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30 de Noviembre 2007

Sinaja tiene quien le escriba

Nenito triunfó trabajando a marchas forzadas en la nenitocueva para lograr que el nuevo dominio y el nuevo blog dedicado a mayor gloria de Sinaja Bui Simunovic y Viggo Mortensen estén operativos ya. Aviso, por tanto, por este medio de que la nueva aventura se denominará Sinaja tiene quien le escriba, gracias a la agudeza intelectual y el dominio de la palabra de Yeya, esa mujer que es capaz de ponerse las medias a rayas de la Bruja del Oeste y resultar seductora, al tiempo que diserta sobre Kierkegaard con un fotógrafo de moda o borda un cuscús.

Mi manager, también denominada Yeya Dominatrix en ocasiones, ya dió las órdenes pertinentes por vía telefónica a mi maestro en el Flickr y la cibervida, Nenito. Éste, temeroso de perder ese aire de ewok entrañable (a la par que viril) y espelusado, y precavido ante la posibilidad de sufrir torturas físicas y mentales sin cuento, ha mostrado una celeridad y eficacia dignas de un Harry Potter o un Aragorn pertrechado con espada élfica.

Cierro esta entrada anunciadora (como un Gabriel pixelado) con un beso enorme y húmedo cual selva amazónica para todos los compañeros del Canarias7. También repito (esta vez, sin chispa cariñosa por medio) que son los mejores compañeros de redacción de la galaxia y, quizás, del Universo entero. Les agradezco, de nuevo y de todo corazón, que ayer me colaran un libro precioso de pensamientos africanos, una camiseta del Granca, una tarjeta regalo para comprar libros y una flamante minicadena en casa, junto con una postal superlativa plagada de bonitas dedicatorias.

Otro beso amazónico va para Estefanía, preparando las maletas para México. Otro para internet, C7 y, sobre todo, Cultura, la Sección entre las Secciones, y su vecino, el muy tierno Pleamar. Lapillis emocionados en el totizo del Maligno Darriba, abrazos con sabor a sushi para Florencio y el supermanageriado en pleno, un antropológicamente afectuoso achuchón para Luisa del Rosario y Javier Moreno, una caricia cantada para Sergio Miró y un tollo de pulpo cariñoso en la nuca del Mendoza Chico.

Seguiría, pero tengo un largo día de trabajo, el último, todavía por delante. Dormí apenas tres horas, el Hombre me despertó para sablearme a las ocho y tuve rueda de prensa con el muy sugerente, filosófico y fascinante Santiago Auserón, que debo convertir en información durante la tarde.

Así que me despido hasta la siguiente (y probablemente, última) entrada de este blog, con cansancio que convierte los dedos en cirios derretidos sobre el teclado y pone el peso de la mitad de los camiones de este Sebadal grisón y bullanguero en equilibrio sobre mis párpados insomnes.

Lapilli para Javier Darriba.

28 de Noviembre 2007

Bajo un nogal, con los textículos de Alexis Ravelo en la mano

Los textículos de Alexis Ravelo son minúsculos. También son inmaculados, manejables y de fácil digestión. Se disfrutan, aunque breves, intensamente. Se te acaban enseguida, en una parada de guagua o una terraza solajerienta. Los finiquita una hoja de reclamación. Inquietan y cosquillean. Provocan algún escalofrío y hasta tentaciones de divorcio. Oscurecen los días de verano. Anulan el amoroso calor del nórdico en el atardecer polar.

La minientrada de esta tarde es un poquito como un rebotallo intelectual. Debido, fundamentalmente, a que no pude transcribir mis impresiones de la Librería Nogal (casi recién abierta en Domingo J. Navarro, justo frente a la Fedac, como un delicioso paraíso literario a lo Barnes & Noble), ni comentar uno de los últimos libros que he leído con gran placer: Algunos textículos, minivolumen de microrrelatos editado primorosamente por Anroart, perpetrado por Alexis Ravelo y dedicado a la memoria de Lola.

Sobre Nogal, comentar que su propietario, Santiago Paz Medina, reabrió las puertas de la librería en septiembre y que ese santuario de la letra impresa ya tiene casi veinte años. Decir también que cuenta con quinientos metros cuadrados y se divide en dos plantas enormes, con lo mejor de la literatura y de las especialidades. Que reserva un rincón para la zona infantil y otro para futura cafetería, ahora ocupado por tresillo. Que también cuenta con muebles especialmente diseñados en Cataluña, iluminación y estilo neoyorquino y una salita que se prevé, en tiempos que vengan, sede de firmas, lecturas de poesía, cuentacuentos, talleres literarios y otras sorpresas.

Tras la pausa semipublicitaria y maderera, caigo de nuevo entre los textículos de Alexis ... Sólo para decir que son una lectura recomendable aunque tenebrosa.

Y comento, de paso, que mañana re-presenta La noche de piedra. Esta vez en el Cuasquías, a partir de las 20.30 horas, con banda sonora y mucha iniquidad entre cubatas.

Quizás allí le arroje a la cara mi airada reclamación. Por no tener unos textículos más largos, básicamente.


27 de Noviembre 2007

Los padres de él

Mis suegros se llaman Pierre y Antony y viven en un pueblito denominado Divo, en una zona selvática al noroeste de Abiyán. Él es un pedagogo retirado, adscrito a la escuela didáctica de mi madre, también conocida como la de la alpargata justiciera. O eso me dice el Hombre, que me asegura que, cada anochecida, hacía los deberes en una mesita en el patio de su casa, bajo la supervisión de su padre, sin levantar la cabeza rizada del libro por temor al castigo.

