Son las banderas que, de un tiempo a esta parte, está poniendo Paco Bello, cura del barrio de La Garita en Telde (Gran Canaria) en el tejado de su templo. Primero, la canaria con las siete estrellas verdes. Y luego, la del arcoiris simbólica de gays, homosexuales y transexuales.Son también las que ayer se veían por doquier en cualquier punto de la geografía española, las de los aficionados futboleros y los juerguistas enganchados, augurando ya durante el día el triunfo de la selección española en la Eurocopa de fútbol frente a Alemania.

Por si alguien se quiere apuntar, las banderas son fáciles de conseguir y las hay de todos los colores. Incluso algunos las eligen por estética para vestirlas.
Vamos, que haberlas, haylas. Y de sobra.

Y, a mí todo este rollo de las banderas me deja bastante igual. Desde adolescente tengo la impresión de que una bandera no es más que un trozo de tela en la que unos se envuelven para liarse a tortas con los que van envueltos en otra de otro color y ya. Mucho falta todavía para que se nos quite de encima ese sentimiento, creo...
Estoy contigo, Cuinpar. Además, creo que las banderas de la sociedad moderna no están hechas de colores, sino de sentimientos.