a vomitar o a no comer, encontrarían textos que les hablarían de escapar del horror. Esto se publicó en junio de 2008.


Desde entonces este post recibió muchos comentarios, pero yo seguí la recomendación de los promotores de la campaña y no los publiqué para evitar que el tiro saliera por la culata. Sólo di el visto bueno a algunos que iban en la misma línea que el propio post. El artículo sobre la plaga de la anorexia ha seguido cosechando comentarios, pero hace ya mucho que no publico ninguno. Sin embargo, este domingo he abierto el administrador del blog y he visto uno que me ha estremecido. Sólo dice "ayúdenme".

Lo firma Abigail y yo llevo todo el día pensando cómo podría ayudarla.


Este martes participé en la versión regional del programa 59 segundos de TVE, un espacio de debate al que acuden seis periodistas y un invitado. El programa lleva ya bastantes semanas en antena y desde el principio se caracterizó por una presencia masculina mayoritaria. En muchísimas ocasiones - si exceptuamos a la conductora de programa, Fátima Hernández-, la mesa ha estado compuesta íntegramente por varones. Varones los periodistas, varón el invitado.

La exclusiva presencia masculina se repitió tantas veces que llamó la atención. ¿Dónde están las mujeres periodistas?, me preguntó más de una amiga con cierto desaliento. Me consta que el programa intentó desde casi el principio invitar a mujeres periodistas a los debates, pero salvo honrosas excepciones -Marta Cantero, Herminia Fajardo, Carmen Ruano y Carmen Merino - sólo cosechó negativas -la mía, entre ellas-.

Será que nosotras tenemos el sentido del ridículo más desarrollado. O puede que sintamos más pudor a hablar sobre asuntos que no dominamos del todo. No lo sé, seguramente cada una tuvo una razón distinta para rehusar la oferta. No quiero caer en lo mismo que critico. Las mujeres no respondemos a un prototipo. Somos muy distintas unas de otras y, desde luego, no somos trémulas damiselas que se sonrojan cuando alguien les dirige la palabra. Aunque también las haya.

Es un hecho que durante semanas la dirección del programa, en manos de la periodista Chenty Llorca, recibió una y otra vez la misma negativa cuando invitaba a alguna mujer periodista. Hasta este martes.

mujer2.jpg

Con motivo de la celebración el pasado domingo 8 de marzo del Día Internacional de la Mujer -que no de la mujer trabajadora -, al equipo de 59 segundos se le ocurrió reunir a un grupo de mujeres periodistas y que la mesa, por una vez, estuviera formada sólo por mujeres.

El 8 de marzo es una de las efemérides que suelen festejar los medios de comunicación. A nosotros en Canarias7 se nos ocurrió publicar una serie de entrevistas, un reportaje sobre los grupos feministas en la transición, y apoyar desde la edición impresa con más ímpetu que otros años la elaboración de nuestro mural del día de la mujer. 59 segundos decidió reunir a mujeres periodistas. Muchas creemos que el Día Internacional de la Mujer debe seguir celebrándose, como otros días internacionales instaurados para reivindicar situaciones injustas que no debemos olvidar.

La decision de invitar sólo a mujeres fue también un intento más del programa para animar a las reticentes de la prensa a salir en la tele. Esta idea no gustó a todos. Algunas personas se la tomaron a coña -el chistecito machista ese inocente del que hablé hace unos meses-, y para otras fue casi una ofensa a las propias mujeres.

Una compañera de la mesa -Carmen Ruano-, inició su primera intervención en el programa con una protesta por el hecho de que fuéramos todas mujeres y la entrevistada -otra mujer-, la consejera de Bienestar Social, que lleva asuntos considerados de mujeres, y no el consejero de Empleo, por ejemplo. Al día siguiente, una compañera del periódico me vino a decir que estaba muy de acuerdo con Ruano.

