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Un día para Lola

El Hombre anda suelto hoy por la capital, probablemente rematando a docenas de peatones atropellados, vía torniquete radical, en sus test de autoescuela. O saqueando el congelador que me llenó de polos de chocolate el sábado. O consultando mis álmbumes de fotos de Suecia, para examinar con ojo crítico a Lars-Erik Taubert, el que fuera mi Hombre favorito hasta su llegada a mi vida, y quizás practicarle algún tipo de ceremonia mágica castradora.

Mientras y para compensar lo mío con las oreo del sábado, estoy manteniéndome a base de mandarinas y alguna que otra manzana roja esta tarde. Dando la espalda a la máquina de chocolatinas. Escribiendo compulsivamente. Y seleccionando algún que otro microrrelato para la jam session de esta noche, a las ocho, en el Cuasquías.

El Matasombras rebautiza su actividad con el nombre de Lola y se supone que por allí estarán Michel Jorge Millares, Judith Bosch Molina, Santiago Gil, José Olivares, Emilio González Déniz, Luis León Barreto, Juan Carlos de Sancho y Rosario Valcárcel, entre otros. Además, también estarán las hermanas de Lola, Marisol y Chus.

Entre los que textículos (que diría Alexis Ravelo) que tengo escogidos e impresos ya están:

Yolanda

Lloraba sus amores perdidos en una plaza, abrazado a una guitarra.

Hablaba de pechos que se le escapaban entre los dedos, como pájaros azules. Tenía los ojos tiernos, un palestino anudado al cuello y un moño de rizos brotando de su nuca desamparada. Una luna romántica, como un enorme queso carcomido por las bacterias, nimbada su figura patética contra el empedrado de Vegueta.

Ella sintió un impulso irresistible ... después juraría que tiroteó al cantautor por pura y simple piedad.

Cambio de rumbo

No dijo nada cuando le dieron el bolso equivocado en la peluquería. Miró su nuevo carnet, se dirigió a su nueva casa y, con su nueva llave, entró en una vida distinta.

Mitología

Las brujas buenas tienen el pelo rojo, como una llamarada, y lucen faldas que barren el piso. En vez de murmurar hechizos, escriben poemas en libretitas de tapas moradas. Prefieren el amanecer africano a cualquier otra infusión. Y sienten predilección por los conciertos de Mariss y las películas de Bogart.

Verano

Día de pedicuras en Busmi.

Llega el estío, se desempolvan las sandalias y los callos migran rumbo al paraíso de las pieles exfoliadas.

Prefacio a una historia

"Me gustaría ser un pulpo", me dijo él, mirándome a los ojos.

La fiesta expiraba en un rincón y su novia se había marchado hacía tiempo a casa.

"Los pulpos son promiscuos", señalé yo. Y le puse mi primera condición: "Te preferiría albatros".



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