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Un charco

Había llovido, pero no mucho. Y como eran las primeras gotas del otoño, casi nadie le prestaba atención al fenómeno meteorológico. Menos aún a las 7.51 de la mañana, de carrera hacia el trabajo o hacia quién sabe dónde.

Cada día cruzaba el mismo paso de peatones sin plantearse lo que hacía, con la mente lejos, en el trabajo, la universidad, los proyectos... Aquel día, sin embargo, al pisar una de las rayas blancas, despertó del letargo gracias a un resbalón que le costó una caída.

Gente bajo la lluvia, todos miran pero nadie la ve.Aparatosa, sin duda, porque tras el aterrizaje salieron volando los folios que llevaba bajo el brazo, acompañados por las piezas de diverso tamaño que había preparado para la maqueta del proyecto por orden de su profesor de Estructuras. En pocos segundos se encontró en pleno asfalto, en medio de los escasos segundos del semáforo en verde y rodeada de viandantes que seguían lejos, en sus cosas.

Lo peor es que nadie se paró para ayudarla, nadie le preguntó si necesitaba una mano, nadie siquiera pareció advertir la caída. El cielo se le vino encima y comenzó de nuevo a llover, pero esta vez el agua manaba de sus ojos, en plena soledad en medio de un mundo que no se paraba por nadie.

El semáforo se puso verde y los coches rugieron apenas lo justo para ponerse en marcha.  Una moto la sorteó para continuar en su avance. Pronto se vio rodeada de vehículos que no hacían caso de su presencia en el asfalto e incluso pisaban sus folios y las preciadas piezas de su desvelo nocturno. Sólo un coche se paró: el que no podía avanzar porque ella seguía en el suelo, llorando. Y comenzó a tocarle la pita.

El apremio del insensible fue el resorte que la ayudó a ponerse en pie y, sin dejar de llorar, recoger los pocos objetos que quedaban a su alrededor. Afloró un escaso orgullo para increpar entre dientes un "cabrón" que no llegó a salir de su boca.

Mientras se apresuraba a alcanzar la otra acera, ya en el siguiente semáforo en verde para los peatones, no se atrevió a mirar las caras de los otros a su alrededor para comprobar si alguien la miraba, pues tenía la certeza de que nadie la estaba viendo.

(Foto: Dantada/Morguefile).

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6 comentarios

1

Historia real?

2

Los animales se vuelven cada vez más cívicos y los cívicos se vuelven cada vez más animales. Un saludo y enorabuena por tu blog.

3

Yo creo que en parte todos estamos sólos y a nadie le importa nadie. Lo que redactas es muy común en nuestros días porque cada vez más cada uno va a lo suyo y poco nos molestamos en preguntar como está tu compañero de mesa o tu madre... y muchas veces cuando ocurren cosas como esas o no nos damos cuenta o no nos queremos dar cuenta.
Aveces la soledad es muy dura de afrontar y llorar nos ayuda un poco a desahogar tantas cosas duras que nos pasan a diario.

4

Ups.. Pues... ¿Eso tiene mucha importancia? ;-))

5

Una reflexión que comparto. Me alegro que te guste el blog. Gracias. Saluditos.

6

Para Mararía: También ayuda un blog y sentir que hay gente al otro lado. ;-))

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Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Mónica Torres y publicada el 7 de Octubre 2008 10:18 AM.

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