Si no las entendí mal, para ellas el invitar a mujeres a hablar de temas de mujeres, cuando en programas anteriores apenas se les había visto el pelo, constituía una discriminación más. Desde este punto de vista, sólo tratando temas considerados de hombres podíamos sentirnos satisfechas. Es decir, para ser iguales teníamos que ser como ellos.

Yo discrepo, y así lo dije, porque creo que ahí está parte del problema. A veces pretendemos ser iguales no desde nuestra diferencia, perspectiva o forma de ser, sino desde la suya. Es decir, reconocemos el hecho de que ellos siguen siendo los dueños del club y que nosotras, para entrar, tenemos que aceptar sus normas. Es como cuando yo jugaba de niña con mi hermano y mi primo, tenía que aceptar sus reglas, tenía que ser un niño más.

Parece que nosotras mismas nos avergonzamos de los llamados temas femeninos, que, por otra parte, según destacaron algunas de las otras periodistas que intervinieron este martes -Marisol Ayala, Letizia Martín, Herminia Fajardo y Soraya Morales-, también deberían ser temas de hombres y viceversa, al menos desde el punto de vista de un debate periodístico.

También desde esta perspectiva cualquier opción debe ser válida en cuanto a participantes: sólo hombres, hombres con mujeres, mujeres con hombres y, por supuesto, solo mujeres. Aunque sea con motivo del Día Internacional de la Mujer, que, por otra parte, es una razón excelente.

(En la foto de Efe, un grupo de mujeres llora su marcha de un asentamiento israelí en Gaza, en 2005).


Desde hace poco más de un mes formo parte de una secta. Es una secta muy discreta, no es destructiva, sino todo lo contrario, y sus acólitos se reconocen por el olor. Cuando uno de estos elegidos reconoce a un hermano, lo normal es que hablen de tiempo, del tiempo que llevan en la secta.

Seguramente ya lo habrás adivinado, llevo un mes sin fumar. Desde que me sometí a una sesíón de hipnosis sobre la que tengo mis dudas, pero que, sin embargo, me sirvió para arrancar, y los 195 euros que pagué por ella, para reforzar mi decisión.

Hace muchos años me lo dijo otro miembro de la hermandad cuando yo todavía aspiraba a ingresar: "Sólo se trata de no encender el primero". Parece una perogrullada, pero no lo es. Para comprenderlo hay que haber formado parte de la otra secta, la destructiva, una condición sine qua non para estar donde estoy yo ahora.

Cuando se encuentran dos personas que han dejado de fumar, lo normal es que, si uno de ellos lo ha hecho recientemente, hablen de ello.

-¿Cuánto llevas? Yo lo dejé hace cinco años y todavía me acuerdo.
- Tres meses ..
-¿Cómo lte va?
-Bien, alguna vez me apetece pero se me pasa..

Y cosas por el estllo. Pero, más que las conversaciones, lo que me llama la atención son las expresiones de júbilo, de fiesta, de enhorabuena mi niña. Sinceramente se alegran por tí, porque cada nuevo fumador que consigue dejarlo refuerza a los demás ex fumadores. Es como si te dijeran: se puede, mira cómo se puede. Lo que te anima mucho, aunque tu lleves tiempo ya pudiendo.

tabaco.jpg

Algo parecido me ocurría cuando fumaba, pero visto desde el otro punto de vista. Es decir, si un ex fumador fracasaba y volvía a fumar, yo me sentía reforzada en mi convencimiento de que era imposible dejarlo. Conclusión: mejor ni intentarlo y disfrutar.

Llevo poco más de un mes pero me parece muy lejanos los tiempos en que en mi bolso siempre había un par de mecheros y algún trozo de plástico, de esos que envuelven los paquetes de tabaco. Además del paquete mismo.


Esta semana tan mujeriega que tiene el periódico con motivo, of course, del día internacional de la mujer, que se celebra este domingo, me inspira. Así, esta mañana, parada en un semáforo, me he puesto a observar a una barrendera que acicalaba la acera con ese gran escóbón que llevan los profesionales.

