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Archivos Octubre 2008

Hace muchos años, en una de las periódicas visitas de los Reyes a Gran Canaria, Doña Sofía dio un paseo por Vegueta, el barrio histórico de Las Palmas de Gran Canaria. Para que te hagas una idea de la época, a la Reina le acompañaba Sabino Fernández Campo, que estuvo al servicio de la Casa Real hasta 1993. Lo cuento porque me tocó cubrir aquel paseo como periodista.¨

Íbamos todos a pie por los alrededores de la Casa de Colón, la Catedral y el CAAM. Éramos muchos entre anfitriones -no recuerdo quién cumplía este papel-, escoltas, periodistas y espontáneos. En medio de esta jarana hubo un momento en que Doña Sofía se vio rodeada y tuvo que levantar el brazo para llamar entre risas al Conde de Latores, que se había quedado atrás, absorbido por la gente que en aquel angosto callejón parecía multitud.

Una de los objetivos del paseo fue la Casa de Colón. Le mostraron los tesoros que guarda la casona y pasó por el patio donde viven unos loros que no son loros, pero a los que siempre hemos conocido como "los loros de la Casa de Colón". El loro dijo una de sus frases y Doña Sofía se rió a carcajadas.

Volví al periódico, escribí mi crónica y la títule "La carcajada de la Reina". Pero aquel titular no llegó a ser publicado. Me dijeron que lo de la carcajada no podía salir porque se trataba de la Reina. Aquella crónica se tituló "La sonrisa de la Reina", pero lo cierto es que Doña Sofía se había reido a carcajadas con el loro de la Casa de Colón.


(Perdón, pero el artículo se publicó antes de estar acabado por error. Así que sigo)

La pólémica de hoy a raíz del libro de Pilar Urbano y el desmentido de la Casa Real me ha hecho recordar esta anécdota y comprobar cómo han cambiado los tiempos. No sé que hará ahora Pilar Urbano, supongo que mantendrá lo que ha publicado y la polémica quedará en tablas: la palabra de una contra la de la otra, aunque la otra sea la Reina.

Vivimos unos días de esperanza en la creencia de que Obama ganará las elecciones de EEUU y resolverá todos los males del planeta.

Junto a la confianza casi unánime en el triunfo de Obama y en que la ilusión que ha generado es comparable a la que fue capaz de crear JFK hace cuarenta años, hay otra opinión muy extendida también que califica a Bush como el peor presidente de la historia de EEUU.

pics_2_096.jpgPor acción o por omisión, a él y a su política se les culpa de la debacle que suifre la economía mundial. La crisis tiene sus macro y sus micro efectos. Estos últimos son los que viven miles de personas en todo el planeta, gentes que ven desaparecer sus ahorros, pierden el empleo o mueren de hambre. La primera ficha de dominó que cae es la de los más indefensos.

Junto a la crisis y sus consecuencias se habla estos días en España de si es lícito revisar el franquismo en los tribunales de justicia, mientras en otros países se siguen celebrando juicios por sucesos que tuvieron lugar hace 30, 40 o 50 años. Se persigue a jefes de Estado, a líderes y a militares que cometieron delitos contra la humanidad.

Enlazando una cosa con la otra me pregunto si no se debiera crear el concepto de delito de estafa a la humanidad o algo similar para enjuiciar a personajes como Bush y otros de su ralea que movidos por la ignorancia o la avaricia han colocado a sus congéneres al borde de la ruina o en la ruina misma. En los sacos rotos de la avaricia desmedida.


