Incluso que los alumnos protesten (¿casualidad?) contra la consejera de Educación y la cara que está presentando a los docentes en sus peticiones. Hoy escribo una lección de periodismoque he recibido a modo de ejemplo de cómo algunos colectivos se empeñan en manipular para conseguir sus objetivos, una manipulación que implica permitir (y en la sombra alentar) que los estudiantes se queden sin clase.
Aparentemente sin mayor interés, el docente me detalla la situación en el centro y, siguiendo sin ese interés, me facilita el contacto para que me informe mejor y contraste la noticia.
Y como el periodista no cree nada que no contraste, sigo llamando. Y no sólo a la fuente referida, sino también a otras, sobre todo más objetivas. El resultado: están organizados desde la pasada semana, apenas llegan a la mitad de los alumnos de cada uno de los dos únicos centros en los que se realiza y, sobre todo, gritan en contra de la consejera y no de los docentes.
Manipulados, sentados en el patio y en la calle, hay mientras escribo esto al menos tres centenares de alumnos que hoy no recibirán clases. Si pueden leer esto, al menos que reciban una lección: la verdad absoluta no existe. La manipulación convierte las medias verdades en el partido que cada uno quiere ver.
