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Mi abuela me pone.


En televisión se puede ver de todo.Los últimos años y fundamentalmente por una saturación en la oferta las cadenas nuevas y sobre todo las viejas, buscan cada vez formatos más originales en el legitimo propósito de conectar con una audiencia menos cautiva. La explosión de eso nuevos contenidos es casi diaria y su presencia en la parrilla dura lo que dura la paciencia del programador o lo que la democrática audiencia decide. El viejo debate sobre quien decide lo que programar, si la cadena al construir su parrilla o la audiencia al accionar el mando a distancia es como que fue primero "el huevo o la gallina". Nadie lo tiene muy claro.
Pero hablando de huevos y gallinas, me parece que nuevamente Telecinco ha hecho una tortilla con sus contenidos.
Imaginen un programa en formato concurso donde las personas confiesan libremente haber querido liquidar a su suegra, tener fantasías sexuales con los padres de sus progenitores, jóvenes dispuestas a confesar como sus padres casi la empujan al suicido, mientras los padres observan en directo, o como alguien confiesa que tiene celos de los consoladores. Todas declaraciones sinceras que contribuyen a entretener en la madrugada de los jueves a casi dos millones de españoles. Bienvenidos a una sinceridad de maquina vendida por el interés de la audiencia. Sinceramente lamentable.

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2 comentarios

1

Efectivamente. Es lamentable. Tanto quien fabrica un producto de este tipo como quien lo consume. La venta indiscriminada de las parcelas íntimas y necesarias de las personas es denigrante, sobre todo porque llevan como añadido inseparable la de terceros que se ven arrastrados, dentro de la más absoluta de las impunidades, a esta exhibición indigna y patética. Nos convierten, estos vendedores de “realidad” y estos vendidos por un puñado de euros (simples y duros materialistas insensibles), en carne de cañón de una lapidación pública e irreversible que puede destrozarnos la vida, por convertirnos, sin quererlo, en producto de mercado en lugar de personas con derechos. La “cosificación” de las personas nos aleja del crecimiento personal, que es, desde mi punto de vista, el último objetivo de estos mercaderes de almas. No hay mejor consumista que el ignorante, que carece de criterio para la elección.

2

Pues esta vez, querido amigo, no estoy muy de acuerdo con Ud. No comparto la conclusión que formula sobre el programa. El formato creo que supera con creces la calidad de los “reallity” a que nos tienen acostumbrados, especialmente en horas de tarde. Incluso dentro del sub-grupo de los de máquina de la verdad, éste programa aventaja a los anteriores (en mi humilde opinión).
Comparativamente, lo lamentable ha sido asistir durante años a la emisión de programas cuyo éxito lo basaban en la presentación de las más inmundas miserias personales, a veces duramente criticados por tratarse de meros montajes. Pensemos en esos programas vespertirnos que nos amenizan constantemente con broncas entre ex-participantes de los más variopintos concursos; incluso metiendo en solfa muchas veces a la propia parentela, que tomaba asiento y partido por un puñado de euros. Cuando no eran absolutas ficciones presentadas como relaciones verdaderas, para las que contrataban a actores amateurs o semiprofesionales.
En “El juego de tu vida” (y si no hay trampa ni cartón), la experiencia es auténtica. El concursante no puede mentir, pues sólo gana quien dice la verdad; y el que engaña no se lleva ni un chavo. Aquí sí podemos decir que quien gane un premio lo ha tenido que sudar de verdad (siempre y cuando no haya mano negra de parte de los rectores del programa o la cadena). Pero a simple vista, al menos, inspira más credibilidad que aquellos otros formatos anteriores.
Otra cosa es que nos pueda repugnar semejante desnudez. Hoy día todo vale con tal de ganar un fajo de billetes. La gente ya no sabe qué vender y por eso entrega lo más recóndito e íntimo de su personalidad; que a menudo suele ser también lo más ruin. El pudor nos hace contemplar este espectáculo como algo sucio e inmoral. Pero es, precisamente, en esa suciedad e inmoralidad donde reside el morbo que provoca, y que consigue atraer a los telespectadores como abejas a la miel... o como moscas a la mierda.
¿Es moralmente correcto? ¿es una idea inmoral? Pssss. Pienso, por ejemplo, en el cura y la confesión: hasta hace 50 años un solo sujeto se enteraba de las culpas y flaquezas de todo el pueblo; hoy, por el contrario, todo el pueblo se entera de las debilidades y miserias de un solo individuo. Quien quiera hacer juicios, que los haga.
Tal vez, en el fondo, lo sucede es que nos da miedo la escena. Nos atemorizamos al pensar qué pasaría con nosotros mismos en una prueba de tal calibre. Enfrentarnos con nuestros propios demonios, con nuestras verdades ocultas, debe ser algo que asuste. Pero como decía Serrat en aquella canción: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Un saludo.

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