(Por cierto, me llega un correo de esos de "pásalo" sobre una manifestación que se está organizando en distintas ciudades contra los responsables de la crisis. Bajo el título Todxs a la calle el 15-N: La crisis que la paguen ellos, los convocantes quieren colarse en la reunión que celebran ese día los líderes mundiales a través de manifestaciones en distintas ciudades. En Las Palmas de Gran Canaria la cita es en el parque de Santa Catalina, en Santa Cruz de Tenerife, en la plaza de La Candelaria y en Vigo (por si a Gabrielito le interesa) en la Puerta del Sol. Todas a las 17.00 horas


(Foto: No, no es Bush el que coge el billete. Jdurham/Morguefile)

En Somalia han lapidado a una mujer por adúltera y en Florencia quieren poner nombres de mujer a la mitad de las calles para combatir la desigualdad.

Aisha Ibrahim Dhuhulow, de 23 años, fue enterrada hasta el cuello y después apedreada hasta morir. Ya sabemos su nombre, ahora podemos ponerle una calle.

chilombiano_P2201715.JPGMi madre siempre decía que con una sonrisa se llega a todas partes. Con la edad cada vez hago más caso a sus consejos, así que intento aplicar esa receta. Y es verdad que hay veces que noto que mi sonrisa me abre puertas o, por lo menos, que algunas quedan entornadas cuando estaban destinadas a cerrarse del todo.

La amabilidad, la afabilidad, la alegría... toda esa amplia gama de sentimientos positivos que guardamos en nuestro armario común tienen una gran capacidad de contagio. Es verdad que hay personas inmunes, que no sonríen ni que los maten a cosquillas, pero en general suele tener bastante éxito este truco que me desveló mi madre.

No lo empleo siempre, porque me olvido o porque la mala leche puede conmigo, pero hasta en esas ocasiones hay veces que tengo suerte, me topo con alguien que está de buen humor y me lo pega.

A lo mejor es que el buen humor es como la energía que ni se crea ni se destruye, sino que se contagia. Y el buen humor que tuve ayer y que ahora no tengo, está en casa de mi vecino de abajo o en la de la cajera del 'super'.

En la misma categoría de las sonrisas y demás expresiones del buen talante, coloco algunos gestos. Es curioso cómo se recuerdan algunos a pesar de los años. Lo mismo los negativos, que los positivos. Aunque creo que la mayoría tratamos de guardar estos últimos y olvidar un poco los otros, porque, total, ¿para qué?

Hoy me he acordado de uno que aún me hace sonreir y eso que debió ocurrir en el verano de 1981. Sucedió en las afueras de la ciudad inglesa de York, en una zona residencial muy verde y hecha toda de casitas unifamiliares.

Yo andaba por una carretera con una compañera del curso de inglés al que nos habían enviado nuestros padres ese verano. Íbamos distraídas con nuestra conversación cuando nos paró una pareja de ancianas. Iban cogidas del brazo y sin duda, eran admiradoras de su reina Isabel en cuanto a estilismo.

Sombreritos inverosímiles, colores pastel en el vestuario, peinados ensaimada y calcetines medias claras, of course, asomando por las aberturas de las sandalias beige de medio tacón corrido. Aquellas dos adorabales ancianitas, británicas como el té de las cinco, se acercaron a nosotras, dos niñas morenas y extranjeras, para preguntarnos amablemente cómo lo estábamos pasando en su ciudad y también para desearnos una feliz estancia.

Después de atender a las visitas, pues eso es lo que éramos para ellas, siguieron su camino cogiditas del brazo. No hay que decir que nosotras retomamos el nuestro muy reconfortadas por aquella muestra de hospitalidad.

Hoy lunes, día mundial del mal humor, me propongo hacer mío el espíritu de las ancianitas de York, y no me refieron al jamón.


(Foto: chilombiano/ morguefile)

Un tribunal italiano acaba de condenar al Estado alemán a pagar una indemnización por la matanza de Civitella, ocurrida en 1944. Aquí, en España, el juez Baltasar Garzón se ha declarado competente para investigar las desapariciones forzadas de la guerra civil y el franquismo. Este auto ha sido recurrido por el fiscal, que lo pone a caldo,

Precisiones jurídicas aparte, se trata de hechos similares, coetáneos (y fascistas). Son en ambos supuestos crímenes ejecutados por un Estado (el alemán o el español), al amparo de un régimen dictatorial. Ambos se sitúan a mediados del siglo XX y en las dos situaciones quedan familiares de las víctimas, que son las que acuden a la justicia.

