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Cazadores de imágenes

Aprovecho las vacaciones para invertir tiempo en cafés con amigos como Delia, coger la guagua por puro placer, quemarme bajo el solajero, enchumbarme con la lluvia, dejarme babear por Diego, roncarle al oído al Hombre y perderme en el azul de Casa África, a disfrutar de la exposición Mbini. Cazadores de imágenes en la Guinea colonial.

Coincidí allí, esta mañana, con los comisarios de la muestra, Pere Ortín y Vic Pereiró, además de con Blanca, una muchacha que trabaja en la cuestión cultural en la institución. El patio estaba lambuseado por un chispeo caliente, las paredes azulonas acogían al visitante y las salas se llenaban de ritmos percutidos hace sesenta años en lo más profundo del África Occidental, mientras fuera quedaba un cielo grisón por un momento y lloroso.

Cuando conocí a Pere y Vic, estaba fascinada con la obra de Manuel Hernández Sanjuán y compañía: cientos de imágenes en blanco y negro que siestean en tres salas alrededor del patio de Casa África.

La historia que cuentan esas imágenes es la de Hernández Sanjuán y otros tres profesionales de Hermic Films, que vagaron por la ex colonia española de Guinea Ecuatorial durante dos años, abrumados por el color, el calor y la magia de África. Corrían los años cuarenta y en España imperaba la tristeza asfixiante de la postguerra. La experiencia de la inmersión en el Continente Negro les cambiaría la vida.

Los cuatro aventureros grabaron 31 películas documentales y tomaron más de 5.000 fotografías, en las que desplazaron el objetivo desde la impostura de los trajes occidentales, las procesiones religiosas y el alzamiento de brazo franquista de los escolares hacia el puro misterio de escarificaciones, tatuajes, enormes caracolas pendientes de tocados de plumas y hoja y cuerpos que servían de lienzo para pinturas rituales. Retrataron artes, paisajes, oficios, músicas, selvas pobladas por árboles de 50 metros, ríos rumorosos, cascadas perfectas y, sobre todo, una semidesnudez simple e integrada en el paisaje y una mirada hermética en muchos retratados.

Lo hicieron desde el respeto y el embrujo, mostrando de paso al colonizador blanco como un extraño añadido casi grotesco: normalmente un tipo obeso, de blanco y con un casco ridículo sobre el bigote, rodeado de nativos mucho más interesantes.

Dicen Pere y Vic que se trata de documentos gráficos únicos, parte de la historia contemporánea de Guinea Ecuatorial. Que su idea es llevarlos hasta Malabo y Bata el año que viene. Que no fueron muy vistos en la época: las fotos se convirtieron en una colección privada, apenas reproducida en un par de revistas, y sólo se proyectó una vez la parte documental.

"Muestran un mundo de incomprensión. Dos mundos paralelos", explicó Pere, que también apunta que se diferencia de otros trabajos pro-coloniales del momento en un "sincero inerés por el retratado negro".

Mbini habla de la mutua extrañeza de dos mundos, pero también del sortilegio, del respeto, de la emoción de un descubrimiento.


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