El retorno 2
Inicio el día con algo de magua, a pesar del solajero suave que se cierne sobre El Sebadal, de haber encontrado aparcamiento con facilidad y de que llegara feliz a la cama anoche, después de zamparme Buenafuente con el Hombre a la vera, sacudiéndome manotazos como de disciplina inglesa en los muslos, cada vez que se carcajeaba. El Hombre tiene eso: casi me arranca lágrimas de dolor cuando vemos algo de comedia juntos, porque le brota una risa a trompicones, sonora, y se le escapan las manos hacia donde tengo la carne más blanda y proclive el moretón cardenalicio.