Pero mientras el Estado nazi perdió la guerra que había iniciado y fue aniquilado por los ejércitos democráticos, el español siguió gobernando hasta la muerte del dictador 40 años después. Digamos que buena parte de la sociedad española se aclimató al franquismo, mientras las víctimas se hacían viejas en silencio.

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La iniciativa del juez Garzón -que no es más que la tramitación de las denuncias que interpusieron familiares de víctimas agrupados en asociaciones de memoria histórica de todo el país- tiene como primer resultado, a mi modo de ver, el hecho novedoso de que el nombre de Franco y de algunos otros aparezca impreso como objeto de investigación en un papel judicial y no en libros de historia o en las placas de alguna calle.

Salvo algunos recalcitrantes, el común de los mortales pensamos que el golpe militar de Franco fue ilegal y con él, todo lo que vino después. También sabemos que la dictadura asesinó, encarceló, denigró, desterró ... a miles de personas.

Lo novedoso de este caso, lo que da valor al acto de Garzón, independientemente de cuál sea su resultado final, es que por primera vez en España se piden cuentas a la dictadura en papeles con membretes de la Administración de Justicia.

Quizás sea eso lo que haya causado estupor en algunos sectores. Y no me refiero al fiscal, cuyo análisis es fruto de la aplicación de la técnica jurídica. Me refiero a personas como Fraga. O como Aguirre, que ironiza y dice que por qué Garzón no pide el certificado de defunción de Napoleón. Quizás, digo yo, porque ya no quedan víctimas del 2 de mayo y del franquismo sí.

Me decía el otro día una amiga, involucrada en este movimiento de recuperacion de la memoria histórica, que conoce a una señora de 80 años que ha decidido no morirse hasta que aparezcan los huesos de su padre. Para ella y para otros muchos sí tiene sentido la investigación judicial. Creo que no estaría bien decirle: "Oiga no maree ahora, que ya todo eso lo arreglamos en la transición"

Después del debate cuasifeminista de mi último post suena un poco a coña, pero acabo de recibir una nota de prensa en la que se afirma que se ha demostrado "que el canibalismo sexual en la tarántula mediterránea beneficia a las hembras".

Es una noticia inquietante y, aparte de su valor científico, muy sugerente. ¿Habrá que aprender de la tarántula mediterránea? Ja, ja,ja


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(La foto es del CSIC)

El domingo fui a una gasolinera a poner combustible a mi utilitario. Enchufé la manguera, marqué el dinero que quería gastar y apreté el gatillo de la pistola. Una vez, otra, otra... Como el líquido no salía, entré en la tienda de la estación para pre-pagar la consumición de gasolina sin plomo 95, que es la más barata.

-¿Qué? No se fian, ¿eh? ¿Se debe ir mucha gente sin pagar?", pregunté a la señorita que atendía la caja con algo de sorna, mientras sacaba la tarjeta de crédito de la cartera..
-Buenoooo....., montones de gente. Pero nunca una mujer. Lo que pasa es que usted se puso en el surtidor que no yo no puedo ver, pero si llego a ver que era usted una mujer, se lo hubiera abierto.

markemark-8.jpg-¿Sí?

-Las mujeres nunca se van sin pagar, agregó
-No me diga. Nunca, nunca.. ¿Siempre son hombres?, insistí.
-Sí, sí. Hemos preguntado a otras gasolineras y las mujeres nunca se van sin pagar, siempre son hombres.

Volví a mi coche con la gasolina pre-pagada, cargué el depósito y me marché con aquella conversación en la cabeza. La empleada de la gasolinera había sido taxativa: las mujeres nunca se van sin pagar. Aunque reconozco que la experiencia de este surtidor y de algún otro no puede tomarse como un axioma ni tan siquiera como el resultado de una estadística, la cosa me dio qué pensar. Nunca desprecio la impresión de una persona que trabaja de cara al público.