Cuando me habla de su infancia, siempre me imagino una casa con un patio de tierra roja, luces como focos taladrando la oscuridad y un ocaso pesado bajo el zumbido de miles de insectos. También imagino que las piernas del Hombre, flacuchas y llenas de moretones y mataduras de campo de fútbol, no llegaban al piso y colgaban, todavía con sus botas de tacos amarradas, de una silla enorme. Que bajaba sus grandes ojos dulces para que su padre no le preguntara nada, sabedor de que el entonces maestro metía la letra con sangre en las cabezas de sus cinco hijos cuando fallaban otros métodos.

Ahora Pierre está retirado. De vez en cuando hablamos por teléfono y, cuando mi francés decalé y coupé se convierte en una barrera, cambiamos a un inglés dudoso. Por eso, el Hombre le envió un libro para que aprenda español, que el viejo profesor se está tomando tan en serio como su papel de intelectual en su pueblo y la representación de la familia en funerales.

Antony es ama de casa, como mi madre. Una mujer que habla poco y se ríe mucho, como tímida, por teléfono. Creo que para el Hombre es más sagrada que Drogba y Buenafuente juntos. Que si Antony me pusiera un pero chiquitito, él me botaría por la borda de su vida sin remordimientos ni dudas.

Esa mujer lleva con mano firme el timón de un barco donde ya hay tres hijas, dos hijos, una hijastra, varios familiares políticos y unos cuantos nietos y también tiene tiempo para su libro de español, que el Hombre está repartiendo entre todos sus parientes cercanos con vistas a una futura visita. Y no sé por qué, sólo de imaginarla al otro lado de la línea, con su suave risa de incomprensión viajando hacia mí, intuyo que Antony está hecha de la misma madera que mi madre. Que tiene aspecto dulce y entrañas de hormigón armado. Que ni las animadoras del Granca, en plan dominatrix y haciendo restallar sus látigos en el aire, la acobardarían. Y que, pese a lo que diga el Hombre y como mi madre, ella es la que lleva los pantalones en casa y la que le toma la lección a Pierre en la intimidad.

A veces, me gusta imaginarnos a los dos.

Yo, de niña, en verano, con el libro Santillana y a la vera de mi madre, a ratos roncando y a ratos haciendo pender sobre mi cabeza una mirada fulminante. Él, de niño, en verano, repasando cuentas con su padre al lado, armado con una regla gigantesca.

A veces, me gusta imaginar que nos recompensaron con una sonrisa orgullosa o nos largaron un alpargatazo al mismo tiempo, aunque en latitudes, países y colores diferentes. Que compartimos un breve momento de gloria o terror en nuestra niñez.

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26 de Noviembre 2007

Mea culpa

Bueno, reconozco mi culpa. Llevo siglos sin teclear una mala línea en este blog, Womad va, entrevista viene y un Polar cargadito de comino por medio. Lo siento, amigos, lectores, compañeros y algún fan, como Violeta. Y más que lo voy a sentir.

Lo cierto es que estas pocas líneas mañaneras, de lunes resacado de Black Strobe guitarrero infernal, tienen sabor a despedida y un puntito de tristeza.

Empecé a escribir en este blog el 11 de enero de este año, hace ya diez meses y dieciséis días. Comencé a infestar un cachito de ciberespacio con mis paranoias personales y mis personajes favoritos gracias a la Atareca, buena amiga y mejor persona, que además es la responsable de que empezara a trabajar en este periódico hace ya dos años, ocho meses y cinco días, me parece.

Ella me habló del fascinante mundo de la blogosfera y me puso los dientes largos, igual que Carlos me descubriera los placeres de Internet allá por el 96, uniendo mi destino al del ciberespacio.

Empecé a escribir y me engaché. Vi las estadísticas y entré en modo pánico. Pasé por vacaciones y otras desventuras y me descolgué. Más estadísticas y más presiones. Conversaciones con Sinaja y con amigos en la distancia o la cercanía. Nuevos números en la agenda del teléfono. Miles de libros (gracias especiales a Antonio Bordón y Alexis Ravelo) y una visita a la librería Nogal que todavía no he puesto por escrito. Temas que se me quedaron en el tintero ... y, por fin, en la mañana de hoy, un comienzo de despedida.

Toda esta parrafada para comunicar que cambio de trabajo.

Este viernes, disfrutaré de mi último día en esta especie de búnker del Sebadal en que se transforma nuestra redacción. El jueves, toca despedida en Ca' Manolín. Y el próximo lunes, 3 de diciembre, comienzo en un trabajo nuevo.

Es hora de ir poniendo las últimas palabras en este blog, que por desgracia no puedo seguir manteniendo. Y de hablar con Nenito para que monte otro, personal, en alguna esquinita del ciberespacio. También es hora de prometer que colaré un par de entradas antes del viernes y no desapareceré por la puerta chica.

Y de dar millones de gracias a todos los que tuvieron la paciencia, la osadía o la ignorancia de pasar por este blog en algún momento y dedicarle un par de minutos.

19 de Noviembre 2007

Un día para Lola

El Hombre anda suelto hoy por la capital, probablemente rematando a docenas de peatones atropellados, vía torniquete radical, en sus test de autoescuela. O saqueando el congelador que me llenó de polos de chocolate el sábado. O consultando mis álmbumes de fotos de Suecia, para examinar con ojo crítico a Lars-Erik Taubert, el que fuera mi Hombre favorito hasta su llegada a mi vida, y quizás practicarle algún tipo de ceremonia mágica castradora.

