Tengo una amiga que acaba de ser abuela y todos los días me cuenta las pequeñas calamidades a las que se enfrenta su nuera. Que si la niña como o no come, que si duerme, que si tiene gases... Los hijos de mi amiga, padres de su nueva nieta, y la pequeña pasan estos primeros días en el centro hospitalario donde se produjo el alumbramiento, rodeados de profesionales y de todo tipo de medios para sacar al bebé adelante, así que a priori no hay motivo para preocuparse.
Esta mañana después de escuchar el último parte, volví a mis ocupaciones con una idea rondándome la cabeza. Me acordé de mis propias tribulaciones tras el nacimiento de mis dos hijas y de lo impotente que me sentí en algunos momentos que, por fortuna, nunca pasaron a mayores.
De mis niñas pasé a todos los niños y a qué diferentes son las circunstancias en que nacen. Me pregunto cómo se las arreglan las madres de sociedades en desarrollo y también cómo se apañaron mi madre, mis abuelas, mis bisabuelas, mis tatarabuelas... y así, trepando por el árbol genealógico, llegué al pensamiento de que nosotros, los que ocupamos ahora el planeta, somos el resultado de muchísimos alumbramientos y crianzas en condiciones mucho más precarias que ahora, tanto más cuanto más se camine hacia atrás en el linaje de cada cual. ![]()
Así es como llegué, tras hablar con mi miga sobre su nueva nieta, a verme como el resultado de muchas generaciones de madres heroicas que afrontaron partos y crianzas sin médicos, comadronas, pañales desechables, esterilizadores de biberones ni sacaleches. Llegué a verme -a vernos-, como el resultado de un montón de éxitos encadenados.
(Xenia/ Morguefile)

¿has pensado alguna vez que Paulina Fernández Diez no sólo fue una madre heróica sino una madre trabajadora heróica?
Pues sí.