¿Por qué las mujeres nunca nos vamos sin pagar de una gasolinera? ¿Seremos más honestas? ¿Menos osadas? ¿Más razonables?

Quizás tengan algo de relación con lo afirmado este domingo en El País por Svafa Gronfeldt, rectora de la Universidad de Reikiavik, quien en un reportaje sobre la bancarrota de Islandia habla de que la única salida para el país es reemplazar "los viejos valores vikingos" por "los valores femeninos".

Copio aquí una cita del mismo reportaje atribuida a Halla Tomasdottir, presidenta de la única consultora financiera de Islandia cuyos clientes han ganado dinero en la crisis en lugar de perderlo: Las mujeres islandesas y en todo el mundo son más prácticas que los hombres, tienen los pies más firmemente plantados en la tierra y estudian con más mesura las consecuencias de los riesgos que toman.

¿Será por eso que no nos vamos sin pagar de las gasolineras?

(Foto: Markemark/ Morguefile)

Tengo un ratón de ordenador muy pequeño que no utilizo porque prefiero el que lleva incorporado el portátil. Pero el ratoncillo está siempre rondando por aquí. Esta noche, cuando me he sentado ante el teclado, lo he visto con el rabillo del ojo. Estaba del revés, vMouse_-_Interior__13_.JPGolcado patas arriba y me ha parecido que pataleaba, como las cucarachas cuando se dan la vuelta y mueven sus patitas desesperadas porque no pueden ponerse derechas. Ha sido tan clara la imagen que he creído que este ratoncillo mío estaba vivo.

Las ideas nos vienen así, como ese ratoncillo que patalea. Como esa bombilla encendida que ponen en los bocadillos de los tebeos. Son fogonazos de lucidez. A veces lo difícil es prenderlas porque salen disparadas de nuestra cabeza y si no tenemos reflejos, se escapan para siempre.

Hay ideas peregrinas, macabras, geniales o destructivas. Pero todo parte de una idea, de un fogonazo en el cerebro de alguien. Después hay que llevarlas a cabo, pero sin ese primer estallido mental no habría nada que hacer.

(La autopsia de un ratón. Alvimann/Morguefile)

El "coñazo de desfile" de Rajoy el último gran éxito de la escena patria da sus últimos estertores a la espera de que otra nueva chorrada acabe por hundirlo en el olvido. Sobre el "coñazo" he leído y escuchado multitud de opiniones que, con matices, pendulan entre las solidarias, que aceptan como buena la apreciación del líder popular; las intransigentes, que subrayan la hipocresía que delatan, y las disconformes, que no sólo niegan que un desfile de estas características sea un coñazo, sino que además subrayan que para muchos se trata de un acontecimiento de tremendo significado.

Nada es totalmente blanco ni totalmente negro, todo tiene sus matices. Dos frases robadas gracias a un micrófono no deberían servir, en teoría, para retratar al que las pronuncia, pero -ahí vienen los matices- todo depende de quién, cómo, dónde y cuándo las pronuncie.

¿Hubiera producido la misma conmoción si la cazada hubiera sido Belén Esteban hablando bien por lo bajini de Jesulín y su familia? Ja, ja... Sin duda que el descubrimiento de la doble cara de la friki-tertuliana hubiera indignado a muchos de sus seguidores, pero obviamente no es lo mismo descubrirlo en esta chica de barrio ascendida a los altares de la cutretelevisión que en el señor que aspira a gobernar el país.

Doble cara, supongo, tenemos todos. Algunos tienen tres, cuatro o mil quinientas veintisiete. Rajoy no ha inventado la hipocresía, pero la anécdota me lleva a preguntarme cuántas decisiones tomamos -el voto, por ejemplo-, guiados por apariencias y no por realidades, cuántas mentiras -además de la respuesta de Dylan-flotan en el aire.