Mientras y para compensar lo mío con las oreo del sábado, estoy manteniéndome a base de mandarinas y alguna que otra manzana roja esta tarde. Dando la espalda a la máquina de chocolatinas. Escribiendo compulsivamente. Y seleccionando algún que otro microrrelato para la jam session de esta noche, a las ocho, en el Cuasquías.

El Matasombras rebautiza su actividad con el nombre de Lola y se supone que por allí estarán Michel Jorge Millares, Judith Bosch Molina, Santiago Gil, José Olivares, Emilio González Déniz, Luis León Barreto, Juan Carlos de Sancho y Rosario Valcárcel, entre otros. Además, también estarán las hermanas de Lola, Marisol y Chus.

Entre los que textículos (que diría Alexis Ravelo) que tengo escogidos e impresos ya están:

Yolanda

Lloraba sus amores perdidos en una plaza, abrazado a una guitarra.

Hablaba de pechos que se le escapaban entre los dedos, como pájaros azules. Tenía los ojos tiernos, un palestino anudado al cuello y un moño de rizos brotando de su nuca desamparada. Una luna romántica, como un enorme queso carcomido por las bacterias, nimbada su figura patética contra el empedrado de Vegueta.

Ella sintió un impulso irresistible ... después juraría que tiroteó al cantautor por pura y simple piedad.

Cambio de rumbo

No dijo nada cuando le dieron el bolso equivocado en la peluquería. Miró su nuevo carnet, se dirigió a su nueva casa y, con su nueva llave, entró en una vida distinta.

Mitología

Las brujas buenas tienen el pelo rojo, como una llamarada, y lucen faldas que barren el piso. En vez de murmurar hechizos, escriben poemas en libretitas de tapas moradas. Prefieren el amanecer africano a cualquier otra infusión. Y sienten predilección por los conciertos de Mariss y las películas de Bogart.

Verano

Día de pedicuras en Busmi.

Llega el estío, se desempolvan las sandalias y los callos migran rumbo al paraíso de las pieles exfoliadas.

Prefacio a una historia

"Me gustaría ser un pulpo", me dijo él, mirándome a los ojos.

La fiesta expiraba en un rincón y su novia se había marchado hacía tiempo a casa.

"Los pulpos son promiscuos", señalé yo. Y le puse mi primera condición: "Te preferiría albatros".



17 de Noviembre 2007

Papito, el mío

Esta tarde me siento en la redacción, con la bulla del TAU-Unicaja de fondo, a imaginarme la cara de Miguel Bosé. En concreto, la cara que se le queda a ese mito erótico hispano cuando le llaman los Mojinos Escozíos para pedirle permiso a la hora de bautizar disco y homenajearle, a su manera, con un 'Pa pito el mío' en letras de molde.

Hoy me lo comentaron Sergio y Alberto, sentados en una terracita de Melenara, con una vista inmejorable de la bandera azul, las sombrillas de paja y la arena oscura, desierta.

Empieza a refrescar (espero) y este mediodía tenía los ñoños hechos carambanitos de color vainilla dentro de las chanclas veraniegas. Aunque se me sentaba al lado el Hombre, ese ser que me provoca calenturas inapelables, a pesar de que me acaba de enchufar a Carlos Baute en el CD del coche y canta y menea cadera cuando surcamos esa autovía subtropical entre Vecindario y Schamann.

Hablando del Hombre y de Vecindario, barrunto que se acercan tiempos de cambio en nuestra relación, si no lo soluciona un meteorito que parta en dos al planeta.

Por motivos profesionales y prácticos, más que románticos, estamos pensando en vivir juntos ... y una especie de pánico placentero, como el de Zapp, Fry y Kif en el planeta Amazonia, me acaba de impulsar a comerme ocho oreos bañadas en chocolate blanco de pensarlo. Además, ansiosamente, le hice hueco también a una barrita integral de frutos rojos y cereales. Y gracias a que se me vuela el cambio de las manos, tengo que detener esta gula loca.

Volviendo al tema de la vida en pecado, el Hombre y yo estamos empezando un plan estratégico de convivencia. Yo quiero pedirle que deje de gastarme los pocos productos de belleza que tengo. Y él quiere colarme su megaplasma y el home-cinema en el dormitorio, al cual tendríamos que acceder de un brinco calculado para no salir por la ventana si deseamos, au contraire, aterrizar, entre tanto arretranco, en la cama.

También le brillan los ojos con las ofertas de ONO, Orange y otras franquicias del ramo y preveo tardes enganchada a una caña en el Hotel Madrid para escapar de un carrusel deportivo contínuo en mi propia casa.

En otro orden de cosas, Mario señalaba el otro día que debería avisar a mis padres de mi posible cambio civil antes de que se produzca.

Él propone ir por partes, con informaciones relevantes a la par que confusas cada día, tipo "tengo 36 años", "tu sofá me está moliendo la espalda" o "soy una mujer heterosexual y me ponen los hombres". Alberto propone, por su parte, que salga del armario vía vídeo de Mariví Cabo en Telecinco, como hizo un policía gay con una canción del ínclito George Michael de mis refajos. Yo medito un plan más radical, como enviar a mis padres a mi casa en el momento en el que el Hombre se acaba la ducha y sale, exfoliado, perfumado y engominado, mas sólo con una breve toalla encima, del baño.

Confusa y hambrienta, decido recoger mis cosas y procrastinar, como he hecho toda la vida. Hasta que me dé un ataque de nervios y haga alguna salvajada, que me conozco ...



Las temibles, enormes y lascivas amazonas.