El suyo no era un escobón cualquiera. Esta mujer barrendera, uniformada, se las había arreglado para convertir su escobón en una pieza única; lo había tuneado, que diría un moderno.

Como era un semáforo de esos largos me dio tiempo a observar con detenimiento la herramienta. Tenía como unas cintitas de colores en la parte baja del mango. Cintitas que al poco averigüé que eran coleteros, de esos que nos ponemos en el pelo. Inmediatamente di por sentado que eran coleteros que la barrendera iba encontrando en sus barridos por la ciudad y que, en lugar de tirarlos, había decidido coleccionar y darles un buen uso. Ya que no iba a ponerselos en la cabeza, pues al mango.

En esto último me recordó un poco a mí, que llevo en la sangre la manía de aprovechar las cosas hasta sus últimos exstertores: apuro el tubo de la pasta de dientes hasta la última gotita o guardo zapatos que ya tiene veinte años, por si se diera la circunstancia de que pudieran ponerse de moda otra vez.

Esta es una forma de ser que me viene de los ancestros. De mi abuela materna, que vivió la guerra y la posguerra y transmitió este afán a mi madre, tanto que, cuando vertía el huevo batido en la sartén para hacer una tortilla, pasaba el dedo por el plato para que cayera hasta el último suspirito.

Hoy voy a ser muy breve. Lee esto que viene de China. Produce escalofríos.

Reconozco que desde el viernes -el día que comenzó a edificarse-, estoy enganchada al mural de la mujer que estamos haciendo en canarias7.es. Lo abro cada dos por tres para comprobar cuántas más se han unido a este multudinario portarretratos. Es como si esto fuera una fiesta y las mujeres que se suman, las invitadas.

En muchas de mis visitas al mural me ocurre como cuando vas por la calle y crees ver a alguien conocido a lo lejos, que te paras y lo miras bien para comprobar si es o no es.

Lo mismo, pero virtual. Abro, echo un vistazo y de pronto veo una carita -por el tamaño-, que me suena, la pincho y si es, me alegro porque es como un reencuentro. Si no es, la verdad, me quedo un poco cortada, como en la calle cuando saludas a la persona equivocada y te tienes que disculpar mientras notas cómo se te va poniendo cara de taruga.

Además de la novelería propia del género (periodístico), a mí este mural también me está sugiriendo un montón de historias. Hay algunas muy tiernas, como las que destacan la condición de hijas, madres o abuelas de las retratadas por encima de las otras múltiples facetas que pueden describir a una persona. Otras, las más, optan por la profesión a modo de tercer apellido. Éstas últimas son algo más distantes; diría que más eficientes.

Pero como soy una sentimental, me quedo con las primeras. Con esas que llevan dedicatorias del tipo "a la mejor madre del mundo". Igualito que esa taza que un día te regalaron y que tantos recuerdos te trae cada vez que te la topas en el fondo de un cajón de la cocina.


Estaba resuelta a escribir hoy contra una actuación de murgas que tuvo lugar esta mañana en Las Canteras y que nos obligó emigrar de La Puntilla, pese a que ya nos habíamos bañado y daba mucha pereza recoger las cosas. ¿Pero no acabó el carnaval el sábado?

Pero después llegué a casa, abrí el ordenador y, entre otras cosas, vi que el mural que, como cada año desde hace tres, propone www.canarias7.es a sus lectoras para celebrar el Día Internacional de la Mujer iba viento en popa. Y me entretuve en pinchar las fotos del primer centenar largo de mujeres que formaban parte ya del mural 2009 a esta hora de la tarde.

Primero me embargó un sentimiento de fiesta, de viva la vida, de aquí estoy yo y después pensé en qué distintas somos las mujeres unas de otras. Por forma y por contenido. Me pareció que la esencia del machismo es negar la individualidad de cada una y dar por sentado que si eres una mujer, serás así de esta manera y no de cualquier otra.

Anímate, apúntate a la fiesta.