Estaba el domingo por la tarde en casa, viendo en televisión las noticias sobre la reunión que celebraban en París los jefe de Estado europeos sobre la crisis financiera, cuando salió en imagen González Pons, el vicesecretario de comunicación del PP.

Salió el hombre sin afeitar y sin corbata. No sé si por un afán de aparentar informalidad ya que era domingo; porque le habían pillado en mal momento o porque ahora intenta adelantar al PSOE por el lado popular, no el que lleva en el nombre de su partido, sino el que coge la guagua para ir al trabajo y compra pollos asados para no cocinar cuando es día de fiesta.

Las noticias sobre la crisis y la solemnidad de la reunión en París de los líderes europeos me habían dejado con el alma encogida. Y así estaba cuando el portavoz popular salió en pantalla para acusar a Zapatero de ser el presidente de los banqueros.

No sé si será el presidente de los banqueros -.espero que lo sea, de los banqueros, de los clientes de los banqueros y de los que no pueden llegar a serlo, por la cuenta que nos trae-. Lo que sí sé es cuánto agudizó mi encongimiento el hecho de que un pretendido padre de la patria saliera a la palestra para poner en escena el de qué se trata que me opongo en momento tan sumamente delicado. A veces parece que la política es sólo eso: ir a la contra sea cual sea el argumento. ¿O no?

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(En la foto de Arcadio Suárez, González Pons en una visita a Las Palmas de Gran Canaria)

El otro día tuve la suerte de encontrarme con dos mujeres que conocí hace años. Dos personas que forman parte del decorado de dos etapas distintas de mi vida. Digo decorado porque en ambos casos se trata de conocidas más que amigas, de personas con las que compartí algún momento sin llegar nunca a estrechar más lazos que el saludo afectuoso y cortés. A ambas las traté a través de personas interpuestas, eran amigas de amigos, extensiones de pandillas que tuve en otras épocas.

No sólo tuve la suerte de encontrarlas, sino también el buen tino de saludarlas. No sé, si en efecto, se acordaban de mí o sólo tuvieron la cortesía de decir que sí cuando yo les expliqué de qué venía el conocimiento.

Saludarlas fue, en cierta medida, recuperar un poco de aquellos tiempos, que ahora recuerdo con nostalgia. El encuentro me dejó un regusto agradable y me quedé pensando en los estratos geológicos; en que la vida está hecha de capas, como las de una cebolla.
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Aquellos dos encuentros me llevaron a una capa antigua, situada muy cerca del corazón de la cebolla de mi vida. Comprenderlo me produjo un poco de vértigo porque me hizo ver la multitud de capas que ya tiene encima.


(Foto: Rosevita/ Morguefile)

Qué a gustito se queda una -o uno- cuando logra vaciar la vejiga urinaria después de haber pasado apuros de verdad. De los que se sufren cuando la necesidad es imperiosa y se presenta lejos de un water closet, innodoro, lavabo, tigre, retrete, toilette o wc, que son las siglas del primero.

Quién no ha pasado por ese trance de querer y no poder. Pero de querer mucho; vamos, de pensar que no aguanta, que se lo hace (el pis) encima. Esto le ocurre a todo el mundo. Incluso a los perros, aunque estos prefieren las esquinas.

La urgencia llega por distintas razones. Por imprevisión las más de las veces. Por exceso de optimismo también. Porque, aunque nos haya pasado mil veces y sepamos de sobra que del trabajo a casa esa pequeña punzada se va a convertir irremediablemente en una riada arrebatada mucho antes de llegar a la puerta, seguimos pensando que esta vez sí tenemos tiempo.

También llega -y ahí quería yo llegar- por llenar el embalse hasta más allá de su límite sin abrir las compuertas. Y eso lo saben hasta en la China. Que lo que se bebe debe salir por algún sitio. Y sale, vaya si sale. Que no hay fuerza humana que lo detenga si las ganas son de verdad, como el beso de la española.

