Antonio Lozano, premiado
Empezamos el día de buen humor, recién llegada de un Vecindario luminoso, con la melena en modo Tina Turner por efecto de la ventolera sureña colándose por las ventanas del vehículo y algo preocupada, al tener abandonando al Hombre, medio roto por culpa del dichoso fútbol, con una rodilla a la virulé y enganchado al hielo y las friegas. También contenta por haber encontrado aparcamiento en la puerta, a la primera vuelta por Profesor Lozano, y por coincidir esta mañana, en la inauguración de las Jornadas del Cómic y las Nuevas Tecnologías, en La Regenta, con Richard y Martín, dos ex compañeros de trabajo a los que no echaba el ojo bajo la cintura desde que me fui a Suecia.
La semana promete porque Yuri Millares presenta libros gastronómicos en Ámbito Cultural y la Filmoteca estrena ciclo, esta vez con George Cuckor en el punto de mira y empezando con un poquito de luz de gas. Además, voy por casi la mitad de La noche de piedra, la última novela de Alexis Ravelo por el momento. El Hombre está de buen humor desde que el Sevilla pateara los dientes de los chulitos galácticos y Diego progresa adecuadamente en el soplo de vela cumpleañera, enganchado al "uy" como palabra fetiche del momento.
El sol rebota sobre los cascos de los barcos abandonados en el puerto, las retenciones cargadas de gases, las palmeras polvorientas y las grúas omnipresentes y yo pienso en Antonio Lozano.
Para el que no lo conozca, Antonio Lozano tiene la suerte de vivir en Agüimes, se especializa en novela negra y fue premio Ciudad de Carmona del género con El caso Sankara. Antonio es un excelente escritor y una mejor persona, comprometida con su tiempo y con las injusticias del mundo. Acaba de recibir el premio Benito Pérez Armas de novela por Las cenizas de Bagdad, hablando ahora de la batalla del individuo contra estados opresores, que sólo ponen dificultades en el camino de las personas. Ahora critica el imperialismo norteamericano en Oriente Medio y Lejano y las trabas europeas a la inmigración, contando la historia real de un opositor a Saddam embarcado en la titánica tarea de empezar una y otra vez su vida en diferentes escenarios.
En homenaje a Antonio y a África, transcribo unas palabras suyas sobre el aparente interés actual que se da en Canarias (y España) en torno al continente vecino. Le felicito una vez más y me preparo para comer y hablar del Supermanager con Julio, Floro y el Maligno Darriba.
Desde hace años, si no recuerdo mal fue en el 99 cuando llegó la primera patera, ... hace ya casi una década, la llegada de inmigrantes, además, en las condiciones traumáticas en las que llegan, ha hecho que la sociedad canaria se vea confrontada con una realidad que es la realidad africana de una manera irremediable.Me parece que mirar hacia África tenía que haber sido una cosa que se tenía que haber hecho desde mucho antes. Nosotros, de hecho, desde que empezamos a trabajar con el Festival del Sur, hace veinte años, siempre consideramos que la presencia africana era fundamental.
Tenemos que mirar hacia África porque estamos en África, porque vivimos de espaldas a un continente que es nuestro continente vecino, un continente en el que nos encontramos y una realidad social traumática y dramática.
Desde el momento en que empiezan a llegar las pateras, se empieza a mirar hacia el continente africano desde las instituciones públicas y desde el mundo de la política ¿Siempre se mira de la manera que se debería mirar? ¿Es solamente un discurso superficial e innecesario, que hay que tener porque África está de moda, porque toca hablar de África? ¿O hay realmente una voluntad sincera de trabajar por África y de solucionar los problemas de África? Pues supongo que habrá de todo.
A mí me da la impresión, a veces, de que lo que se dice no se corresponde después con gestos. También es verdad que ahora no solamente lo que está ocurriendo en relación a las pateras está interesando de África. También hay un sector del empresariado y especialmente del empresariado canario relacionado con la construcción y con el turismo que ve que en nuestro territorio está limitado, porque se están acabando las posibilidades de expansión, de crecimiento de este empresariado. Entonces, ponen la mirada en África como un apéndice de su actividad económica.
Eso es un arma de doble filo, porque es verdad que África necesita inversiones económicas, pero también es verdad que la inversión en el sector turístico es peligrosa, porque puede ser una actividad muy depredadora, como hemos comprobado en nuestras carnes.
Creo que se mezclan diferentes circunstancias, como la necesidad del empresariado canario de prologar su actividad, sobre todo relacionada con construcción y turismo, en otros lugares y luego la situación de la inmigración clandestina y el que África se está poniendo de moda. Y está bien que se hable de África, pero queremos que las medidas que se tomen sean las correctas. Es lo que no está siendo muy ejemplar.
Bagdad, bajo el fuego norteamericano.