13 de Noviembre 2007

La bruja del pelo rojo

No sé si el lector/la lectora tiene mentor. O una musa que le inspire laboral y vitalmente. Alguien que saque lo mejor de su persona simplemente por existir. Un ejemplo, un ser humano a quien aspire a imitar o, más que a imitar, un ser humano a quien aspire a hacerse dign@ de. Yo sí tengo a esa persona y se llama Dolores Campos-Herrero, Lola.

Puntualizo ahora que uso del presente del indicativo porque Lola no tiene sustituto en el hueco que me ha dejado entre las costillas y porque sigo sin poder hablar en pasado de ella.

Porque está viva, intacta, en su blog. Porque recibo mensajes de su dirección de correo electrónico, puedo escuchar su voz en el contestador de su casa y no deseo borrar su número de móvil de mi tarjeta SIM. Porque espero que saque más libros y la reconozco en cada melenita roja, como una viva llamarada ambulante, con la que me cruzo por la calle.

Conocí a Lola, como muchos, por su trabajo en la televisión y por los libros que publica. Primero, como voz algo rasposa y dulce explicando una exposición y luego, como relato breve o poema impreso. Después, empecé a coincidir con ella en el Monopol, vía Filmoteca o tardes irresolutas, curioseando carteles de película después de un suizo y con el monedero en la mano.

Lentamente, nuestras vidas se fueron acercando y pasé de ser la lectora que le admiraba a distancia a convertirme en vecina de butaca en el cine, contertulia al otro lado de una mesa de la Tetería de las Especias o afortunada alumna en uno de sus talleres literarios, leyendo en voz alta micorrelatos que sólo podían surgir de escucharla hablar de Borges o Cortázar.

Llegó el día en que compartimos una calentura con Viggo Mortensen y me dejó participar en alguno de sus proyectos literarios, en que me presentó un libro, en que me regaló un CD de Marlango por mi cumpleaños y, mejor todavía, en que se atrevió, de esa manera discreta y humilde suya, como si no tuviera ningún derecho, a hacerme una sugerencia en un relato.

A través de Lola conocí a mujeres excepcionales como Eduvigis, Judith, Dobrina, Berbel y el sábado, antes de gozar de los monólogos de Pepe Garamendy en el Cicca, Silvia García, una poeta del Chaco argentino. También conocí las ficciones súbitas, un género que ya leí de refilón en otros talleres pero del que sólo pude enamorarme perdidamente en su compañía.

Hablando con Antonio Bordón ayer, a la vera de un café mañanero, coincidimos en que lo peor de la forma en que se nos fue Lola es que ninguno de nosotros pudo despedirse de ella en condiciones. Y, sobre todo, que poca gente le pudo agradecer todo lo que le debía: la inspiración, la emoción, las imágenes, la oportunidad, ...

Yo, como él, no pude expresarle con palabras lo importante que es para mí, ni dejarle claro que el mundo es un poco más gris y menos mágico sin ella. No sé si es consciente, en su cachito de paraíso, de que pienso en ella cuando leo sobre niñas diosas reconvertidas, imaginando que sonríe, cómplice, al leer la noticia sobre mi hombro y que le inspira cuatro líneas o tres. Las suficientes.

Hoy, a las 19.00 horas, en el Club Prensa Canaria, se homenajea a Lola. Se presentan los dos últimos libros que publicó en vida: Ficciones mínimas y Una vida imaginada. En el homenaje estarán la editorial, sus estudiosos, otros escritores, sus lectores, ... y también su familia, encabezada por Marisol, y sus amigos. Hoy es un buen día para juntarnos alrededor de su palabra, inspirarnos con ella y hacernos dignos de todo lo que nos regaló y de lo que se nos quedó en el tintero con ella.



Diosa hindú o niña a la que no extirparon nada.

12 de Noviembre 2007

La diosa que respiraba fuego y el argentino que comía zetas

Coincido con el compañero Victoriano en que a una se le podía destartalar la agenda (y la economía) con la programación cultural del fin de semana en esta ciudad. La oferta disponible incluía a Eliane Elías, Riccardo Muti, Sylvie Guillem y Akram Khan, entre otros, amenizándole a una la tibia nocturnidad en los diferentes espacios escénicos que adornan una capital ensalitrada, transpirante y encamada en calima (y gases, a ratos).

Me perdí a Calandrino y Muti, aunque la propuesta sonaba estupendamente sin necesidad de escuchar cómo un joven músico italiano pulsaba una cuerda ni observar al divo con batuta echarse la melena hacia atrás antes de atacar su partitura. También me perdí el jazz con clase de Eliane y no veré a Stanley Jordan, ese marciano solitario anclado a una guitarra eléctrica, que aterriza en esta ciudad pasado mañana.

Este fin de semana me decanté por la danza kathak mestiza del Cuyás y los monólogos crudos y salpimentados con tacos de Garamendy en el Cicca.

El sábado, la visión descarnada y sin concesiones de la inmigración y la crítica irónica a la Europa más retrógrada y egoísta. El domingo, Sylvie Guillem transmutada en un remolino de brazos y piernas como aspas, girando sin aparente esfuerzo.

El espectáculo más interesante -salvando las distancias con ¡Inmigrandes!, una propuesta totalmente diferente- fue Sacred Monsters. La larguirucha y pelirroja Guillem conversaba con su pareja de baile a ratos, con un acento francés marcado. Se detenía para observar el baile de él o escuchar la música, a medio camino entre el rubí del turbante de un marajá y los acantilados de Moher. Entonces sentíamos su respiración en todo el teatro: fuerte, alterada, sincera.

