los blogs de Canarias7

No me pareció especialmente atlética cuando me la presentaron en la cena de clausura de una reunión profesional, pero me dio su teléfono con tanto entusiasmo, que la cité para un partido de pádel en cuanto me fue posible,

Diremos que se llama Avi -este no es su nombre real, pero lo usa en las distancias cortas-, y que es andaluza, aunque cuando yo la conocí llevaba ya una docena de años de intensa residencia en Las Palmas de Gran Canaria, y digo intensa porque, como más tarde se verá, no fue la protagonista de esta historia una visita de cumplido.

(Ni ella, ni su consorte, que aquí la pareja es elemento quintaesencial)

Pocos días después de aquel encuentro fortuito, la llamé para jugar a la hora de comer de un día bastante caluroso. A pesar de que seguramente le cambié los planes, porque la avisé con escasa antelación, le pareció todo estupendo: la hora, el sitio, las otras jugadoras y no es que le gustara el calor, porque no es tonta, precisamente, pero lo encajó con tanto optimismo que hasta me pareció que había refrescado.

(Entonces no sabía que el buen humor y las ganas de agradar eran elementos estructurales de su forma de ser.)

Jugó y jugó tan bien o tan mal como las demás y en un descanso, entre set y set, abrió una gran bolsa de deporte que había traido al hombro y sacó una botella de agua. No era una botella de las pequeñas, como la que lleva la mayoría, no; la suya era de las de dos litros y además estaba fría. En la bolsa también había unos vasitos de plástico, nos invitó a nosotras y a los de la cancha de al lado. Y después acabamos el partido.

pelota.jpgAquel fue el principio de poco más de un año de encuentros semanales para jugar al pádel, que acababan siempre con un cortado y un rato de charla. También coincidimos en una cena de homenaje a un amigo común, en dos fiestas de cumpleaños y en su propia despedida, que ha sido hace unos días.

Nada más, porque no hubo tiempo. Una de esas vueltas famosas que da la vida ha hecho que la pareja se traslade a la Península y, como auguró ella misma en su fiesta, nos volveremos a ver, pero ya no será lo mismo.

Una de las personas que intervinieron en el homenaje de Avi, Meri, compañera del mismo gremio, dijo , entre otras cosas, que "uno es lo que va haciendo", una frase que a mí me llegó como un fogonazo, como esas bombillas que se ponen encima de los personajes de los tebeos cuando tiene una idea genial. Se es lo que se va haciendo, claro, pensé, un goteo que va calando ...

También, en la misma reunión, concurridísima, hablaron dos de las amigas que hizo en la Isla y que formaron parte de su círculo privado. Una de ellas expuso que se habían hecho amigas sin darse cuenta, "de a poco". Creo que usó esta expresión que yo adjudico a los argentinos y que tiene mucho que ver con el se es lo que se va haciendo.

Decía que la visita larga -doce años- del matrimonio gaditano no fue de cumplido. No hicieron mis amigos como algunos que se trasladan en cuerpo, pero no en alma. Me refiero a los que no hacen migas con la gente del lugar -se cual sea este lugar- o quieren, como los guiris en Maspalomas, que los super vendan el queso de su tierrra y los bares sirvan pintas en lugar de botellines. Son gente que se muda, pero no se mueve.

No fue el caso de esta pareja, que hizo amigos, se aclimató a lo isleño, se hizo querer y quiso lo suyo. Y así la despedida fue, en verdad, multitudinaria y muy entrañable porque hablamos de personas estupendas.

Ahora que ya se han marchado, me doy cuenta de cuánto me caló ese chirimiri andaluz de buen humor, bondad e inteligencia, y que ahora mismito, mientras escribo estas líneas, me llena de nostalgia.

Si hubiera llevado a cabo una décima parte de los planes que urdo en mi cabeza, hoy sería una mezcla de madame Curie, Teresa de Calcuta, Maruja Torres y de algunas otras muchas mujeres -y hombres- que admiro.

Hago planes como Antoñita la Fantástica y hay quien ya no me toma en serio cuando digo que vamos a hacer tal o cual cosa.

Yo me consuelo pensando que hay que planificar con holgura para que la idea aguante las estrecheces de la realidad y sobreviva a la erosión de la vida.

Que sobren ideas, para que siempre haya alguna que supere nuestra pereza, nuestro desencanto o nuestra estupidez.

Cuando me pasa lo que ha pasado; es decir, cuando me dejo ir tanto que mi pobre Virtualario se despeña por la columna de blogs de canarias7.es hasta honduras abisales, me sucede como cuando vas a encontrate con alguien después de muchos años sin saber el uno del otro: me da corte.