Por eso, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria debía saber, -porque en el Ayuntamiento mandan personas-, que si la Romería del Rosario iba a reunir a no sé cuántos cientos de personas en unas pocas calles y éstas -las personas-, en su mayoría, tenían mayormente la intención de beber ríos de lo que fuera durante toda la noche, habría que disponer de lugares para el conveniente desalojo. Porque, si no, se corría el riesgo de que ocurriera lo que se ve en esta foto. Como me dice el amigo que me la manda, aunque la calidad no es la mejor, el instante es buenísimo y yo añado que muy revelador de lo que fue aquella noche.

Y los vecinos, a sufrirlo.

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Hay una escena en la versión cinematográfica de La Hoguera de las vanidades, en la que el juez Myron Kovitsky -interpretado por Morgan Freeman- habla de decencia al final del juicio que pone fin a la trama. Con voz potente y de pie, el juez Myron le dice a aquella panda de descerebrados que la decencia era aquello que sus abuelas les habían enseñado cuando eran niños.

Ayer se celebraron manifestaciones en demanda del trabajo decente y en contra de la precariedad, los abusos y la directiva de la UE que podría ampliar la semana laboral a 65 horas.

Decencia, según la RAE, tiene tres acepciones: 1) Aseo, compostura y adorno correspondiente a cada persona o cosa. 2) Recato, honestidad, modestia. Y 3) dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

En un lenguaje más coloquial definiría decencia como lo contrario a la trampa. El tramposo no es un tío decente. Será gracioso, listillo e incluso será un tipo admirado en según que ambientes, pero no es un tío decente.

La decencia es lo contrario al sálvese quien pueda, al tonto el último o al total todo el mundo lo hace que parecen presidir nuestras relaciones. La decencia no cambia en virtud del tamaño de la trampa. Tan poco decente es el empresario que machaca a sus trabajadores como el que sisa en la compra, no paga sus impuestos o copia en un examen.

El problema es que hay comportamientos indecentes que nos parecen normales incluso admirables. El pícaro sigue teniendo muy buena prensa, aunque detrás de la picaresca haya siempre alguien que sale mal parado. A veces es el propio pícaro, que no se da cuenta de lo mucho que pierde.


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(La foto es de Pryphoenix /Morguefile y se hizo en Cambridge)

Cada tres segundos muere un niño en el mundo antes de cumplir los cinco años . Son 10 millones al año, según el informe hecho público ayer por la organización Save the Children.

Leí esta noticia ayer en un despacho de la agencia Efe. Esta mañana he ido a buscarla en algunos de los portales digitales que tengo en mi listado de favoritos. No aparece.

Contemos: Uno, dos, tres .... Uno, dos tres .... Un, dos, tres....

Hay un bar cerca de casa donde se come muy bien. Es pequeño y muy convencional. Tiene una barra donde siempre hay a algún señor con pinta de habitual y un pequeño comedor qiue se llena de familias los fines de semana.

Es un bar de muchos años y tan de fiar que los clientes solo dejan de venir si se cambian de barrio o se mueren. Es un bar como tantos otros, sólo que éste es bueno y cariñoso.

Allí me encontraba el otro día, dispuesta a compartir con mi familia una comida casera, pues las comidas aquí no son de bar, son caseras en toda la acepción de la palabra. Como en este bar no es raro que se grite alguna comanda oí que alguien había pedido un martini seco con ginebra. ¿Un martini seco con ginebra? Me intrigó la petición, porque era todo un exotismo en aquel comedor lleno con familias, parejas de jubilados y algún hombre solo frente a un plato de sopa de fideos. blary54_591847_99277134.jpg

Un martini seco con ginebra es la base de un Dry Martini, una bebida glamourosa que pegaba tanto en aquel bar como a Carolina de Mónaco un carrito de la compra.