Enredándose en Sylvie Guillem estaba Akram Khan, pequeño a su lado, chispeante y energético frente a la lentitud deliberada y la pura extremidad de ella, hermoso.

Lo cierto es que tiendo a perder la concentración en el teatro. Me pasa, a priori, con hora y media de monólogos o con un ballet. Sin embargo, se me quedó corto el catálogo de mezquindades hacia otras razas y colores de Pepe Garamendy y más corto aún el ondular de dos cuerpos enlazados entre chirridos de violín y golpes de percusión repentinos sobre el escenario del Cuyás.

Y, como Victoriano, espero que la cosa no quede en esporádicos caramelitos deliciosos y adquiera carta de menú fijo de lujo. Que me sigan desequilibrando agenda y presupuesto.

pd. A otro nivel, que disfruté de Lío embarazoso (gracias, Aitor Guezuraga y Luis Miranda), a pesar de los repetidos manotazos del Hombre contra mis rodillas. Que mejor corremos un tupido velo sobre el partido contra el TAU del domingo. Y que vivan el arroz integral y los cuatro dientecitos de Diego. Receta inmejorable para un fin de semana perfecto.



Sylvie y Akram.

9 de Noviembre 2007

Irán, San Expósito, Brasil

Como una señal. Viggo Mortensen repantigado, provocador, en una especie de calendario enorme me esperaba anoche en la taquilla de los Monopol. Llegaba a ver Persépolis, acompañada por Nenito, y encontrármelo así, de golpe, fue como sufrir un mazazo en el plexo solar y quedar sin respiración con los cinco euros de rigor en la mano extendida. Como una señal enviada por el dios de Marjane Satrapi, tan paciente con las muchachas airadas contra el mundo y además, vecino de nube de Karl Marx.

Viggo ponía el prefacio a un punto final de día perfecto: Persépolis.

Antes de que la película lograra enternecerme hasta el borde las lágrimas, arrancarme carcajadas y recordarme lo afortunada que soy por no llevar velo ni ser una vecina del Teherán actual, me había tomado el tentempié de rigor con Nenito y Yeya, más linda que nunca y atribulada con una inminente entrevista a Sylvie Guillem. Antes, me terminé La noche de piedra, de Alexis Ravelo: un baño de sangre a lo shakesperiano, en el que te acabas sumergiendo, fascinada, en lo más abyecto del ser humano. Antes, las horas de trabajo de rigor. Aun antes, un masajista que me reparó el cuello, fracturado después de una noche en casa del Hombre ... precedida de siglos ante un ordenador con los hombros encogidos, tensiones al volante, etc. etc. etc.

Y en la prehistoria de todos esos antes, la lectura de un texto sobre Lola, escrito por Antonio Bordón con cariño y sinceridad, y sobar las tapas de un libro de Rubem Fonseca que el mismo Antonio me pasó la última vez que pisé la Filmoteca. Libro negro también, como el de Alexis, pero sin iniquidades ni sordideces, espero ... que ya he tenido bastante por unos días de lo más oscuro del ser humano.

Y precisamente con Mandrake, el detective brasileño de Fonseca, me voy a la cama. A soñar que me quito el sostén y de él caen flores, que la mar se llena de cisnes de miga de pan y que todos los guardianes de todas las revoluciones del mundo emigran a otro planeta ... deshabitado, por supuesto.


6 de Noviembre 2007

Muti y el gas

Gracias a Javier Moreno, esta noche me siento en mi sofá con el monólogo de Buenafuente de fondo, mirándome la mano que estrechó los pálidos dedos de Riccardo Muti esta tarde. Algo que, para una mitómana de toda la vida como yo, quedará en mi personal e invisible álbum de fantasías cumplidas junto a entrevistar al Gran Wyoming y Marcus Norris, visitar la casa de los Durrell en Kalami (Corfú) y recibir de manos de Manuel Rivas mi ejemplar de El lápiz del carpintero dedicado.

Lo mío con Muti viene de atrás, de cuando me gocé la Marcha Radetzky dirigida por él, impecable en su frac y con la melena al viento, en el concierto del primer día de enero en Viena. Botada, por cierto, en estado algo lamentable, en el sofá semidescuartizado de una casa rural, apenas visible entre las ruinas de un fin de año tormentoso.

Lo mío con Muti hizo que me privara con la idea de acompañar a Javier a entrevistarlo al Teatro Pérez Galdós, supuestamente para servir de intérprete de inglés si era necesario. Y que más me privara cuando acabé de florero humano, sin necesidad de utilizar mi don de lenguas y aparcada en el sofá de Muti, con tiempo para observar su perfil aristocrático, tirando a Christopher Leesco, contra el espejo del camerino. Casi traspuesta, mientras el mítico Muti respondía a Javier en italiano, con voz alta, clara y bien modulada, y yo tomaba nota mental de su calzado deportivo y la fina red de arrugas que rodeaba sus ojillos de color indeterminado.

Salimos del Pérez Galdós tarde, pero encantados. Javier, con su entrevista grabada en la mochila. Yo, mirándome la mano, a punto de partir hacia la Filmoteca Canaria.

Al despedirnos, tanto Javier como yo, que llegábamos predispuestos a encontrarnos con un divo o con un ogro, nos felicitamos por toparnos con un señor correcto cuando no muy amable, autoproclamado amante de la libertad y heredero de la extravagancia española por nacimiento napolitano, que además no se calentó cuando se le mencionó su proverbial fama de tipo con mal carácter.