Lo supero, no sin esfuerzo, y me encuentro con la persona en cuestión o me lanzo a escribir teclado arriba, teclado abajo, que es lo que estoy haciendo esta tarde de domingo.

Estos días que he estado sin actualizar el blog han estado marcados por la tragedia de Haití. No me sentía con ánimos para escribir sobre la catástrofe, porque pensé que sólo podía añadir más blablá al blablá planetario. Yo quería dar consuelo, pero me tengo que conformar con dar dinero.

Cuando veo las imágenes, leo las informaciones o contemplo las fotografías me invade el desaliento, ¿cómo se puede seguir adelante cuando no te queda nada? El desamparo de los niños que han quedado huérfanos es particularmente desgarrador.

Decía que no quería escribir sobre Haití, pero he acabado haciendolo porque pasarlo por alto me parecía ahora, que lo pienso mejor, una falta de respeto. Siento que si no dedico unas líneas a condolerme por tanto sufrimiento, es como decir que me da igual. Y no es así, de ninguna manera.

Acabo de regresar de unas cortas y merecidas vacaciones -no voy a ser menos que los personajes del cuore-, que, por fin, he aprovechado con el corazón y la cabeza. Uno de mis defectos- bastante extendido, según creo- es dejar ciertas cosas para más tarde. Siempre pienso que ya habrá tiempo ... y esas ciertas cosas nunca se hacen.

Se me va la fuerza por la boca y todo se queda en un veremos, modesto primo hermano del genial "Vuelva usted mañana" que Larra legó a la posteridad. Lo mío se parece, aunque con distintos motivos, a lo de algunos gestores de la cosa pública, vulgo políticos, que siempre tienen un plazo más allá: si se les pregunta en junio o mayo, inevitablemente el proyecto se hará después del verano, y lo mismo ocurre si en el horizonte están las vacaciones de Navidad o el lapsus lectivo de la Semana Santa.

Una de las causas de esta falta de diligencia es la comodidad o la cercanía, que actúan como elementos disuasorios. Me refiero al hecho de que un madrileño no pise jamás el Museo del Prado. No va porque puede ir en cualquier momento, precisamente.playa.jpg

Como al madrileño con el Museo del Prado a mí me ocurría con el Teide, que lo tengo tan a la vista, tan a mano, que no había ido nunca. Desde cierta perspectiva, lo mío es más grave que lo del madrileño, porque éste puede vivir en Madrid toda la vida sin pasar jamás por delante de la pinacoteca, sin embargo yo, que vivo en Gran Canaria, tengo al Teide presente día sí, día también. Me basta con asomarme por el lado norte de la isla. Voy a Las Canteras a darme un baño o un paseo y allí, si no hay nubes, está el Teide. Paso por La Minilla para ir al supermercado y allí está él, enorme, imponente. Y lo mismo si voy a Agaete o a la Cumbre. Si el día está claro, él no falla.

En estas cortas vacaciones, el ya veremos se convirtió en el ya lo hicimos. Subimos el coche al ferry y fuimos al Teide, una experiencia sensacional que recomiendo. No sólo disfruté con el espectacular paisaje, sino que también me sentí reconfortada por el placer de haberlo hecho, por la sensación de no haber tirado mis cinco días de vacaciones por el retrete como me ha ocurrido otras muchas veces.

Porque no sólo fuimo al Teide, noooooo. También nos dimos unos baños gloriosos en la playa del Inglés y pasamos frío en la Cumbre. Las dos últimas cosas sin salir de Gran Canaria, continente en miniatura, que así la bautizó con acierto el periodista Domingo Doreste Fray Lesco a principios del siglo XX, nada menos.

(La foto es de Arcadio Suárez. Es el Teide desde Las Canteras)

En estos momentos el año 2010 huele como olían los libros, las libretas y las gomas de borrar a principio de curso.

Leo en la edición impresa de CANARIAS7 que fulanita se va "con pena" de la viceconsejería que ocupaba hasta ayer y que (..) considera que ha realizado un buen trabajo en un sector (esto lo añado yo) que pasa por una de las peores crisis de toda su historia.

No la identifico porque hay tantos que actúan como ella, que sería hasta una injusticia ponernos ahora a decir quién es la fulanita en cuestión. Ella sólo representa a un prototipo que es especialmente frecuente entre la clase política.

Antes me producía rechazo esa incapacidad para reconocer errores o negligencias de los políticos desabuelados; ahora, hasta me admira ese desparpajo. Como fenómeno, y no como virtud.

"Haciéndonos viejos" es uno de esas expresiones hechas que se te salvan una conversación cuando alguien te pregunta por tus hijos y tú estás -mentalmente- en otro sitio. Hay expresiones que vienen de los tiempos de Matusalen y que no han perdido vigencia, aunque huelan a rancio.
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Como las plantillas que vienen como opción en los teléfonos móviles para agilizar la escritura de sms, las frases hechas las llevamos en el fichero común de la lengua y las usamos cuando conviene.