Me interése por el asunto y traté de adivinar quién de aquellos parroquianos había pedido el cóctel. Como el comedor es pequeño no tardé en descubrir el vasito en la mesa de una pareja joven. Llevaba por mi espíritu observador comprobé que quien había pedido la mezcla no era él, era ella, la misma que cada poco se agachaba ante un cochecito de bebé para dar a su morador una cucharada de puré que sacaba de un potito. Cucharada de potito para el niño, sorbito de Dry Martini para la madre.

Volví a mi filete de gallo rebozado, le guiñé un ojo y antes de llevarme a la boca el siguiente bocado recordé mis tiempos de crianza, cuando la vida era un transitar perenne de potitos, biberones y baberos. Y pensé que aquel Dry Martini era la metáfora de la vida exterior, la vida a la que renuncias cuando llega un niño y te la pone del revés.

(Foto: Blary54/ Morguefile)

Tengo un antídoto para los ataques de autocompasión. También me sirve para los de egoísmo, egolatría, intransingencia y para muchos otros de similar jaez. Como cuando me uno a un coro de criticones o me pongo verde de envidia porque a fulano, que no vale nada, le han dado un premio inmerecidísimo.

El remedio es bien simple, está muy extendido y es más viejo que Matusalem. Se trata de ponerse en lugar del otro. Si me creo la más infeliz del mundo, ponerme en el lugar de los que tienen menos que yo hace que me de cuenta de la gran suerte que tengo con mi vida sencilla y pedestre.

Si es un problema de xenofobia -poquita pero algo hay-, me pongo en el lugar de la persona que lo causa y me pregunto qué habría hecho yo en su lugar.

Hay veces que me pongo en el papel de otro sin necesidad. Quiero decir: sin ataque previo que remediar. Sólo por el gusto de imaginar qué habría hecho yo en tal caso o en tal otro o por el deseo de comprender el mundo que me rodea.

Vivimos metidos en burbujas que nos protegen del exterior. Me imagino la calle con personas dentro de grandes pompas de jabón que sólo se abren a otras similares, en conjuntos que son siempre los mismos y que no salen de un número finito de combinaciones y permutaciones entre ellos. No hay más mundo que el nuestro, el de nuestra rutina y nuestros problemas, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestro supermercado, y a todo lo demás: que le den candela.

Este truco tan viejo de ponerse en el lugar de los demás permite, por ejemplo, que la visión de 229 personas metidas en un cayuco no sea sólo un hecho insólito o un motivo para hacer unos chistes, sino algo que tomo como propio porque me pongo en el lugar de todos ellos. En su miedo, su frío, sus angustias y sus pesares. Al fin y al cabo, yo no tuve ninguna intervención en el hecho venturoso de haber nacido donde nací y no en alguno de esos puntos del planeta de donde escapa la gente.

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(La foto es de Phaewilk /Morguefile)

Esto de lo políticamente correcto es un fenómeno curioso. Se trata de conservar las formas, aunque el fondo siga siendo el mismo, En la inciclopedia lo definen como la doctrina del quererquedarbienismo. Lo políticamente correcto es un disfraz que a menudo enmascara cosas feas, porque no exige que uno se lo crea, sólo que lo aparente.

Lo políticamente correcto promueve unanimidades y evita rechazos. A veces es como el traje del emperador que nadie veía pero que todos alababan. Otras, hace honor a su adjetivo y es, en sí mismo, correcto.

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Lo políticamente correcto en ocasiones es también una defensa que nos libra de las ofensas. Y muy a menudo, un barniz que a duras penas tapa la indecencia,

No valoramos cuánto nos protege hasta que falta. Como en ciertos comentarios anónimos, tan en boga en este mundo vitual, que opinan sin máscaras sobre asuntos de calado como la inmigración o las fosas clandestinas. Sin el disfraz, la intransigencia sale a flote y causa rubor y miedo.
(Foto: Alviman/Morguefile)