Por cierto que en la Filmoteca daban Luz que agoniza y que Antonio Bordón me empujó hacia la sala, sin contemplaciones, con la entrada en la mano y posponiendo posibles charlas hasta mañana por la mañana, sorbiendo un café cargadito en Rafael Cabrera.

Así que, con un último recuerdo para la hermosa, sonriente y luminosa Paula, librándose del oscuro Sergis/Gregory en la buhardilla de su casa londinense, y con una última mirada a mi mano tecleante y tocada por la mano de Riccardo Muti, me voy a la cama.

Gaslight_1.jpg

La bandera

Estaba leyendo esta mañana a Txema, compañero bloguero de este periódico y ser humano que me cae muy bien, y echando de menos los avatares de Lara y las entradas breves y sabrosas de Esther en la blogosfera. Reconozco que los días se me tornan algo sosos, casi interminables, sin poder leer a estas dos mujeres y, sobre todo, sin gozar los microrrelatos de Lola, tecleados a la orilla de Las Canteras, con el fondo inspirador del arrullo de las olas penentrando por su ventana.

Volviendo a Txema Santana, el chiquillo hablaba sobre la fiesta españolista que se montó en Ceuta y Melilla, coincidiendo con una visita real a la zona, pespuntadita de protestas marroquíes. Txema escribía textualmente:

Contrariado, insatisfecho e incluso ausente divagaba sobre si el ceutí y yo vivíamos en el mismo planeta, en el mismo país y sobre por qué a mi esa bandera no me representa, ni me inspira, ni me dice, ni me alegra. No la rechazo, pero no la identifico como mía.

Sobre la marcha, alguien que firmaba como Luis Artiles criticó la entrada con un simple "¿se puede faltar más al respeto a la bandera española que es de todos?". Y eso me ha recordado que hacía tiempo que quería escribir algo sobre la realeza española. Algo que me gustaría enlazar con ese comentario artiliano.

Primero que nada y yendo por partes, al tal Luis Artiles le replicaría que vivimos en un país libre, en una democracia donde es perfectamente lícito expresar tu falta de identificación con la bandera o la monarquía. También es lícito criticar o alabar sin tino a la bandera, el himno o la realeza. Igualmente, es respetable que alguien quiera matar y morir por un cacho de tela teñida con los colorines que se consideren oportunos. Lo mismito que es respetable que una bandera no sea para ti nada más que un trapo.

Y de aquí enlazo con los símbolos patrios y afirmo que, para mí, el secuestro del Jueves o el llevar a la cárcel a gente por quemar fotos de reyes o llamarlos gandules en un concierto me parece digno de sistemas como el de Pervez Musharraf. Que dentro de nada será delito botar a la basura el Hola, cuando lleve un reportaje de las regatas mallorquinas del Bribón o del primer diente de la infanta Sofía dentro. Que la duda me corroe sobre si será también delito el quemar una foto de Zapatero o Rajoy, parte del sistema político que aquí tenemos. Que deberían ser delito los maricomplejines, rompepatrias o asesinos que se cruzan por las ondas radiofónicas o el inventar tramas terroristas, fabricar pruebas, montar juicios paralelos, intoxicar y crispar a una sociedad desde un medio de comunicación. O la prensa rosa, la telebasura y los programas de vísceras y corazón. O los conciertos de Bisbal y las canciones de Kiko y Shara.

Y apuntar, para finalizar, que yo tampoco me siento identificada ni con bandera ni con monarquía ni con himno alguno, si quitamos el australiano, aquel que se escuchaba en la cabecera de Valle Secreto en los ratos televisivos de mi adolescencia, o La Marsellesa en el bar de Rick en Casablanca.

Ahora, Luis Artiles, critíqueme por eso.

De amigo a dictador repentino.

5 de Noviembre 2007

Buenas noches, Sinaja

Acabo de colgar el teléfono, después de echarme unos parrafitos con Sinaja Bui Simunovic, ahora en Split durante unos días y recién terminado su tercer libro sobre Ante Gotovina: General's Hague Post Scriptum. Me dice que es una primicia para mí y que el libro versa sobre sus sentimientos hacia él y su creencia de que es inocente. Y así lo transcribo.

Sinaja sonaba algo resfriada, con algo como el invierno croata colándosele por la nariz y enronqueciéndole un puntito más la voz, ya de por sí grave. También sonaba festiva, a pesar de que Ante sigue preso en el TPI y de que no exista poder divino o humano que pueda librarlo de Carla del Ponte.

Le explico que tiendo a perder su número, apuntado a la carrera en papeles arrugados que naufragan entre las pilas de libros con los que empiezo a diseñar torreones y bochinches de papel, cartón y tinta por las esquinas de mi antiguo dormitorio. También que quise ir a Dubrovnik en vacaciones y llegar hasta su isla a bordo de un barquito que se deslizara suavemente por las ondas aturquesadas del Adriático, pero que la hipoteca se me colgó del cuello, me largó un par de cachetones y me limitó a dos días en Madrid y una excursión exprés al Loro Parque.

A punto estuve de comentarle, tristona, que lo más emocionante que me pasó en octubre fue observar cómo al Hombre le requisaban gomina, crema facial y colonia en el control de la diabólica T4.

Sinaja me dice que algún día puede que se venga a esta isla y le ofrezco, rumbosa, mi casa. Yo le digo que algún día intentaré acercarme a Split y Brac, a compartir vino, charla y pimientos croatas con ella. A alegar de Ante, de Viggo, de la vida y la literatura, de los viajes, del amor.

