Pero en las celebraciones de don carnal se permite todo. Incluso pasarte el domingo embebido en la tele o durmiendo a deshoras la resaca correspondiente.
Esas jornadas dominicales de resacas sólo se echan en falta cuando son pasado. Más bien, lo que se añora es la noche anterior. Pero la conciencia se toma el domingo por la mañana, cuando el desperador de tu hija suena a las 7.20, igualmente que el resto de los días, ajeno completamente al día de la semana o la resaca de la historia.
Es entonces cuando te viene a la cabeza el tran traído "Un hijo cambia mucho la vida" y te sumerges en la nostalgia de otros tiempos aunque, siendo sincera contigo misma, no los cambiarías.

Pasar de lso 30 hace que relativices muchas cosas, y no, ahora no cambio las copas del sábado por el aperitivo del domingo.
Qué bueno. Y con toda la razón. Con lo ricos que son los aperitivos y otros entretenimientos sólo reservados para 'treintañeros'...