Irán, San Expósito, Brasil
Como una señal. Viggo Mortensen repantigado, provocador, en una especie de calendario enorme me esperaba anoche en la taquilla de los Monopol. Llegaba a ver Persépolis, acompañada por Nenito, y encontrármelo así, de golpe, fue como sufrir un mazazo en el plexo solar y quedar sin respiración con los cinco euros de rigor en la mano extendida. Como una señal enviada por el dios de Marjane Satrapi, tan paciente con las muchachas airadas contra el mundo y además, vecino de nube de Karl Marx.