Reconozco que echaba ya de menos su voz ronca y su amor loco por Gotovina. Y que me anima la jornada en que una panda de indocumentados sin criterio nombra a la Loba Jolie "la más sexy de todos los tiempos".

Así que le envío mi agradecimiento devoto, cuatro besos y un par de líneas por este medio, prometiendo que avisaré la próxima vez que pierda el número de su móvil o busque vuelos baratos a Dubrovnik y alrededores, con el monedero lleno de esperanzas y falto de euros.



Un detallito de Split, en Croacia.

Antonio Lozano, premiado

Empezamos el día de buen humor, recién llegada de un Vecindario luminoso, con la melena en modo Tina Turner por efecto de la ventolera sureña colándose por las ventanas del vehículo y algo preocupada, al tener abandonando al Hombre, medio roto por culpa del dichoso fútbol, con una rodilla a la virulé y enganchado al hielo y las friegas. También contenta por haber encontrado aparcamiento en la puerta, a la primera vuelta por Profesor Lozano, y por coincidir esta mañana, en la inauguración de las Jornadas del Cómic y las Nuevas Tecnologías, en La Regenta, con Richard y Martín, dos ex compañeros de trabajo a los que no echaba el ojo bajo la cintura desde que me fui a Suecia.

La semana promete porque Yuri Millares presenta libros gastronómicos en Ámbito Cultural y la Filmoteca estrena ciclo, esta vez con George Cuckor en el punto de mira y empezando con un poquito de luz de gas. Además, voy por casi la mitad de La noche de piedra, la última novela de Alexis Ravelo por el momento. El Hombre está de buen humor desde que el Sevilla pateara los dientes de los chulitos galácticos y Diego progresa adecuadamente en el soplo de vela cumpleañera, enganchado al "uy" como palabra fetiche del momento.

El sol rebota sobre los cascos de los barcos abandonados en el puerto, las retenciones cargadas de gases, las palmeras polvorientas y las grúas omnipresentes y yo pienso en Antonio Lozano.

Para el que no lo conozca, Antonio Lozano tiene la suerte de vivir en Agüimes, se especializa en novela negra y fue premio Ciudad de Carmona del género con El caso Sankara. Antonio es un excelente escritor y una mejor persona, comprometida con su tiempo y con las injusticias del mundo. Acaba de recibir el premio Benito Pérez Armas de novela por Las cenizas de Bagdad, hablando ahora de la batalla del individuo contra estados opresores, que sólo ponen dificultades en el camino de las personas. Ahora critica el imperialismo norteamericano en Oriente Medio y Lejano y las trabas europeas a la inmigración, contando la historia real de un opositor a Saddam embarcado en la titánica tarea de empezar una y otra vez su vida en diferentes escenarios.

En homenaje a Antonio y a África, transcribo unas palabras suyas sobre el aparente interés actual que se da en Canarias (y España) en torno al continente vecino. Le felicito una vez más y me preparo para comer y hablar del Supermanager con Julio, Floro y el Maligno Darriba.

Desde hace años, si no recuerdo mal fue en el 99 cuando llegó la primera patera, ... hace ya casi una década, la llegada de inmigrantes, además, en las condiciones traumáticas en las que llegan, ha hecho que la sociedad canaria se vea confrontada con una realidad que es la realidad africana de una manera irremediable.

Me parece que mirar hacia África tenía que haber sido una cosa que se tenía que haber hecho desde mucho antes. Nosotros, de hecho, desde que empezamos a trabajar con el Festival del Sur, hace veinte años, siempre consideramos que la presencia africana era fundamental.

Tenemos que mirar hacia África porque estamos en África, porque vivimos de espaldas a un continente que es nuestro continente vecino, un continente en el que nos encontramos y una realidad social traumática y dramática.

Desde el momento en que empiezan a llegar las pateras, se empieza a mirar hacia el continente africano desde las instituciones públicas y desde el mundo de la política ¿Siempre se mira de la manera que se debería mirar? ¿Es solamente un discurso superficial e innecesario, que hay que tener porque África está de moda, porque toca hablar de África? ¿O hay realmente una voluntad sincera de trabajar por África y de solucionar los problemas de África? Pues supongo que habrá de todo.

A mí me da la impresión, a veces, de que lo que se dice no se corresponde después con gestos. También es verdad que ahora no solamente lo que está ocurriendo en relación a las pateras está interesando de África. También hay un sector del empresariado y especialmente del empresariado canario relacionado con la construcción y con el turismo que ve que en nuestro territorio está limitado, porque se están acabando las posibilidades de expansión, de crecimiento de este empresariado. Entonces, ponen la mirada en África como un apéndice de su actividad económica.

Eso es un arma de doble filo, porque es verdad que África necesita inversiones económicas, pero también es verdad que la inversión en el sector turístico es peligrosa, porque puede ser una actividad muy depredadora, como hemos comprobado en nuestras carnes.

Creo que se mezclan diferentes circunstancias, como la necesidad del empresariado canario de prologar su actividad, sobre todo relacionada con construcción y turismo, en otros lugares y luego la situación de la inmigración clandestina y el que África se está poniendo de moda. Y está bien que se hable de África, pero queremos que las medidas que se tomen sean las correctas. Es lo que no está siendo muy ejemplar.

Bagdad, bajo el fuego norteamericano.