A veces tardamos en entenderlas, como ésta de que los niños hacen viejos a los mayores. Yo no he venido a comprenderla hasta tener hijos y sobrinos a mi alrededor y descubrir cómo el tiempo se nota en ellos.

Esto también me pasa con cada cambio de año, que es cuando te paras y te dices: ¿2010? ¡Pero si fue ayer cuando empezamos el siglo! Pero no es así; de ayer hace ya mucho tiempo. O como me decía una amiga: "Ahora de todo hace veinte años".


(La foto es de Fernando O=jeda y fue tomada el 1 de enero de 2009 en la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria)

El problema de las micciones caninas es un tema que me preocupa. Ya he escrito sobre él aquí y también aquí . Hace poco, además, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha anunciado una ordenanza en la que abre la mano sobre este particular, a petición de un grupo de dueños de perros que quieren pasear con sus mascotas por el paseo de la playa.
A mí, me sigue pareciendo un problema serio y la complacencia del ayuntamiento, una temeridad, pues supone extender la meada, con perdón, a zonas limpias de la ciudad.

Como internet es como es, un señor de Barcelona que se llama Fernando Hernández Sánchez se ha puesto en contacto conmigo para ofrecerme una solución. Ha patentado y acaba de sacar de fábrica un "pipicán". Sí, señores y señoras, un nuevo artilugio para liberar las esquinas de la ciudad de esa sustancia pestilente formada por decenas y decenas de capas de micciones caninas. Me limito a reproducir la nota que ha enviado con las características del invento y varias fotografías.

Se llama "urinario para can modelo Ruski". Y se trata de un "innovador urinario para perros, elegante y modernista; de diseño estilizado, pero robusto".
Según me escribe Fernando, es "versátil", ya que hay distintos modelos, sin que ninguno de ellos pierda la "misma línea estilizada e innovadora".

Está hecho de acero inoxidable. La base es una plataforma circular, lo que evita rincones con suciedad. Tiene un sifón interior que elimina la posibilidad de que surjan olores del subsuelo y también un sistema de descarga (supongo que de agua), que se acciona con un pulsador para limpiar la deposición.
"Con el urinario para perros evitaremos que las fachadas de nuestros edificios y monumentos ya no estén sucias y parques, farolas, jardines", afirma su inventor.

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(El dibujo y las fotos son del pipican Ruski y me las manda Fernando, su inventor. Tengo su teléfono por si a alguien le pudiera interesar)


Hace unos días quedé con unas amigas para hacer un pizco de deporte. En una de las interrupciones del juego, dos de nosotras aprovechamos para beber agua. Bebíamos al estilo botijo de unas botellitas de plástico y a las dos se nos mojó el escote.

Hacía bastante calor y nosotras sudábamos debido al esfuerzo, así que sentir el chorrillo helado cayendo barbilla abajo fue muy agradable.

Eso me dijo mi compañera. Me comentó que le encantaba mojarse "el canalillo" y yo estuve de acuerdo. Es más, apunté que, a nuestra edad, ésa era una de las escasas ocasiones en las que podíamos darnos ese gusto en público sin que nos miraran mal. Añadí que quizás nos gustaba tanto porque nos recordaba a la infancia.

Dejar caer el agua por el canalillo cuando una bebe al estilo botijo -o al estilo bota si es de vino-, es un placer infantil y refrescante y, además, tiene un ingrediente de rebeldía que no hay que despreciar. Pero yo valoro más lo primero, lo de la vuelta a la infancia, porque ya he dicho en más de una ocasión que soy una sentimental.conta.jpg

A lo mejor por eso me gusta tanto la serie Cuéntame, a la que acaban de dar hoy el primer Premio Nacional de Televisión. Hay momentos del programa que me transportan a mi infancia, casi tanto como me ocurrió el otro día con el refrescante y casi pecaminoso desbordamiento de agua mineral sin gas.

En la foto, las dos parejas protagonistas de Cuéntame en las calles de Vegueta, el barrio histórico de Las Palmas de Gran Canaria.

En estos momentos Aminatu Haidar se juega sus últimos cartuchos y no es un juego de palabras. En verdad, hace equilibrio sobre el filo de la navaja. De un lado, la muerte y el final; del otro, la vida, los hijos y tiempo para emprender más batallas.

A la vista de lo que ha conseguido ya -devolver su causa al foco internacional-, cabe preguntarse ¿quién ganaría qué con su muerte?

Para mí, el triunfo sería vivir.

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