Bajo un nogal, con los textículos de Alexis Ravelo en la mano
Los textículos de Alexis Ravelo son minúsculos. También son inmaculados, manejables y de fácil digestión. Se disfrutan, aunque breves, intensamente. Se te acaban enseguida, en una parada de guagua o una terraza solajerienta. Los finiquita una hoja de reclamación. Inquietan y cosquillean. Provocan algún escalofrío y hasta tentaciones de divorcio. Oscurecen los días de verano. Anulan el amoroso calor del nórdico en el atardecer polar.
La minientrada de esta tarde es un poquito como un rebotallo intelectual. Debido, fundamentalmente, a que no pude transcribir mis impresiones de la Librería Nogal (casi recién abierta en Domingo J. Navarro, justo frente a la Fedac, como un delicioso paraíso literario a lo Barnes & Noble), ni comentar uno de los últimos libros que he leído con gran placer: Algunos textículos, minivolumen de microrrelatos editado primorosamente por Anroart, perpetrado por Alexis Ravelo y dedicado a la memoria de Lola.
Sobre Nogal, comentar que su propietario, Santiago Paz Medina, reabrió las puertas de la librería en septiembre y que ese santuario de la letra impresa ya tiene casi veinte años. Decir también que cuenta con quinientos metros cuadrados y se divide en dos plantas enormes, con lo mejor de la literatura y de las especialidades. Que reserva un rincón para la zona infantil y otro para futura cafetería, ahora ocupado por tresillo. Que también cuenta con muebles especialmente diseñados en Cataluña, iluminación y estilo neoyorquino y una salita que se prevé, en tiempos que vengan, sede de firmas, lecturas de poesía, cuentacuentos, talleres literarios y otras sorpresas.
Tras la pausa semipublicitaria y maderera, caigo de nuevo entre los textículos de Alexis ... Sólo para decir que son una lectura recomendable aunque tenebrosa.
Y comento, de paso, que mañana re-presenta La noche de piedra. Esta vez en el Cuasquías, a partir de las 20.30 horas, con banda sonora y mucha iniquidad entre cubatas.
Quizás allí le arroje a la cara mi airada reclamación. Por no tener unos textículos más largos, básicamente.



Comentarios
Pasé por la nueva Nogal la semana pasada casi de casualidad. Salí anonadado y a toda prisa, antes de sucumbir a la tentación de dejarme el sueldo allí dentro. Es Tremenda. Hay que verla. Y cuando esté todo montadito, en tiempos que vengan, estoy seguro de que nos cruzaremos por allí más de una vez :)
Publicado por: Netito | 29 de Noviembre 2007 a las 12:37 AM
Gracias, Angie. Me has puesto una sonrisa en la boca en un día de trabajo bastante duro. Además, nunca pensé que me gustaría tanto que se hablara del tamaño de mis textículos en público.
En cuanto a Nogal, estamos de acuerdo: El nuevo emplazamiento es un verdadero vicio. Te podrías dejar allí el día (y el sueldo). Lo interesados en filosofía y politología no deben perderse el sótano.
Angie: Eres la mejor.
Publicado por: Alexis | 29 de Noviembre 2007 a las 12:50 AM
¿"Sobre Nogal, comentar"? Quiero creer que es errata antes que error. Cuidadito con el mal uso y abuso del infinitivo radiofónico. A una periodista se le puede pasar, pero a una escritora y columnista tan avisada y avispada no.
Publicado por: Mal infinitivo | 29 de Noviembre 2007 a las 04:13 AM