2 de Noviembre 2007

El retorno 2

Inicio el día con algo de magua, a pesar del solajero suave que se cierne sobre El Sebadal, de haber encontrado aparcamiento con facilidad y de que llegara feliz a la cama anoche, después de zamparme Buenafuente con el Hombre a la vera, sacudiéndome manotazos como de disciplina inglesa en los muslos, cada vez que se carcajeaba. El Hombre tiene eso: casi me arranca lágrimas de dolor cuando vemos algo de comedia juntos, porque le brota una risa a trompicones, sonora, y se le escapan las manos hacia donde tengo la carne más blanda y proclive el moretón cardenalicio.

Es como mi Hermano, que no entiende el cariño sin algo de sado y me planta un guantazo explosivo en las nalgas cada vez que me atravieso en su camino y se pone romántico.

Hoy me acordé de Dolph Lundgren, un tipo alto, rubio como la cerveza y de origen sueco, que además tenía fama de poco brillante en su país. Dolph, un actor que se enfrentó a otra lumbrera, Stallone, en un Rocky y que ejercía de matón del Este en algunos productos de acción de los ochenta, regresó a Suecia después de pasar una breve temporada en Hollywood. El vacilón burletero público llegó cuando, al parecer, sus compatriotas comprendieron que había olvidado su idioma materno.

Y recuerdo con ternura amable al muchacho porque, como Dolph, yo he olvidado, tras un mes sin pisar esta redacción, el número de la centralita y hasta mis contraseñas. Confieso que, como él, ya vivía -hasta ayer- en una realidad paralela y que hoy no recordaba mi lenguaje laboral.

También confieso que hoy echo de menos los pasajes más turbulentos de las vacaciones. Como la visita a la Isla Picuda, de chófer familiar Teide arriba y Pueblo Chico abajo. Aunque mi padre se metiera en el papel de Paco Martínez Soria, con sombrerito de paja bandado por aceitunas Escamilla, e insistiera en preferir a Las Teresitas frente a Las Canteras o en comportarse en el tranvía (que, por cierto, atropelló a alguien en nuestro descenso desde La Laguna) como si acabara de llegar de un poblado jíbaro en lo más profundo del Amazonas y ni supiera lo que es una rueda.

Hoy también echo de menos las madrugadas de la Sexta, aprendiéndome de memoria los anuncios de Jes-Extender ("creo que ... creo que sí importa") y pasando revista a retaguardias bamboleantes, tangas brasileños, juegos manga y estrellas del porno pechugonas para móviles ... todo por quedarme paralizada frente a Crímenes imperfectos.

O las visitas médicas, los calores tailandeses del Loro Parque y hasta los apuros del metro madrileño, de punta a punta de la capital del Reino, en busca de amigos perdidos, exposiciones fotográficas con traseros más o menos suculentos y otras experiencias.

En fin, que gracias por la bienvenida y a por el Tenorio voy.


1 de Noviembre 2007

El retorno

Llegó el día en que he tenido que abandonar las rutinas vacacionales (cocinar para el Hombre, ejercer de taxista para mis padres, dejarme babear por mi Diego, ...) para regresar a la redacción de éste, su periódico. Como las desgracias no vienen solas, me tocó pasar frío esta tarde en el Parque de la Música, comprobando -con dolor- que la media neuronal por adolescente en esta ciudad debe estar muy por debajo de la nacional y, probablemente, de cualquier estadística europea.

Primero que nada, quisiera pedir disculpas al lector habitual (y al no habitual, por supuestísimo) por este silencio prolongado. Reconozco que no me apetecía demasiado teclear unas líneas en este blog en los últimos tiempos y que sólo me salía un tono bastante fúnebre cuando intentaba ponerme a la labor, todavía pensando en Lola y en el final inminente de unas vacaciones más bien tristonas.

También reconozco que me sale el rejo misántropo en esta entrada y, como John Malkovich en Las amistades peligrosas, no puedo evitarlo. Aunque debería escribir, feliz, sobre Firmin, Cosecha Eñe, la última novela de Alexis Ravelo, Lara Carrascosa, la pinchada de ayer de los Fucking Four en el Mojo Club, Los siete ahorcados de Andreiev, los hermanos Farrelly, etc.

Sin embargo, sirva como excusa que ayer me fui a la cama tarde y que, esta mañana, me despertó el escándalo de una obra sobre mi cabeza, apenas traspuestas las ocho y media. Que me taponé los oídos con papel higiénico y dormí poco y mal hasta que me botó el timbre del despertador fuera de la cama. También que tuve que conducir dos veces, bajo nubarrones tenebrosos y en plena congestión rodada, hasta Tinocas, intentando escapar del infierno de Las Arenas, obra y gracia de Supermodelo.

Finalmente, que ver esta tarde a una multitud de gente golisneando en la jaima de Cuatro, alrededor de unas chiquillas que no han hecho mérito alguno -en mi opinión- para ser referente de nadie, me dejó hablando sola. Que no comprendo el circo mediático en torno a adolescentes que aspiran a modelo, ni las cartas de los admiradores, ni los intentos por saltarse la valla para fotografiarse con ellas, ni el follón de tráfico, ni las pancartas, ni el esperrido contínuo.

Constatar, una vez más, que engendros como Supermodelo, Gran Hermano y Operación Triunfo levantan esas pasiones en esta isla me deprime. Tanto como ver a un niñato xenófobo pateando la cara de una chiquilla ecuatoriana en el metro barcelonés.

Espero que la mañana de mañana, valga la redundancia, me ponga de mejor humor. Que me enamore de Juan Tenorio, que el Hombre gane su partido y me dedique un gol, que Diego me chille por el teléfono mi nombre, que Viggo Mortensen anuncie que se compra casa en Tejeda. O simplemente, que salga el sol, sople una brisa seductora y el mar brille cargado de espuma y sal ...

Hasta mañana.